Ga­nó oro y sal­vó a ca­chu­pín de la olla

Mea­gan Duha­mel adop­tó a un sal­chi­cha de dos años que iba a ser co­ci­na­do en un res­tau­ran­te, en los Jue­gos de In­vierno.

La Cuarta - - DEPORTES - N.G.A.

Aun­que ser ter­ce­ro es per­der y ser se­gun­do no es igual que lle­gar en un pri­mer lu­gar, eso no bas­ta pa­ra ser cam­peón. Y la me­jor prue­ba es­tá en los Jue­gos Olím­pi­cos de In­vierno, don­de una de­por­tis­ta ca­na­dien­se de­mos­tró que, ade­más de su­bir­se al po­dio co­mo la más po­de­ro­sa en su dis­ci­pli­na, tam­bién es un ejem­plo de amor y ge­ne­ro­si­dad con nues- tros “her­ma­nos me­no­res”. Pa­ra que en­tien­da: Mea­gan Duha­mel se col­gó la me­da­lla de oro en pa­ti­na­je ar­tís­ti­co por equi­pos con Ca­na­dá, pe­ro lo que más lla­mó la aten­ción fue el res­ca­te de un pe­rro.

¿Lo pi­lló en la ca­lle? No, se­ñor. La de­por­tis­ta es activista ve­ga­na y no to­le­ró que “Moo-tea”, pe­rro sal­chi­cha de dos años, fue­ra co­ci­na­do al pil pil en un res­tau­ran­te de Co­rea del Sur. Con es­ta ac­ción en los Jue­gos Pyeongchang 2018, Mea­gan en­vió un men­sa­je co­mo pro­tes­ta al con­su­mo de car­ne de ca­chu­pi­nes en las cer­ca­nías de la vi­lla olím­pi­ca. In­clu­so, po­só con el re­ga­lón en sus bra­zos pa­ra que más per­so­nas si­gan su ejem­plo y, co­mo era de es­pe­rar, re­ci­bió fe­li­ci­ta­cio­nes.

Mea­gan es activista ve­ga­na y se ho­rro­ri­zó cuan­do vio que “Moo-tea” se­ría fi­le­tea­do en un res­tau­ran­te.

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