La sim­ple­za del Chin­chi­ne­ro

Una ma­yo­ne­sa in­su­pe­ra­ble, una me­jor aten­ción y una ubi­ca­ción pri­vi­le­gia­da son ra­zo­nes su­fi­cien­tes pa­ra ir por un chu­rras­co y un schop en es­te lo­cal en Be­llas Ar­tes.

La Hora - - Tiempo Libre - Ig­na­cio To­bar

Su­ce­de que el lu­gar es co­mo­dí­si­mo, con me­sas dis­tri­bui­das en des­ni­ve­les e in­me­jo­ra­bles vis­tas. Su­ce­de que el per­so­nal co­lom­biano que atien­de es ex­tre­ma­da­men­te ama­ble. Su­ce­de que tie­nen buen schop Kross y muy he­la­do. Su­ce­de que su ubi­ca­ción es pri­vi­le­gia­da, a una cua­dra del Me­tro y a pa­sos del Río Ma­po­cho. Su­ce­de que los pe­di­dos lle­gan rá­pi­do a la me­sa. Su­ce­de que tie­nen una ma­yo­ne­sa con to­ques de ajo que dan ga­nas de cu­cha­rear sin pa­rar.

En su­ma, to­do su­ce­de en el Chin­chi­ne­ro, una san­gu­che­ría y cervecería ubi­ca­da en el Ba­rrio Be­llas Ar­tes, a un cos­ta­do del Mu­seo. Fuen­te de so­da con me­si­tas en la ca­lle y pan­ta­llas de te­le­vi­sión; ideal pa­ra ver par­ti­dos de fútbol y pa­sar es­tas ho­rro­ro­sas jor­na­das de ca­lor.

En es­te lo­cal, que ocu­pa par­te del trián­gu­lo que se ge­ne­ra en­tre Is­mael Val­dés Ver­ga­ra y San­to Do­min­go, la di­ná­mi­ca es una: si se to­ma, se co­me. Por eso la re­co­men­da­ción es pe­dir una de las cer­ve­zas de ba­rril. Hay tres schop: Kun­ts­mann To­ro­ba­yo de 500cc, Schop Kross Mai­bock y Gol­den, tam­bién de me­dio li­tro. Cual­quie­ra de los tres va bien por­que es­tán muy he­la­dos, al hie­lo, pi­fia tí­pi­ca de otros lo­ca­les. Y la com­pa­ñía ideal es un chu­rras­co chin­chi­ne­ro. El clá­si­co de la ca­sa. Lle­va car­ne de va­cuno, le­chu­ga, to­cino crispy, to­ma­te y el in­gre­dien­te que des­equi­li­bra: la ma­yo­ne­sa con un to­que de ajo. Se su­po­ne que es hue­vo, acei­te, sal y un pi­chin­tún de ajo. Pe­ro las gar­zo­nas y el co­ci­ne­ro ad­vier­ten que “tie­ne un se­cre­to im­po­si­ble de re­ve­lar”. Es una ma­ra­vi­lla, de esas ma­yos que uno pue­de co­mer con pan so­lo. Por ello, se­gu­ra­men­te, tam­bién le pa­sa­rá que pe­di­rá un bis. No hay ma­yor cien­cia en Chin­chi­ne­ro, ni sa­bo­res exó­ti­cos, ni pla­tos fo­rá­neos de mo­da. Es sim­ple­men­te ir a sen­tar­se, pe­dir un schop y un sán­gu­che. El res­to lo ha­ce el en­torno. Y gas­ta­rá me­nos de $10.000.

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