Ma­prao: thai para la sed

No tie­ne pre­cios de pi­ca­da exac­ta­men­te, y se caen en el de­ta­lle no po­co importante de ol­vi­dar una pro­teí­na, pe­ro Ma­prao es una bue­na al­ter­na­ti­va para ca­pear el ca­lor.

La Hora - - Tiempo Libre - Sebastián Al­bur­quer­que

En Tailandia no exis­te el in­vierno. Con 30º en enero, su mes más frío (me­nos cá­li­do, en reali­dad), el in­vierno es ape­nas una for­ma­li­dad en el ca­len­da­rio. Ha­ce mu­chí­si­mo ca­lor to­do el tiem­po. Y en vez de te­ner pla­tos fríos, su co­ci­na es un her­vi­de­ro de ajíes, cu­rries y es­pe­cias, co­mo sue­le ocu­rrir en la gas­tro­no­mía de esas la­ti­tu­des. En San­tia­go des­de ha­ce al­gu­nos años que se pue­den pro­bar pla­tos tai­lan­de­ses, y uno de los em­ble­mas es Ma­prao Thai, en Ma­nuel Montt.

Es un lo­cal pe­que­ño pe­ro con me­sas a la ca­lle, y co­ci­na a la vis­ta, con dos fo­go­nes para woks ta­ma­ño gi­gan­te. Hay cu­rries, sal­tea­dos y en­sa­la­das de ins­pi­ra­ción “thai”. Se pi­dió un pad thai ($7.400, con be­bi­da), el pla­to em­ble­ma de es­te país. Es un sal­tea­do de fi­deos de arroz, to­fu, hue­vo, ce­bo­llín y dien­tes de dra­gón, con ají, sal­sa de ta­ma­rin­do, sal­sa de os­tra y sal­sa de pes­ca­do, es­pol­vo­rea­do con ma­ní y al­baha­ca. Ade­más, se pue­de acom­pa­ñar de una pro­teí­na más, en es­te ca­so se eli­gió cer­do.

A la me­sa lle­ga una ca­ja de car­tón con el pad thai, muy co­mo de pe­lí­cu­la grin­ga. La gra­cia de la co­mi­da tai­lan­de­sa y de otras de la re­gión es que com­bi­nan to­do: un po­co de dul­zor, de sa­la­do, de pi­cor y de aci­dez. Y en Ma­prao, ha­cen un buen pad thai. Sa­bro­so y abun­dan­te. El ma­ní, que en otros la­dos es ape­nas de­co­ra­ti­vo, acá al­can­za para to­do el pla­to (o el car­tón). El ají ha­ce que uno se acli­ma­te con el ca­lor. Al­go sa­ben de eso.

Pe­ro acá vie­ne lo ma­lo: ni ras­tros del cer­do. No es que tu­vie­ra po­co; es que no te­nía. Na­da en con­tra del to­fu (que es una es­pon­ja de la­var la lo­za, pe­ro en es­ta opor­tu­ni­dad, una es­pon­ja bien ali­ña­da), pe­ro al pla­to se le no­ta­ba la fal­ta de la pro­teí­na ani­mal. Per­ma­ne­ce­rá co­mo un mis­te­rio en qué pun­to de la ca­de­na de man­do se per­dió el cer­do. Pe­ro por el pre­cio, es un error que se re­sien­te bas­tan­te.

Ma­prao no se­rá una pi­ca­da, y tie­ne al­gu­nos ri­pios a los que de­ben po­ner­le ojo, pe­ro es una bue­na al­ter­na­ti­va thai.

Ma­prao Thai Ma­nuel Montt 784, Pro­vi­den­cia.

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