Pa­blo Agui­le­ra y sus 30 años co­mo la voz de la ma­ña­na

Ha­cia fi­nes de no­viem­bre, el pro­gra­ma ra­dial La ma­ña­na de Pa­blo Agui­le­ra cum­ple 30 años. Pe­ro son mu­chos más los que es­te hom­bre lle­va tras el mi­cró­fono. Acá, una par­te de su his­to­ria.

La Hora - - News - Tex­tos Ar­tu­ro Fi­gue­roa Bus­tos Fo­to­gra­fía Ga­briel Ga­ti­ca Re­yes

Pa­blo Agui­le­ra en su ca­sa, co­mien­do con una co­pa de vino y Frank Si­na­tra de fon­do. Pa­blo Agui­le­ra en bi­ci­cle­ta, su­bien­do a la ci­ma del ce­rro San Cris­tó­bal. Pa­blo Agui­le­ra arri­ba de un jeep, de­te­ni­do por mi­li­ta­res y ca­mino a un re­gi­mien­to pa­ra ser in­te­rro­ga­do.

De tan­to que ha es­ta­do ahí, pre­sen­te en las ra­dios chi­le­nas por más de cua­tro dé­ca­das, uno po­dría pen­sar que Pa­blo Agui­le­ra so­lo ha te­ni­do vi­da pa­ra es­tar tras el mi­cró­fono. Pe­ro hay bas­tan­te más. Hay, por ejem­plo, una co­lec­ción de no­ve­las de su au­to­ría, co­lec­ción que si­gue cre­cien­do y que ja­más le mos­tra­rá a na­die. Hay, ade­más, una se­rie de epi­so­dios que le ha to­ca­do vi­vir y que aho­ra que cum­ple trein­ta años con su pro­gra­ma de ra­dio Pu­dahuel quie­re com­par­tir con sus au­di­to­res. Es­ta en­tre­vis­ta tie­ne que ver jus­to con eso. -Si tu­vie­ra que ele­gir a una can­ción de to­das las que has to­ca­do en ra­dio. -Dón­de es­ta­rá mi pri­ma­ve­ra, de Mar­co

An­to­nio So­lís. Des­pués que fa­lle­ció la úni­ca her­ma­na que te­nía, su­pe que era su fa­vo­ri­ta. Es muy bo­ni­ta y mu­cha gen­te la aso­cia a los se­res que­ri­dos que se han ido de es­te mun­do. Es bien es­pe­cial en ese sen­ti­do, pe­ro es­toy lleno de mú­si­ca. Mi ar­tis­ta fa­vo­ri­to es Frank Si­na­tra. De jo­ven tu­ve un pro­gra­ma de rock (Al­to vol­ta­je) y ahí to­ca­ba Pink Floyd, Black Sab­bath. Yo creo que uno tra­ba­jan­do en ra­dio tie­ne que te­ner la ca­pa­ci­dad de dis­fru­tar de to­do ti­po de mú­si­ca. -¿Có­mo re­cuer­da la gé­ne­sis de La ma­ña­na de Pa­blo Agui­le­ra?

-Yo ha­cía un pro­gra­ma muy si­mi­lar en ra­dio Cien, con los au­di­to­res al ai­re con­tán­do­me co­sas, y me lle­gó la ofer­ta de la FM, que en­ton­ces era muy em­pa­que­ta­da. Lo cu­rio­so es que to­do si­gue más o me­nos igual: yo no ha­go una pre­pro­duc­ción, las his­to­rias de la gen­te sue­len ser tan in­tere­san­tes que eso pau­tea y nos da el pun­to de par­ti­da.

-Es­tu­vi­mos diez años sin com­pe­ten­cia has­ta que apa­re­ció la ra­dio Rock & Pop con el Rumpy que, a ni­vel ju­ve­nil, rom­pió

es­que­mas con al­go bien pa­re­ci­do a lo nues­tro. -Pe­ro él tie­ne otro tar­get y otro le­gua­je. ¿Un po­co co­pión en­ton­ces?

-No, nun­ca di­ría eso. Res­pe­to har­to al Rumpy y creo que ha si­do un apor­te en su des­fa­cha­tez. Aquí lo ten­go al la­do, lo veo to­dos los días.

-La otra par­ti­cu­la­ri­dad del pro­gra­ma y de la Pu­dahuel es su mú­si­ca: ro­mán­ti­cos his­pa­noa­me­ri­ca­nos que an­tes al­gu­nos mi­ra­ban con des­dén.

-La mú­si­ca tie­ne ci­clos. Y la que al­gu­nos mi­ra­ban en me­nos, la que so­na­ba en la AM, aho­ra es con­si­de­ra­da de cul­to. Aquí se le abrió ca­mino a mu­chos in­tér­pre­tes: Ri­car­do Mon­ta­ner a la pri­me­ra ra­dio que vino fue a la Pu­dahuel. Re­cuer­do que le pre­gun­té qué le pa­re­cía es­tar en es­te último lu­gar del mun­do. Le gus­tó ese con­cep­to y me di­jo si po­día usar el nom­bre pa­ra una can­ción. Lo hi­zo y me pu­so en los agra­de­ci­mien­tos del dis­co. -¿Su tiem­po li­bre lo lle­na de mú­si­ca o le gus­ta el si­len­cio? -La mú­si­ca es par­te de mi vi­da y no con­ci­bo es­tar sin ella. Yo creo que las co­sas más lin­das de la exis­ten­cia son las que uno no pue­de ver: la fe (no las re­li­gio­nes), los sen­ti­mien­tos. Con la mú­si­ca, tú no la ves pe­ro la sien­tes. Ba­jo ese pun­to de vis­ta, es vi­tal pa­ra mí. -¿Es cier­to que de re­pen­te sube el ce­rro San Cris­tó­bal en bi­ci­cle­ta?

-Aun­que no lo creas, subo en bi­ci­cle­ta to­dos los do­min­gos, has­ta el día de hoy. Lo ha­go es­cu­chan­do a Si­na­tra y otra mú­si­ca or­ques­ta­da. En­cuen­tro ma­ra­vi­llo­so a Mi­chael Bu­blé o a Rod Ste­wart que tie­ne cin­co ál­bu­mes de swing fa­bu­lo­sos. Es la ma­gia de la voz con or­ques­ta.

-¿Es­to de ejer­ci­tar­se tie­ne que ver con un in­ten­to por man­te­ner­se sin edad? -La gen­te di­ce ¡qué edad tie­ne Pa­blo Agui­le­ra! ¡se­ten­ta, ochen­ta, no­ven­ta! -Es el gran mis­te­rio de Chi­le.

-Pri­me­ro, creo que de­be ser una bue­na ge­né­ti­ca. En se­gun­do lu­gar, creo que el prin­ci­pal da­ño que se ha­ce el ser hu­mano es con el ci­ga­rri­llo y yo, si bien fu­mé en la uni­ver­si­dad, nun­ca fui un fu­ma­dor

em­pe­der­ni­do. Ya de­ben ser cer­ca de 40 años que lo de­jé. Igual hay ve­ces que me dan de­seos. -¿To­da­vía? -Al­guien pa­sa por la ca­lle, pren­de uno dos pa­sos más ade­lan­te y sien­to el aro­ma del hu­mi­to, di­go qué ri­co es­to. Pe­ro al mis­mo tiem­po me di­go qué ton­to se­ría vol­ver a ha­cer­lo. Vino to­mo to­dos los días me­dio va­si­to. -Lo re­co­mien­dan los mé­di­cos.

-Es que ten­go una hi­ja que es doc­to­ra y un día me di­jo, co­mo ha­ce vein­te años,

pa­pá us­ted nun­ca to­ma. De­be ha­ber­me en­con­tra­do bas­tan­te fo­me. Me di­jo que me iba a ha­cer bien pa­ra man­te­ner a raya el co­les­te­rol, qué se yo. Y es bien ri­co de re­pen­te co­mer­se un pla­to con una co­pi­ta de tin­to. Pe­ro es el va­so del al­muer­zo y na­da más. No me pe­ga­ría un pen­ca­zo de whisky en la no­che. -Si­na­tra era de whisky, de bour­bon.

-Cla­ro, pe­ro al fi­nal esas co­sas te pa­san la cuen­ta. Pe­ro no vi­vo así pa­ra man­te­ner­me bien ni na­da por el estilo, sim­ple­men­te es lo que me na­ce.

-Las au­di­to­ras re­cu­rren a us­ted pa­ra con­tar sus in­fi­den­cias pe­ro us­ted nun­ca ha­bló mu­cho de su vi­da per­so­nal ¿Quién es su con­fi­den­te?

-Es cier­to que no ha­blo de mi vi­da pri­va­da, por mis hi­jos. Y creo que eso es lo que le gus­ta a la gen­te, que uno se de­di­que a pres­tar la ore­ja. Así, ade­más, he des­cu­bier­to que las mu­je­res son mu­cho más in­te­li­gen­tes y va­lien­tes que no­so­tros, ma­ne­jan me­jor to­das las si­tua­cio­nes: la ca­sa, los hi­jos, la pla­ta. Pe­ro hay al­go en lo que fa­llan: cuan­do se enamoran. ¿Có­mo so­por­tan eso de que el ga­llo les pe­ga, que las en­ga­ña? Es que es­toy enamo­ra­da. -Ya, pe­ro ¿con quién se desaho­ga?

-Con­mi­go mis­mo, a es­tas al­tu­ras del par­ti­do... ade­más que no ten­go nin­gún conflicto, o nin­guno a un ni­vel que me ator­men­te. Y tra­to de te­ner los pan­ta­lo­nes bien pues­tos con las co­sas que ha­go. -¿Cuán­do se sa­le de ma­dre el tran­qui­lo y em­pá­ti­co Pa­blo Agui­le­ra?

-No, si no soy tan así. En el pro­gra­ma, por ejem­plo, re­to bas­tan­te a al­gu­nas se­ño­ras que aguan­tan a hom­bres bru­tos.

-A los po­lí­ti­cos les in­tere­sa su pro­gra­ma, han ido pre­si­den­tes. ¿Có­mo ex­pli­ca ese in­te­rés?

-O sea, sa­ben de un pro­gra­ma ma­ga­zi­nes­co fa­mi­liar con una ma­yor sin­to­nía de mu­je­res. En­ton­ces, lo ven co­mo una bue­na al­ter­na­ti­va pa­ra mos­trar­se co­mo per­so­nas y yo lo veo co­mo una bue­na al­ter­na­ti­va pa­ra con­ver­sar con al­guien que es o fue au­to­ri­dad. Pe­ro los sa­co de

la co­sa po­lí­ti­ca du­ra por­que no me ha­ría nin­gu­na gra­cia que vi­nie­ran a ha­cer pro­se­li­tis­mo. Aquí te­ne­mos una pos­tu­ra bien cla­ra de de­nun­ciar to­da la as­que­ro­si­dad de los par­ti­dos. Yo lu­ché por la de­mo­cra­cia. In­clu­so sin ha­ber si­do muy po­lí­ti­co es­tu­ve de­te­ni­do en un mo­men­to da­do. -¿Có­mo es eso de que lo de­tu­vie­ron?

-Eran los úl­ti­mos me­ses de 1973. En esa épo­ca es­tu­dia­ba pe­ro ya tra­ba­ja­ba en ra­dio. Me lle­gó un dis­co y lo pu­si­mos en una sec­ción que se lla­ma­ba A Los Leo­nes. No sa­bía quién era el in­tér­pre­te. Lo ca­li­fi­ca­ba la gen­te y sa­có po­co más de un 4. Lue­go lle­gó un jeep mi­li­tar a la ra­dio, an­da­ban sin iden­ti­fi­ca­ción, pre­gun­ta­ron por mí y me di­je­ron que me te­nían que lle­var a un re­gi­mien­to. Re­sul­ta­ba que el se­ñor que ha­bía gra­ba­do el dis­co era un te­nien­te, pre­fie­ro no dar su nom­bre. En el re­gi­mien­to me di­jo:

di­cho que us­ted es­tu­dió en la Uni­ver­si­dad­me han de Chi­le, que es co­mu­nis­ta y que me tra­tó de per­ju­di­car. Su idea era in­ti­mi­dar­me y tu­vo bas­tan­te éxi­to.

Des­pués, por ese mo­te de iz­quier­dis­ta me echa­ron de Te­le­vi­sión Na­cio­nal, don­de yo leía no­ti­cias. Y mu­cho tiem­po des­pués, me echa­ron de Ca­nal 11 (hoy Chi­le­vi­sión) don­de tam­bién es­ta­ba en el no­ti­cia­rio por­que, co­mi­llas, tú leías no­ti­cias cuan­do es­ta­ba Pi­no­chet. Tris­te mi his­to­ria. -¿Fue a vo­tar a las mu­ni­ci­pa­les?

-No, no quie­ro va­li­dar a un se­ñor que lo úni­co que ha­rá es en­ri­que­cer­se. Y los con­ce­ja­les, que de­bie­ran es­tar más cer­ca­nos a la gen­te, ter­mi­nan en lo mis­mo. -¿Nun­ca le han ofre­ci­do un car­go de re­pre­sen­ta­ción po­pu­lar? -Una vez me ofre­cie­ron, pe­ro no te voy a de­cir de qué par­ti­do. Lo re­cha­cé. -¿No ha pen­sa­do en ju­bi­lar­se?

-Sé que ya es­toy en edad, no sé si que­man­do los úl­ti­mos car­tu­chos, pe­ro ten­go una com­pli­ci­dad tre­men­da con el au­di­tor. Du­ra­ré aquí has­ta que me sien­ta con con­di­cio­nes pa­ra ha­cer­lo. Cuan­do no pue­da su­bir el San Cris­tó­bal sa­bré que lle­gó el mo­men­to.

“Yo no ha­go pre­pro­duc­ción. Las his­to­rias de la gen­te sue­len ser tan in­tere­san­tes que eso nos da el pun­to de par­ti­da pa­ra el pro­gra­ma”

“La gen­te di­ce ¡qué edad tie­ne Pa­blo Agui­le­ra!

¡Se­ten­ta, ochen­ta, no­ven­ta! Pri­me­ro, creo que de­bo te­ner una bue­na ge­né­ti­ca. Lue­go, nun­ca fui fu­ma­dor em­pe­der­ni­do”

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