Ma­ría Est­her Za­mo­ra y Pe­pe Fuen­tes re­pa­san vi­da, anéc­do­tas y cue­cas en San­tia­go a Mil

La Hora - - News - Ignacio Sil­va

La Ca­sa de la Cue­ca es uno de los lu­ga­res más tra­di­cio­na­les y lle­nos de vi­da que hay en San­tia­go. Has­ta sus sa­lo­nes, ubi­ca­dos en Ba­rrio Mat­ta, lle­gan re­cu­rren­te­men­te va­rias de­ce­nas de per­so­nas li­ga­das al fol­clor para, en­tre can­cio­nes, bai­les y vino, con­ver­sar con Ma­ría Est­her Za­mo­ra (69) y Pe­pe Fuen­tes (85), uno de los ma­tri­mo­nios más re­pre­sen­ta­ti­vos de la mú­si­ca de raíz chi­le­na y los fun­da­do­res del lu­gar.

“Fue en esas con­ver­sa­cio­nes que el Pe­pe em­pe­zó a con­tar­le his­to­rias de su vi­da a los chi­qui­llos. Ahí se me ocu­rrió es­cri­bir to­das esas anéc­do­tas y pen­sar en la ma­ne­ra en que po­dría­mos con­tár­se­las a la gen­te, lo que se mez­cló con las ga­nas que te­nía ha­ce más o me­nos diez años de ha­cer tea­tro”, cuen­ta aho­ra la fol­clo­ris­ta, sen­ta­da a la ca­be­za de una de las va­rias me­sas que hay en su club.

De la idea na­ció Vi­da, pa­sión y cue­ca de Pe­pe Fuen­tes y Ma­ría Est­her, obra que con su mez­cla de tea­tro, mú­si­ca en vi­vo y has­ta gastronomía na­rra la historia de la pa­re­ja a mo­do de bio­gra­fía. “Des­de nues­tras in­fan­cias has­ta que co­men­za­mos a edi­fi­car La Ca­sa de la Cue­ca, pa­san­do por nues­tro ma­tri­mo­nio y un mon­tón de lu­ces y som­bras que he­mos vi­vi­do”, apun­ta Za­mo­ra, que el jue­ves 19 de enero se pre­sen­ta­rá en el Fes­ti­val del Hua­so de Ol­mué.

El mon­ta­je, di­ri­gi­do por la dra­ma­tur­ga Mar­cia Cés­ped y que cuen­ta con la par­ti­ci­pa­ción de mú­si­cos co­mo Héc­tor “Par­quí- me­tro” Bri­ce­ño, Víc­tor Hu­go Cam­pu­sano y Ru­bén Gae­te, fue es­tre­na­do a me­dia­dos del año pa­sa­do y re­gre­sa a las ta­blas ma­ña­na, en el mar­co de San­tia­go a Mil. Se­rá una fun­ción úni­ca agen­da­da a las 21 ho­ras en la Sala A1 del GAM. -¿Có­mo ha si­do in­ter­pre­tar su historia so­bre el es­ce­na­rio?

-De­ma­sia­do emo­cio­nan­te. Ima­gí­na­te que yo de re­pen­te es­toy na­rran­do y se me quie­bra la voz por­que lo vi­ví. Me pa­sa, por ejem­plo, cuan­do re­cuer­do la muer­te de mi pa­dre (el mú­si­co y com­po­si­tor Se­gun­do “Gua­tón” Za­mo­ra) y can­to la cue­ca que le hi­ce cuan­do se mu­rió. To­do es­to es de la vi­da real, na­da es fic­ti­cio. Es una en­tre­ga to­tal.

-¿Per­se­guían al­gún fin, fue­ra del de res­ca­tar su me­mo­ria, con es­te mon­ta­je?

-La idea tam­bién era de­jar un tes­ti­mo­nio que sir­va de re­fe­ren­te y de con­se­jo para los jó­ve­nes, para que se den cuen­ta que no es fá­cil. Es lo mis­mo que que­ría­mos cuan­do crea­mos La ca­sa de la cue­ca: res­guar­dar y con­ser­var los va­lo­res que siem­pre ha te­ni­do la cue­ca. Va­lo­res co­mo el in­te­rés por es­cu­char al otro, co­mo el te­ner mo­da­les; co­sas que aho­ra es­tán tan per­di­das.

-Us­te­des son dos de los re­fe­ren­tes de la cue­ca. ¿Qué le re­co­men­da­ría a los nue­vos cue­que­ros?

-Les di­ría que si quie­ren tra­ba­jar en la cue­ca pri­me­ro de­ben te­ner res­pe­to, por­que para pa­rar­se en un es­ce­na­rio pri­me­ro hay que te­ner res­pe­to con el pú­bli­co, no pa­rar­se desastroso co­mo mu­chos lo ha­cen aho­ra. To­do lo con­tra­rio: para la cue­ca no­so­tros nos ves­ti­mos de smo­king. Hay que te­ner mo­da­les, cul­tu­ra etí­li­ca. Ser un ar­tis­ta integral.

La pa­re­ja, uno de los em­ble­mas del fol­clor lo­cal, pre­sen­ta nue­va­men­te Vi­da, pa­sión y cue­ca, la obra ba­sa­da en sus bio­gra­fías.

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