Los diez dis­cos que mar­ca­ron el 2016

Es­te año de­jó gran­des tra­ba­jos, tan­to en Chi­le co­mo en el ex­tran­je­ro. Des­pe­di­das, re­gre­sos, de­buts y con­so­li­da­cio­nes se mez­clan en nues­tra selección.

La Hora - - Tiempo Libre - Ig­na­cio Sil­va

Fue un co­mien­zo de año ex­tra­ño, fe­liz y de­sola­dor en par­tes igua­les. To­do por una se­rie de he­chos dig­nos de una fic­ción: el 8 de enero, jus­to pa­ra su cum­plea­ños 69, Da­vid Bo­wie lan­za­ba Blacks­tar, el des­lum­bran­te vi­gé­si­mo quin­to dis­co de una ca­rre­ra in­flu­yen­te co­mo po­cas, pe­ro que ter­mi­na­ría só­lo dos días des­pués con su muer­te a cau­sa de un cán­cer. Na­die lo sa­bía, pe­ro el Du­que Blan­co ha­bía fir­ma­do en ese tra­ba­jo su car­ta de des­pe­di­da y, de pa­so, uno de los me­jo­res ál­bu­mes de un 2016 que de­jó otras muy bue­nas pie­zas.

Co­mo Ske­le­ton Tree, el dis­co que Nick Ca­ve lan­zó en sep­tiem­bre y que tam­bién tie­ne una tra­ge­dia de­trás. Du­ran­te su gra­ba­ción, el mú­si­co aus­tra­liano, uno de los com­po­si­to­res más do­ta­dos de la mú­si­ca ac­tual, per­dió a Art­hur, su hi­jo me­nor, en un con­fu­so ac­ci­den­te. El irre­pa­ra­ble do­lor se cue­la en ca­da una de las ocho can­cio­nes de una pla­ca que, a pe­sar de la os­cu­ri­dad, po­see una be­lle­za fue­ra de lo co­mún.

Otros de los me­jo­res dis­cos del año es­tán cru­za­dos por otra ca­rac­te­rís­ti­ca: el ries­go. Le­mo­na­de, de Be­yon­cé, es una mues­tra de ello. En su sex­to tra­ba­jo, la can­tan­te dio una mues­tra de ge­nia­li­dad al to­mar el rol de una mu­jer en­ga­ña­da, apro­ve­chan­do los ru­mo­res de in­fi­de­li­dad que ha­ce años per­si­guen su ma­tri­mo­nio con Jay Z y ge­ne­ran­do con ello nue­vas es­pe­cu­la­cio­nes. Eso sí, la ma­nio­bra le sir­vió pa­ra ela­bo­rar un dis­cur­so en el que no só­lo cri­ti­ca la for­ma en la que las per­so­nas se re­la­cio­nan en la ac­tua­li­dad, sino que tam­bién es un re­tra­to de lo que sig­ni­fi­ca ser una mu­jer ne­gra en el Es­ta­dos Uni­dos del 2016.

Su her­ma­na, Solange, tam­bién

to­mó esa ban­de­ra en A seat at the

ta­ble, su ter­cer ál­bum y el pun­to más al­to del año. En él, la com­po­si­to­ra re­tra­ta la vi­da de una jo­ven afro­ame­ri­ca­na echan­do mano a un R&B de ex­qui­si­ta fac­tu­ra y que, por so­bre to­do, le da es­pa­cio pa­ra ex­hi­bir su pri­vi­le­gia­da voz.

Ries­go tam­bién es lo que hay tras Ami­ga, de Alex An­wand­ter. Son on­ce can­cio­nes en las que el ex lí­der de Te­le­ra­dio Do­no­so ela­bo­ra una de­cla­ra­ción de prin­ci­pios y un lla­ma­do a la re­fle­xión en torno a te­mas tan com­ple­jos co­mo la ho­mo­se­xua­li­dad, el aco­so, las li­ber­ta­des per­so­na­les y el ma­chis­mo pre­sen­te en la so­cie­dad chi­le­na. Ma­ni­fies­to es un te­ma que bien en­car­na ese desafío.

RE­GRE­SOS

Otra de las pos­ta­les mu­si­ca­les que de­ja 2016 es la de un re­gre­so que se ha­bía es­ta­do aguar­dan­do por cin­co años. En ma­yo Ra­diohead lan­zó A Moon Sha­ped

Pool, un tra­ba­jo que pe­se a con­te­ner ma­yor­men­te can­cio­nes an­ti­guas, fun­cio­na. Es ca­si co­mo un re­su­men de lo que ha si­do la ban­da du­ran­te sus más de 20 años; una sín­te­sis que aun­que es­tá le­jos de otros de sus tí­tu­los, en­cuen­tra en los arre­glos de

Burn the Witch, el gen ex­pe­ri­men­tal de Ful Stop y la cal­ma de

Iden­ti­kit los fun­da­men­tos pa­ra es­tar den­tro de lo me­jor del año.

Otro gran re­torno que de­ja 2016 es el de Frank Ocean. El croo­ner mo­derno que ha­ce tres años ga­nó el Grammy con su fun­da­men­tal Chan­nel Oran­ge lan­zó en agos­to Blon­de, un tra­ba­jo com­ple­jo, en el que el vein­tea­ñe­ro vuel­ve a re­tra­tar su mi­ra­da ac­tual del R&B. Otra jo­ya del año.

PRO­ME­TE­DO­RES

Es­tos 12 me­ses tam­bién de­ja­ron una se­rie de bue­nas cartas de pre­sen­ta­ción; pri­me­ros dis­cos con al­go es­pe­cial.

Co­mo 99.9%, de Kay­tra­na­da. Se tra­ta del pri­mer ál­bum de un pro­me­te­dor pro­duc­tor, há­bil pa­ra los beats can­den­tes y con ai­res de jazz y funk. Un clá­si­co del fu­tu­ro.

En tan­to, el me­jor de­but lo­cal es­tá fir­ma­do por Amar­ga Mar­ga. En Mi ar­ma blan­ca, la jo­ven ban­da san­tia­gui­na des­en­fun­da una irre­sis­ti­ble mez­cla de me­lo­días re­cor­da­bles, jue­gos de ar­mo­nías de vo­ces y le­tras ge­ne­ra­cio­na­les. Una de las más es­ti­mu­lan­tes no­ve­da­des de la mú­si­ca chi­le­na.

Y aun­que no se tra­ta de un de­but pro­pia­men­te tal, Co­lo­ring

Book es el me­jor ca­mino pa­ra co­nec­tar con el tra­ba­jo de Chan­ce the Rap­per. Ca­li­fi­ca­do por él mis­mo co­mo su ter­cer mix­ta­pe, el tra­ba­jo es una mues­tra de có­mo ha­cer un buen dis­co de rap en tiem­pos mo­der­nos, per­dién­do­le el mie­do a la di­ver­si­dad. No por na­da en su lis­ta de co­la­bo­ra­cio­nes fi­gu­ran des­de Kan­ye West a Jus­tin Bie­ber. Tres dis­cos que, al fi­nal de to­do, son un re­cor­da­to­rio de que siem­pre se de­be man­te­ner un oí­do en el pre­sen­te.

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