Se­ries

Di­se­ña­do­ra de The Stran­ger Things

La Hora Mujeres - - CONTENIDO - Texto: Li­set­te Ávi­la O.

Si us­ted vi­vió su ni­ñez y ado­les­cen­cia en los 80, se­gu­ra­men­te la se­rie Stran­ger Things (Net­flix) le pa­re­ce una bom­ba de nos­tal­gia. La mú­si­ca de Scor­pions, Du­ran Du­ran, Cyn­di Lau­per, los gui­ños a pe­lí­cu­las co­mo Ca­za­fan­tas­mas, E.T. y Ti­bu­rón, los vi­deo­jue­gos co­mo Dra­gon’s Lair y la mo­da evo­can una épo­ca en la que la cul­tu­ra pop del si­glo XX fue ful­mi­nan­te.

Bas­ta ver a los per­so­na­jes ves­ti­dos con ca­mi­sas a cua­dros, jer­seys es­tam­pa­dos, ca­mi­se­tas con di­bu­jos de di­no­sau­rios, an­te­ojos way­fa­rer y cha­que­tas con cue­llo de bo­rre­go pa­ra de­jar­se hip­no­ti­zar por ella y desear por un mo­men­to el re­gre­so de esa es­té­ti­ca vin­ta­ge.

La res­pon­sa­ble de aque­lla re­gre­sión te­le­vi­si­va -y quien con­fi­gu­ró la iden­ti­dad de per­so­na­jes co­mo Will, Hop­per, Joy­ce y Ele­ven- fue Kim­berly Adams, di­se­ña­do­ra a car­go del ves­tua­rio de la pri­me­ra tem­po­ra­da de la se­rie. “El ma­yor re­to fue re­crear ro­pa nor­mal, la que po­drían lle­var pa­dres y ni­ños nor­ma­les de la épo­ca en el mid­west ame­ri­cano, por­que de­pen­dien­do de la cos­ta en que es­tés se vis­te de una for­ma u otra. Tam­bién ha­bía que te­ner en cuen­ta que se desa­rro­lla­ba en 1983, cuan­do los 80 co­lo­ris­tas que to­dos re­cor­dá­ba­mos aún no ha­bían em­pe­za­do”, ex­pli­có Adams a la re­vis­ta GQ.

Si en la pri­me­ra tem­po­ra­da el desafío fue re­crear los 80 sin trans­for­mar a los per­so­na­jes en ca­ri­ca­tu­ras, en la se­gun­da se re­for­zó la idea de lo au­tén­ti­co. Ta­rea que lle­va­ron ade­lan­te las di­se­ña­do­ras de ves­tua­rio Mal­go­sia Tur­zans­ka y Kim Wil­cox, quie­res pa­ra man­te­ner la es­té­ti­ca de la se­rie re­cu­rrie­ron a re­vis­tas, ca­tá­lo­gos, fo­to­gra-

fías fa­mi­lia­res y a re­fe­ren­tes de mo­da co­mo Yoh­ji Ya­ma­mo­to y Rei Ka­wa­ku­bo (con su an­ti­mo­da), Thierry Mu­gler y Ar­ma­ni. Una ex­pe­rien­cia que acá nos cuen­ta la cos­tu­me de­sig­ner Kim Wil­cox: ¿Cuá­les son al­gu­nos de tus ele­men­tos fa­vo­ri­tos de la ves­ti­men­ta de ST2?

El per­so­na­je de Billy fue real­men­te en­tre­te­ni­do de ar­mar, jun­to con los punks y la fies­ta del co­le­gio (Snow Ball Dan­ce)… ¡Ves­tir a 200 ni­ños fue muy en­tre­te­ni­do! Por­que una re­cuer­da su primer bai­le y las ex­pec­ta­ti­vas que te­nía. Los bai­les del co­le­gio no siem­pre fue­ron tan pro­du­ci­dos, así es que nos ba­sa­mos en la mo­da de re­ci­ta­les o de fiestas de na­vi­dad de esa épo­ca, ¡y lo pa­sa­mos ge­nial ha­cién­do­lo! Con los punks, por ejem­plo, nos es­for­za­mos mu­cho en no crear ca­ri­ca­tu­ras. Al­guien a quien te die­ra sus­to mi­rar si es­tu­vie­ras en Haw­kins, pe­ro ni tan te­rro­rí­fi­co. En el ca­so de Billy, ne­ce­si­tá­ba­mos a al­guien que sa­ca­ra del pe­des­tal a Ste­ve Ha­rring­ton, que­ría­mos a ese ga­lán ‘old school’ y ‘out­si­der’. En­ton­ces la pri­me­ra vez que se mues­tra a Billy en la se­rie, él lle­ga con su au­to de­por­ti­vo y apa­re­ce su bo­ta jun­to a la puer­ta; lo­gra­mos ese gui­ño per­fec­to a las pe­lí­cu­las de los 80. La ver­dad es que es muy en­tre­te­ni­do con­tar con un per­so­na­je con tan­to poder. ¿Có­mo lo­gra­ron re­crear la ves­ti­men­ta de 1983 y de 1984?

Ocu­pa­mos co­mo fuen­te mu­cha cul­tu­ra pop de 1984, de pe­lí­cu­las co­mo Risky Bu­si­ness y Los Ca­za­fan­tas­mas. Y yo me ins­pi­ré en re­vis­tas de ese año, co­mo Se­ven­teen, Ti­ger Beat y Jet, y tam­bién en anua­rios de co­le­gios.

¿Có­mo ca­ló en ti el di­se­ño de ves­tua­rio de la se­rie?

Yo es­ta­ba en el co­le­gio en 1984, así es que de to­das for­mas fue emo­cio­nan­te pa­ra mí di­se­ñar las ves­ti­men­tas de una épo­ca que co­no­cí ín­ti­ma­men­te.

¿Qué fue lo más fas­ci­nan­te y di­fí­cil de en­con­trar pa­ra re­crear el ves­tua­rio de los 80?

La co­sa más di­fí­cil fue ves­tir a ni­ños en eta­pa de cre­ci­mien­to. Por eso pri­vi­le­gia­mos ro­pa de mar­cas clá­si­cas co­mo Pend­le­ton, Le­vi’s, Wran­gler y Lee, por­que si los ni­ños cre­cían po­día­mos com­prar rá­pi­da­men­te por in­ter­net. Yo soy fa­ná­ti­ca de las te­las, así es que si ha­bía una pren­da con brillo y que en el 84 no se usa­ba, yo no la ocu­pa­ba. Las mar­cas clá­si­cas no tie­nen te­la stretch, en­ton­ces no tie­nen esa apa­rien­cia bri­llo­sa que uno en­cuen­tra en los jeans mo­der­nos. ¿Qué ele­men­tos de la ves­ti­men­ta de la tem­po­tra­da 1 qui­sis­te man­te­ner? Que­ría­mos ase­gu­rar­nos de que to­da­vía fue­ran los per­so­na­jes que la au­dien­cia co­no­ció y quie­re. Por ejem­plo, la ban­da­na de Lu­cas es al­go im­por­tan­te pa­ra su per­so­na­je, así es que qui­si­mos con­ti­nuar con eso. Mad Max es un nue­vo per­so­na­je. ¿Pue­des con­tar­nos so­bre có­mo ar­ma­ron su look? Sa­die Sink es ge­nial. Ella tu­vo que in­ter­pre­tar a es­ta ni­ña que lle­ga al pue­blo y le me­te un pa­lo en la rue­da al mun­do de los ni­ños. Ella an­da en ska­te­board y jue­ga vi­deo­jue­gos, y es me­jor que ellos en mu­chas co­sas, de mo­do que ellos no sa­ben qué ha­cer. Max cre­ció en un pue­blo de pla­ya y an­da en ska­te­board, por lo que qui­se in­cor­po­rar mar­cas co­mo Vans, OP y Hang Ten, que eran las más po­pu­la­res en 1984 en un pue­blo de pla­ya. Su pa­le­ta de co­lo­res es un po­co más cla­ra. Ella es el nue­vo ai­re fres­co en Haw­kins. ¿Qué ha si­do lo más gra­ti­fi­can­te de tra­ba­jar en la se­rie? La fa­mi­lia del set de Stran­ger Things es lo más gra­ti­fi­can­te, no hay com­pa­ra­ción. Una ve a es­ta gen­te más que a su pro­pia fa­mi­lia y los her­ma­nos Duf­fer crean un gran am­bien­te en el set. Ade­más, la ale­gría de tra­ba­jar con ni­ños es con­ta­gio­sa.

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