En­tre­vis­ta

Pró­xi­ma a rea­li­zar dos cla­ses de yo­ga ma­si­vas pa­ra di­fe­ren­tes even­tos, la ac­triz nos cuen­ta có­mo ha con­ci­lia­do su vi­da con la prác­ti­ca mi­le­na­ria, de sus mie­dos más pro­fun­dos y de la her­mo­sa fa­mi­lia que ha cons­trui­do jun­to a Cris­tián Cam­pos.

La Hora Mujeres - - CONTENIDO - Por: Li­set­te Ávi­la O. Fo­tos: Juan Pa­blo Sie­rra Pro­duc­ción: Be­lén Mu­ñoz Ma­qui­lla­je: Mac­ka­ren­na Cla­ro By Cla­ro Studio Agra­de­ci­mien­tos a Swa­rovs­ki

Ma­ría Jo­sé Prie­to

Es­te 2017 Ma­ría Jo­sé Prie­to tu­vo una co­ne­xión sin­gu­lar con el nú­me­ro 7: lle­va 17 años prac­ti­can­do yo­ga, 7 per­fec­cio­nán­do­se en la dis­ci­pli­na y cu­rio­sa­men­te su hi­ja cum­plió 7. Una coin­ci­den­cia nu­me­ro­ló­gi­ca que pa­ra una ex­per­ta en el te­ma re­pre­sen­ta­ría tiem­po de in­te­lec­to, es­pi­ri­tua­li­dad, con­cien­cia, me­di­ta­ción, per­fec­ción y ca­pa­ci­dad in­ven­ti­va. Ca­rac­te­rís­ti­cas que no es­tán tan ale­ja­das de la per­so­na­li­dad de la ac­triz, quien en 2000 de­ci­dió co­no­cer y ex­pe­ri­men­tar el yo­ga en su vi­da.

Hoy Ma­ría Jo­sé lle­va un tra­je de dos pie­zas es­tam­pa­do con mo­ti­vos tro­pi­ca­les y una me­le­na cres­pa y li­via­na. Tie­ne 40 años, pe­ro su fres­cu­ra y me­nu­dez la ha­cen ver siem­pre más jo­ven. “Sien­to que la dig­ni­dad y sa­bi­du­ría de la adul­tez son una co­sa que se tras­pa­sa. Ha­ce po­co to­mé un ta­ller de ac­tua­ción y es­tu­ve con ac­tri­ces co­mo la Co­ca Guaz­zi­ni, y es in­creí­ble có­mo ellas es­tán lle­nas de energía, son jo­via­les y tie­nen un pen­sa­mien­to tan acor­de con los nue­vos tiem­pos. Eso es lo que quie­ro lo­grar, más que an­dar preo­cu­pa­da de lo que ya no fue”, di­ce con su voz dul­ce. Su re­la­ción con el yo­ga es al­go evi­den­te, pues no so­la­men­te rea­li­za cla­ses mul­ti­tu­di­na­rias, sino que tam­bién lle­va un es­ti­lo de vi­da don­de men­te y cuer­po es­tán en ar­mo­nía. “La co­ne­xión con el yo­ga fue de a po­qui­to. Yo te­nía mu­chos pre­jui­cios al res­pec­to y re­cuer-

do que Cris­tián (Cam­pos) me in­vi­tó a que fue­ra a una cla­se de la maes­tra de Iyen­gar Ol­ga Ma­da­ria­ga. Yo pen­sa­ba que era una co­sa de ‘vie­jos’, pe­ro cuan­do la to­mé y vi a to­das esas mu­je­res ma­yo­res prac­ti­can­do con tan­ta vi­ta­li­dad y fuer­za fue un gol­pe a mi ego y en­ton­ces pen­sé: ‘Pa­ra allá va to­do es­to’”, cuen­ta.

¿Qué co­sas han sa­na­do en ti en es­tos 17 años prac­ti­can­do yo­ga?

Ha si­do un tra­ba­jo bien pro­fun­do por­que la prác­ti­ca te ha­ce es­pan­tar tus mie­dos y en­fren­tar­te a tu vi­da... Por ejem­plo, a mí me cos­tó la ma­ter­ni­dad, y me ha ayu­da­do un mon­tón. Sien­to que el yo­ga tie­ne al­go muy es­pi­ri­tual por­que te co­nec­ta con­ti­go, y al es­tar co­nec­ta­do con­ti­go pue­des ver al otro y te vuel­ves más em­pá­ti­ca.

¿Qué otras for­ta­le­zas desa­rro­lla un yo­gui?

Yo po­dría de­cir que soy yo­gui por­que soy una ins­truc­to­ra de yo­ga, pe­ro tam­bién soy una ins­truc­to­ra que es­tá en cons­tan­te lu­cha con sus pro­pios de­mo­nios.

¿Cuá­les son tus de­mo­nios?

¡Uf! Mi de­mo­nio es no po­der ba­jar la má­qui­na por­que me gus­ta que el día sea pro­duc­ti­vo… Soy de esas per­so­nas que no de­jan pa­ra ma­ña­na lo que pue­den ha­cer hoy. Me so­bre­car­go y con­tra eso siem­pre ten­go que lu­char. Me­nos mal que Cris­tián es más re­po­sa­do y nos com­ple­men­ta­mos muy bien.

Di­ces que con el yo­ga lo­gras ver al otro y em­pa­ti­zar, ¿có­mo han cam­bia­do tus re­la­cio­nes des­de que lo prac­ti­cas?

Soy piscis y ser­pien­te en el horóscopo chino. Por un la­do muy sen­si­ble y por otro ten­go la fuer­za de la ser­pien­te que me ayu­da a de­fen­der­me. En­ton­ces la real prác­ti­ca co­mien­za cuan­do ter­mi­nas tu cla­se y en­ro­llas el mat, y eso es di­fí­cil. Sien­to que so­mos muy or­gu­llo­sos y cha­que­te­ros y que el yo­ga nos ayu­da pre­ci­sa­men­te a ser­lo me­nos. Por eso sien­to que el yo­ga es me­jor mien­tras más ma­si­vo sea y mien­tras más lo prac­ti­quen por­que la gen­te an­da más re­cep­ti­va y em­pá­ti­ca.

¿Có­mo has con­ci­lia­do tu for­ma de vi­vir con la vo­rá­gi­ne de la te­le­vi­sión?

Me ha cos­ta­do con­ci­liar y a ve­ces los pro­duc­to­res te cas­ti­gan por­que es di­fí­cil com­pa­ti­bi­li­zar la fa­mi­lia con las te­le­se­ries.

¿Qué lu­gar ocu­pa hoy la ac­tua­ción en tu vi­da?

Ha­ce po­co to­mé un cur­so con Juan Car­los Co­raz­za –que es el coach de Ja­vier Bar­dem- y la ver­dad es que fue ex­qui­si­to vol­ver a deses­truc­tu­rar­se y a per­der tan­ta ma­ña que una va a ad­qui­rien­do con el tiem­po. Ese ti­po de maes­tros te ha­cen ver la es­ce­na des­de otro lu­gar y eso es in­creí­ble. La ver­dad es que me en­can­ta ac­tuar.

¿Cuá­les son los pro­yec­tos ac­to­ra­les que es­tás to­man­do?

Mien­tras pue­da op­tar por pro­yec­tos que me

re­vuel­van la ca­be­za y me per­mi­tan ha­cer yo­ga, así lo se­gui­ré ha­cien­do. El pró­xi­mo año, si no es­toy en una te­le­se­rie o pe­lí­cu­la, ha­ré un pro­yec­to de tea­tro.

Gra­bas­te la pe­lí­cu­la de te­rror Con­tra el De­mo­nio.

¡Sí! Nun­ca ha­bía he­cho una pe­lí­cu­la de te­rror, fue to­do un desafío. Cuan­do leí el guion me pa­re­ció bueno, y a Cris­tián tam­bién. Ade­más el elen­co es­tá muy en­tre­te­ni­do por­que ac­túan Ju­lio Mi­los­tich y So­lan­ge Lac­king­ton, y los ni­ños ac­to­res lo ha­cen in­creí­ble. Es po­si­ble que se es­tre­ne en mar­zo.

“Las ma­dres so­mos ma­dres aquí y en la que­bra­da del ají, en­ton­ces cuan­do te em­pie­zan a sal­tar arri­ba del ca­llo por quin­ta vez, el gri­to se lo man­das igual, seas yo­gui o no. Pe­ro una sí lo­gra ver ese ac­to y pi­de per­dón”

Los tres

Ju­lie­ta Cam­pos Prie­to tie­ne 7 años y es hi­ja de Ma­ría Jo­sé y Cris­tián Cam­pos. Es piscis, al igual que su ma­dre, y tie­ne una son­ri­sa en­can­ta­do­ra. A ve­ces, cuan­do van en fa­mi­lia a la ca­sa de Tun­quén, in­gre­sa a la sa­la de yo­ga y acom­pa­ña a la ac­triz en la prác­ti­ca; y otras ve­ces les di­ce a sus pa­dres al des­pe­dir­se en la ma­ña­na que los quie­re mu­cho y los mi­ra fi­ja­men­te a los ojos pa­ra que se sien­tan alu­di­dos. Así ma­ni­fies­ta Ju­lie­ta su amor.

¿Có­mo es ser una ma­dre yo­gui?

Las ma­dres so­mos ma­dres aquí y en la que­bra­da del ají, en­ton­ces cuan­do te em­pie­zan a sal­tar arri­ba del ca­llo por quin­ta vez, el gri­to se lo man­das igual, seas yo­gui o no (ríe). Pe­ro una sí lo­gra ver ese ac­to y le pi­de per­dón.

¿Qué ca­rác­ter tie­ne Ju­lie­ta?

La ver­dad es que me ha sa­li­do fá­cil has­ta aho­ra… No sé en la ado­les­cen­cia, siem­pre se po­ne más com­ple­jo. Pe­ro es ex­qui­si­ta y muy ca­ri­ño­sa. Tie­ne una co­sa de vie­ja chi­ca.

¿Có­mo es la fa­mi­lia que han cons­trui­do con Cris­tián?

Es muy ri­ca. Eso sí que so­mos muy apren­si­vos, so­bre to­do Cris­tián. Cuan­do via­ja­mos sin ella pre­fe­ri­mos ir­nos en avio­nes dis­tin­tos.

¿Bus­can siem­pre esos mo­men­tos pa­ra los dos?

Sí, por­que creo que nun­ca se de­be per­der la in­ti­mi­dad con la pa­re­ja, ese eterno po­lo­leo.

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