¿VES­TI­DO IM POR TADO?

Ya sea por las cos­tu­ras, el ti­po de te­la o el cal­ce, la com­pra de un ves­ti­do de no­via por in­ter­net no se pue­de de­jar al azar ni ha­cer­lo a la rá­pi­da. Es un pro­ce­so que re­quie­re tiem­po y, por so­bre to­do, si no es­tá fa­mi­lia­ri­za­da con el pro­vee­dor, de­be de­jar

La Hora Mujeres - - ESPECIAL NOVIAS - In­for­ma­ción so­bre ase­so­rías, ves­ti­dos, des­cuen­tos y más en: www.di­vi­no­ves­ti­do.cl

Fal­tan seis me­ses pa­ra el ma­tri­mo­nio de Jo­se­fa y en­tre las in­vi­ta­cio­nes, la ban­que­te­ra, el co­ti­llón, el Dj y el fo­tó­gra­fo bien po­co es el tiem­po y di­ne­ro que le que­dan pa­ra pen­sar en ella y su ves­ti­do. Co­men­tán­do­les es­to a sus ami­gas, una le cuen­ta que pien­sa en­car­gar su ves­ti­do de fies­ta a Chi­na. Ade­más de ser mu­cho más eco­nó­mi­co que com­prar­lo en Chi­le, so­lo ten­dría que ha­cer­le un par de arre­glos con su mo­dis­ta una vez que lle­gue.

Jo­se­fa, un po­co re­ti­cen­te con la idea, lo pien­sa un par de días, pe­ro al fi­nal, en­tre tan­tos gas­tos, se de­ci­de y pien­sa ‘¿qué tan ma­lo pue­de ser? Lo peor se­ría que no lle­ga­ra, que es muy po­co pro­ba­ble’. Así, pa­sa­ron los me­ses y, con al­gu­nas se­ma­nas de re­tra­so, el ves­ti­do lle­gó a su ca­sa. ¿Qué más có­mo­do que abrir la puer­ta y te­ner­lo ahí? Sin em­bar­go, bien po­co te­nía que ver con la foto que vio por in­ter­net ha­cía ca­si cua­tro me­ses.

Ese ves­ti­do blan­co del cual se ha­bía enamo­ra­do y que tan bien se le veía a la mo­de­lo del ca­tá­lo­go fi­nal­men­te era de un co­lor mar­fil, le lle­ga­ba a los to­bi­llos, la te­la era de pé­si­ma ca­li­dad, las cos­tu­ras se no­ta­ban de le­jos y era una ta­lla me­nos. Es­tá bien, ese úl­ti­mo pun­to se lo es­pe­ra­ba por­que le ha­bían ad­ver­ti­do que en Orien­te las ta­llas son una me­nos de lo que usa­mos en Oc­ci­den­te y ella, con la idea de que iba a ba­jar ese par de ki­los que ha­ce años tie­ne en mente eli­mi­nar, pen­só que le iba a que­dar. Pe­ro no fue así, el ves­ti­do no le ce­rra­ba.

Fal­tan­do tan po­co pa­ra el ma­tri­mo­nio y dan­do ese di­ne­ro por per­di­do, Jo­se­fa te­nía la op­ción de bus­car otro pro­vee­dor de ves­ti­dos en Chi­na, es­ta vez fi­ján­do­se en las opi­nio­nes de otras com­pra­do­ras –aun­que eso tam­po­co le ase­gu­ra­ba na­da–, o bus­car una bou­ti­que de ves­ti­dos en San­tia­go. Al fi­nal se in­cli­nó por esa úl­ti­ma op­ción, aun­que sig­ni­fi­ca­ra que ten­dría que gas­tar mu­cho más de lo que te­nía pre­su­pues­ta­do. ¿Qué ha­cer en­ton­ces si la no­via quie­re un buen ves­ti­do im­por­ta­do? De­jar­se ase­so­rar por quie­nes lle­van tiem­po tra­ba­jan­do con pro­vee­do­res de to­do el mun­do. Una de ellas es Karen Vidal, due­ña de la tien­da Di­vino Ves­ti­do, que des­pués de al­gu­nos años ofre­cien­do ser­vi­cios co­mo bou­ti­que, de­ci­dió cam­biar la mo­da­li­dad de su ne­go­cio. Hoy se de­di­ca a ayu­dar a la no­vias a traer sus ves­ti­dos des­de Mia­mi, Es­ta­dos Uni­dos, y de sus mar­cas de con­fian­za: Allu­re y Pro­no­vias. Karen ayu­da a las no­vias a en­con­trar el mo­de­lo que cal­ce per­fec­to con su cuer­po y es­ti­lo. Y si de pa­so el pre­cio es mu­cho más eco­nó­mi­co, me­jor. “La idea es que se sien­tan có­mo­das y no se vean co­mo una mu­jer di­fe­ren­te a la que son, sino que el ves­ti­do res­ca­te su esen­cia. Por otro la­do, con­si­de­ran­do que son ves­ti­dos ori­gi­na­les, po­drán aho­rrar des­de un 40 a un 60 por cien­to en el pre­cio”, ase­gu­ra.

La mo­da­li­dad es así: la no­via elige su ves­ti­do por ca­tá­lo­go, la ta­lla y co­lor, y Karen lo trae a Chi­le. Los arre­glos y ajus­tes los ve la no­via con la mo­dis­ta de Di­vino Ves­ti­do, quien va has­ta el do­mi­ci­lio de las no­vias pa­ra ha­cer los ajus­tes res­pec­ti­vos.

“Es­ta nue­va mo­da­li­dad ha si­do más li­via­na y más prác­ti­ca, pe­ro, por so­bre to­do, sig­ni­fi­ca un im­por­tan­te aho­rro. Los pre­cios van des­de $300 mil has­ta $700 mil, se­gún el di­se­ño, y Di­vino Ves­ti­do so­lo co­bra una co­mi­sión de com­pra co­rres­pon­dien­te a $80 mil. Igual­men­te, cuen­to con un stock de ves­ti­dos en des­cuen­to en la tien­da”, ex­pli­ca Karen.

¿Có­mo sur­gió es­ta idea?

Lle­va­ba años tra­ba­jan­do con no­vias y me di cuen­ta de que to­das coin­ci­dían en que que­rían un ves­ti­do más eco­nó­mi­co, da­do que los gas­tos del ma­tri­mo­nio son muy ele­va­dos. Por otra par­te, mu­chas es­ta­ban co­men­zan­do a traer­los des­de Chi­na, ob­te­nien­do pé­si­mos re­sul­ta­dos en la ma­yo­ría de los ca­sos.

¿Por qué es ne­ce­sa­rio de­jar­se guiar en es­te pro­ce­so?

Por­que una ya tie­ne ex­pe­rien­cia. Yo co­noz­co los di­fe­ren­tes ti­pos de cuer­pos y fi­gu­ras de las mu­je­res, y sé qué le vie­ne a ca­da si­lue­ta. Ellas no com­pran ves­ti­dos de no­via to­do el tiem­po, no es co­mo com­prar un jeans, por ejem­plo.

¿Cuá­les son los erro­res co­mu­nes que co­me­ten las no­vias?

El pri­mer error es guiar­se por la foto que ven del ves­ti­do. Pien­san que se van a ver co­mo la mo­de­lo, y la ver­dad es que la ma­yo­ría de las chi­le­nas no so­mos así. El otro error, pe­ro que pa­sa en las tien­das, es que ven el ves­ti­do col­ga­do y no le dan la opor­tu­ni­dad de prue­ba. Ahí pier­den, pues una co­sa es ver­lo col­ga­do y otra muy dis­tin­ta es ver có­mo que­da pues­to. Y, fi­nal­men­te, es que mu­chas te­men se­guir su in­tui­ción y ha­cer lo que quie­ren. Mu­chas no­vias com­pran su ves­ti­do al gus­to de sus pa­dres o ami­gas y fi­nal­men­te es tris­te ver que no fue­ron más fuer­tes y ca­pa­ces de to­mar la de­ci­sión a su gus­to.

¿Por qué im­por­tas ves­ti­dos de Allu­re y Pro­no­vias?

Por­que am­bas mar­cas son su­ma­men­te re­co­no­ci­das en el mer­ca­do de las no­vias. Allu­re tie­ne mo­de­los un po­co más osa­dos y ex­tra­va­gan­tes y una gran di­ver­si­dad de lí­neas de cos­tu­ra. Pro­no­vias, en cam­bio, es una lí­nea más tra­di­cio­nal, sus mo­de­los al­ter­na­ti­vos son los me­nos, pe­ro per­so­nal­men­te en­cuen­tro que es la me­jor mar­ca de ves­ti­dos de no­via, por le­jos. Igual­men­te las dos son increíbles, muy ele­gan­tes y so­fis­ti­ca­das.

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