“SER BO­NI­TA ABRE Y CIE­RRA PUER­TAS”

Pa­ra es­ta al­ta y del­ga­da jo­ven, ac­tuar es el mo­tor de su vi­da. Por lo mis­mo, su ma­yor de­seo es se­guir tra­ba­jan­do has­ta los 80 años. En es­tos días dis­fru­ta par­ti­ci­pan­do en la obra de tea­tro Dio­ses Sui­ci­das.

La Hora Mujeres - - ENTREVISTA - Por: Ale­jan­dra Ga­jar­do / Fo­tos: Ni­co­lás Aba­lo / Ma­qui­lla­je: Jany Vera / Pro­duc­ción: Be­lén Mu­ñoz / Agra­de­ci­mien­tos a Res­tau­ran­te Boa (Ta­ja­mar 287)

Des­pués de asis­tir a una fies­ta de dis­fra­ces muy re­ga­da, dos pa­re­jas se reúnen en una ca­sa pa­ra se­guir be­bien­do y con­ver­san­do. El al­cohol los des­in­hi­be y los cua­tro co­mien­zan a fan­ta­sear con el sui­ci­dio y con có­mo es­te se­ría una for­ma de con­ver­tir­se en una suer­te de dio­ses. Es­cri­to en cla­ve de co­me­dia ne­gra, la obra Dio­ses Sui­ci­das tam­bién es­tá mar­ca­da por el ero­tis­mo, ya que los cua­tro per­so­na­jes se se­du­cen cons­tan­te­men­te e in­clu­so pro­po­nen ex­pe­ri­men­tar con el swin­ging o cam­bio de pa­re­jas. “Se tra­ta de re­la­cio­nes tre­men­da­men­te des­truc­ti­vas, que trans­gre­den to­da mo­ral”, ex­pli­có el dra­ma­tur­go au­tor de es­ta obra, An­to­nio Zi­sis. Los ac­to­res que dan vi­da a los per­so­na­jes de Dio­ses Sui­ci­das son Ál­va­ro Es­pi­no­za, Ce­li­ne Rey­mond, Víc­tor Mon­te­ro y Pa­lo­ma Mo­reno, quien en­car­na a Pas­cal, qui­zá el per­so­na­je más prác­ti­co y me­nos de­li­ran­te de es­ta pie­za que se pre­sen­ta has­ta el 9 de sep­tiem­bre en el Tea­tro de la Uni­ver­si­dad Fi­nis Te­rrae.

¿Có­mo asu­mis­te es­te pa­pel?

Me lla­mó An­to­nio Zi­sis pa­ra un pro­yec­to Fon­dart que di­ri­gi­ría Cris­tián Pla­na, y yo ha­ce tiem­po que que­ría tra­ba­jar con él. Ya ha­bía­mos he­cho jun­tos Un Tran­vía Lla­ma­do De­seo, don­de él ha­bía asu­mi­do la asis­ten­cia de di­rec­ción pa­ra Al­fre­do Cas­tro. Es que en­cuen­tro que Pla­na es ge­nial, me en­can­ta su tra­ba­jo. Así es que me subí al pro­yec­to.

Tu per­so­na­je es bas­tan­te pe­cu­liar.

Los per­so­na­jes ha­blan del sui­ci­dio des­de la bo­rra­che­ra y el ca­rre­te. Es de­cir, des­de un lu­gar muy po­co serio. El tex­to sí lo es, ya que es­tá lleno de ci­tas y de alu­sio­nes, por ejem­plo a au­to­res co­mo Dos­toievs­ki. Los per­so­na­jes com­pi­ten en­tre sí so­bre quién sa­be más o quién es el más in­te­lec­tual, pe­ro en for­ma ri­dí­cu­la. Mi per­so­na­je, Pas­cal, es­tá en jue­go des­de que en­tra en es­ce­na. Cla­ra­men­te no le­yó Los Her­ma­nos Ka­ra­ma­sov ni Cri­men y Cas­ti­go, ni na­da. Ella es co­mo la ton­ta, pe­ro, a mi mo­do de ver, no lo es pa­ra na­da. Sim­ple­men­te es al­guien que es­tá ha­blan­do de lo que le in­tere­sa y su ba­ta­lla es su re­la­ción de pa­re­ja. Por lo tan­to, sus pre­gun­tas son otras: ¿Por qué mi ma­ri­do no me defiende?, ¿Por qué no es­tá pa­ra mí cuan­do lo ne­ce­si­to?, ¿Por qué se po­ne a ha­blar de to­dos esos te­mas tan gran­di­lo­cuen­tes cuan­do hay co­sas más bá­si­cas y do­més­ti­cas que re­sol­ver? En lo per­so­nal me re­la­ciono mu­cho más con el dis­cur­so de Pas­cal que con los otros per­so­na­jes. Sus lu­chas son más pa­re­ci­das a las mías, que son co­sas que tie­nen que ver con lo co­ti­diano y con la vi­da mis­ma. Pas­cal di­ce “qué la­ta, no ha­ble­mos de li­bros que na­die se ha leí­do”, y quie­re bai­lar y con­ver­sar de otras co­sas. Eso me pa­sa­ría a mí. Yo no me pon­dría a ci­tar li­bros des­pués de un ca­rre­te.

¿Qué sig­ni­fi­ca es­te pa­pel en tu ca­rre­ra? ¿Tie­ne al­go de di­fe­ren­te?

Ca­da pro­yec­to que he he­cho en tea­tro ha si­do dis­tin­to. Los pro­ce­sos tea­tra­les me gus­tan mu­cho por­que una va des­cu­brien­do co­sas, y los en­sa­yos son im­por­tan­tes. To­dos se han di­fe­ren­cia­do unos de otros. Yo es­ta­ba acos­tum­bra­da a tra­ba­jar obras más clá­si­cas co­mo las de Che­jov o Ten­nes­see Wi­lliams, que son su­per­con­cre­tos y cla­ros en lo que quie­ren de­cir y pro­ba­dos tam­bién. Es­te, en cam­bio, es un tex­to de un dra­ma­tur­go chi­leno jo­ven. Ha si­do in­tere­san­te, por­que una tie­ne más po­si­bi­li­da­des de pro­po­ner.

¿Có­mo ha si­do la reac­ción de la gen­te?

Ha ha­bi­do de to­do. Mu­chos han ido a ver es­ta obra por el tra­ba­jo que ha vis­to de Pla­na, ya que él tie­ne una for­ma muy par­ti­cu­lar de mon­tar sus obras y sus se­gui­do­res bus­can jus­ta­men­te eso. Con­tes­tan­do la pre­gun­ta, unos di­cen que el tex­to es de­ma­sia­do in­te­lec­tual pa­ra lo que ocu­rre en el es­ce­na­rio y otros, que el mon­ta­je es muy in­tere­san­te, que las ac­tua­cio­nes es­tán muy bien. Mu­chas opiniones…

En una en­tre­vis­ta di­jis­te que el tea­tro y el ci­ne son lo que real­men­te te lle­na.

Me gus­tan to­das las áreas de tra­ba­jo. Dis­fru­to mu­cho ser ac­triz, in­clu­so cuan­do no es­toy tra­ba­jan­do. Ob­ser­vo el mun­do des­de los ojos de una ac­triz: mi­ro a las per­so­nas có­mo se mue­ven, có­mo ca­mi­nan. No ten­go una prio­ri­dad, pe­ro me ha to­ca­do más ha­cer tea­tro y con gen­te que quie­ro y ad­mi­ro mu­cho, y por eso me sien­to afor­tu­na­da. Por lo mis­mo, to­das las áreas me emo­cio­nan, me mo­ti­van. No soy ce­rra­da a un ti­po de dis­ci­pli­na.

Sí te han to­ca­do va­rios ro­les de épo­ca en te­le­vi­sión, co­mo Mon­voi­sin y La Do­ña.

Sí, los pa­pe­les de épo­ca tie­nen la gra­cia de que una tie­ne que me­ter­se en otro con­tex­to his­tó­ri­co. Hay que pre­gun­tar­se có­mo ha­brían si­do las co­sas en ese mo­men­to.

¿Te gus­ta el tra­ba­jo en te­le­vi­sión?

Siem­pre me ha gus­ta­do mu­cho. Tu­ve la suer­te de tra­ba­jar con Vi­cen­te Sa­ba­ti­ni y un equi­po pre­cio­so. Co­mo co­no­cí mu­cha gen­te y mu­chos son aho­ra ami­gos en­tra­ña­bles, me que­dé con un re­gis­tro emo­cio­nal y de apren­di­za­je muy gran­de. Ci­ne, tea­tro y te­le­vi­sión son dis­tin­tos en tér­mi­nos téc­ni­cos y emo­cio­na­les y de tiem­po. En es­te país los ac­to­res tie­nen la suer­te de po­der ha­cer los tres, lo que es muy bueno por­que se pue­de ex­plo­rar y apren­der.

¿Sien­tes que to­da­vía es­tás en eta­pa de apren­di­za­je?

Sí, lo voy a es­tar has­ta los 80 años.

Hi­cis­te una cor­ta ca­rre­ra de mo­de­lo, ¿pen­sas­te de­di­car­te a eso?

No, pe­ro me sir­vió mu­cho por­que apren­dí pun­tua­li­dad, ri­gor, a cuidar mi cuer­po, a ser sa­na y a tra­ba­jar en equi­po. Cual­quier tra­ba­jo te ha­ce ma­du­rar.

¿En­fren­tas­te pre­jui­cios cuan­do en­tras­te a es­tu­diar tea­tro?

Qui­zá un po­co. A lo me­jor más de al­guno pen­só que yo que­ría ser ac­triz por­que era bo­ni­ta, pe­ro esos pre­jui­cios du­ra­ron me­dia ho­ra.

¿Te per­ju­di­có ser bo­ni­ta?

Ser­lo abre y cie­rra puer­tas. Me ha pa­sa­do que me han di­cho que tal o cual rol no era pa­ra mí por­que soy muy al­ta, o fla­ca, o no pa­rez­co chilena, y en otras, que cal­zo jus­to. Cla­ro que no es­ta­mos en Ucra­nia y ser ac­triz y tan al­ta no fa­ci­li­ta las co­sas por­que la ma­yo­ría de los ac­to­res no lo son.

¿Cuál es tu sue­ño co­mo ac­triz?

Tra­ba­jar mu­chos años más y no vol­ver­me lo­ca, por­que es­ta pro­fe­sión es muy pro­pen­sa a la lo­cu­ra. Mu­chas ac­tri­ces em­pie­zan a de­li­rar con eso de ‘ya no es­toy tan jo­ven’ y em­pie­zan a ope­rar­se pa­ra evi­tar lo inevi­ta­ble. En­ve­je­cer sien­do ac­triz es mi gran sue­ño.

¿Ir­se al ex­tran­je­ro es­tá en­tre tus de­seos? Por aho­ra no, pe­ro pa­ra más ade­lan­te no lo des­car­to.

SERIES: Ame­ri­can Cri­me Story y The Hand­maid’s Ta­le. OBRA DE TEA­TRO: Ri­car­do III, de Ri­car­do Pé­rez. LI­BRO: Los Ni­ños Per­di­dos, de la me­xi­ca­na Va­le­ria Lui­se­lli, un en­sa­yo so­bre los ni­ños mi­gran­tes. PA­NO­RA­MA: Pa­sear con mi pe­rri­ta por la ciu­dad.

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