El be­so

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Di­si­mu­lan tan mal, él tan de­trás de sus len­tes y ella de sus fre­ni­llos, sen­ta­dos fren­te a fren­te en el ca­fé ha­cién­do­se los gran­des, los con­fia­dos, pe­ro sin sa­ber qué pe­dir ni me­nos qué ha­cer, cla­van­do los de­dos en el ce­lu­lar, mi­rán­do­se de reojo cuan­do el otro no lo ha­ce, com­par­tien­do la ri­sa ner­vio­sa que es­ta­lla por cual­quier co­sa, co­mo un desaho­go, en la pri­me­ra ci­ta. No de­ben te­ner más de tre­ce. Ella le ha­bla a mil so­bre al­go que pa­só en el re­creo. Él se bur­la, te­clea al­go rá­pi­do en el te­lé­fono, y con esa voz in­de­ci­sa, a me­dio ca­mino ha­cia la ado­les­cen­cia, le cuen­ta que el sábado ha­brá una fies­ta, en la ca­sa del Ro­lo, y ella no es­tá se­gu­ra, por­que van los de ter­ce­ro y se po­nen odio­sos. Él no ati­na, se com­pli­ca en­te­ro, y es ella la que se lo plan­tea, ir jun­tos y si la co­sa se po­ne brí­gi­da se van don­de la Vicky. Ella se to­ma un ru­lo y jue­ga a que le rue­ga. Él, res­pi­ran­do co­mo un rey, se de­ja que­rer. Por fin acep­ta y en­ton­ces re­cién se mi­ran. Se que­dan he­la­dos ese si­glo de se­gun­dos en que de­jan de reír­se, en que ya bas­ta de di­si­mu­los y se en­tre­gan a ese es­ta­do tan ra­ro co­mo irre­me­dia­ble en que se de­ci­den, po­nen bo­ca aba­jo a to­do su mun­do que les ca­be en los ce­lu­la­res y se to­man las ma­nos co­mo si unas ara­ñas no pu­die­ran desatar­se. Se dan un pri­mer be­so tor­pe, to­po­neán­do­se la pun­ta de la na­riz. Por có­mo se be­san, el res­to pue­de ir­se al dia­blo. Los se­pa­ra la lle­ga­da del mo­zo, pe­ro no sa­ben qué or­de­nar, pre­ci­sa­men­te por­que lo que quie­ren no es­tá ahí sino en lo que ven­drá. Es­to es re­cién el co­mien­zo del que no se vuel­ve, que las­ti­ma y en­can­di­la con las mis­mas en­tre­gas y te­mo­res. Sa­len del ca­fé con un he­la­do ca­da uno, to­po­neán­do­se aho­ra con los hom­bros, él ha­blan­do en­tre su ri­sa, ella co­mo si ca­mi­na­ra ha­cia su cas­ti­llo, los dos de la mano, tan se­gu­ros, tan gran­des, pro­cu­rán­do­se in­vi­si­bles y que­rien­do tan­to que los vean. na­ció en Ale­ma­nia, un día co­mo hoy, Erich Ho­nec­ker. Fue el úl­ti­mo lí­der de la Re­pú­bli­ca De­mo­crá­ti­ca (RDA) an­tes de la caí­da del mu­ro de Ber­lín. Mu­rió en Chi­le, en 1994.

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