La se­gun­da vi­da del ar­que­ro del Cha­pe­co­en­se

Jack­son Foll­mann es uno de los seis so­bre­vi­vien­tes de la tra­ge­dia aé­rea del Cha­pe­co­en­se. A dos me­ses del ac­ci­den­te que le cos­tó la vi­da a ca­si to­dos sus com­pa­ñe­ros, el ar­que­ro se atre­ve con un sue­ño: “Oja­lá pue­da par­ti­ci­par en unos Jue­gos Pa­ra­lím­pi­cos”.

La Hora - - Portada - Tex­to y fo­to­gra­fías Cristian Gon­zá­lez Far­fán, des­de Cha­pe­có.

Jack­son Foll­mann, uno de los seis so­bre­vi­vien­tes del ac­ci­den­te aé­reo que en­lu­tó al equi­po, con­tó a La Ho­ra su mi­la­gro­sa re­cu­pe­ra­ción. “Oja­lá pue­da par­ti­ci­par en unos Jue­gos Pa­ra­lím­pi­cos”, di­ce.

He­lio Ne­to y Alan Rus­chel en­tre­nan en la má­qui­na tro­ta­do­ra co­mo si nun­ca les hu­bie­ra pa­sa­do na­da. Ríen, ca­mi­nan, sa­lu­dan a me­dio mun­do y has­ta in­si­núan unos pa­sos de bai­le al rit­mo de la mú­si­ca bra­si­le­ña que sue­na en el ca­ma­rín del es­ta­dio Are­na Con­dá. Con la mis­ma son­ri­sa, se lle­van los de­dos a la mu­ñe­ca en se­ñal de re­pro­che, si­mu­lan­do un re­loj, cuan­do Jack­son Foll­mann, en si­lla de rue­das, lle­ga atra­sa­do a su te­ra­pia.

Los tres ju­ga­do­res del Cha­pe­co­en­se que so­bre­vi­vie­ron a la tra­ge­dia aé­rea del 29 de no­viem­bre coin­ci­den en el mis­mo ves­tua­rio don­de ce­le­bra­ron, jun­to a sus com­pa­ñe­ros fa­lle­ci­dos, el pa­so a la fi­nal de la Co­pa Su­da­me­ri­ca­na tras eli­mi­nar a San Lo­ren­zo. El am­bien­te de hoy, sin ser fes­ti­vo, dis­ta mu­cho de ser lú­gu­bre. Foll­mann, que en mar­zo cum­pli­rá 25 años y era el se­gun­do ar­que­ro del equi­po, irra­dia op­ti­mis­mo. Re­cién el 24 de enero pa­sa­do fue da­do de al­ta, tras per­ma­ne­cer hos­pi­ta­li­za­do por más de cin­cuen­ta días. Pri­me­ro en Co­lom­bia, don­de su­frió la ampu­tación de su pier­na de­re­cha, y lue­go en Cha­pe­có.

Su pier­na iz­quier­da lu­ce iner­te, sin mo­vi­li­dad, por lo que de­be apo­yar­la en una si­lla pa­ra con­ver­sar unos mi­nu­tos con La Ho­ra. Foll­mann, que só­lo re­cuer­da ha­ber sen­ti­do frío y mie­do a mo­rir mien­tras es­pe­ra­ba ser res­ca­ta­do, ha­bía con­ven­ci­do a su ami­go ín­ti­mo Alan Rus­chel pa­ra que se sen­ta­ran jun­tos en aquel vue­lo de LaMia 2933. Eso fue lo que pro­ba­ble­men­te sal­vó a Rus­chel, quien hoy es uno de los que ayu­da ca­da vez que pue­de a Foll­mann con su si­lla de rue­das y sus tras­la­dos. El go­le­ro re­ci­bi­rá una pró­te­sis en un re­cin­to es­pe­cia­li­za­do de Sao Pau­lo, don­de ya ini­ció su reha­bi­li­ta­ción.

- Jack­son, te veo de buen áni­mo. ¿Qué pa­sa por tu ca­be­za a dos me­ses del ac­ci­den­te? - Yo ten­go que in­ten­tar es­tar fe­liz, re­cu­pe­rar la per­so­na que soy. Es­toy se­gu­ro que eso me es­tá ayu­dan­do mu­cho en el tra­ta­mien­to. Sa­be­mos que fue una tra­ge­dia muy gran­de y que re­me­ció a to­do el mun­do. Por lo mis­mo, pre­fie­ro es­tar con la son­ri­sa en el ros­tro, en vez de es­tar tris­te, llo­ran­do. Es­pe­ro te­ner lue­go la pró­te­sis pa­ra ca­mi­nar y ha­cer lo que siem­pre hi­ce en la vi­da.

- Te vi­mos in­clu­so can­tan­do en Rio de Ja­nei­ro, pa­ra el amis­to­so en­tre Brasil y Co­lom­bia en ho­me­na­je al “Cha­pe”. Y to­can­do gui­ta­rra...

- Es que me gus­ta mu­cho la mú­si­ca. Ama­ba el fút­bol y la mú­si­ca des­de pe­que­ño. Fue una lin­da ex­pe­rien­cia can­tar. Sé que a la gen­te le gus­ta oír­me can­tar, pe­ro más me gus­ta es­tar vi­vo.

- ¿Qué sen­tis­te cuan­do te en­tre­ga­ron la Co­pa Su­da­me­ri­ca­na en el amis­to­so an­te Pal­mei­ras?

- Un sen­ti­mien­to úni­co. Yo sa­bía lo im­por­tan­te que era pa­ra to­dos no­so­tros, in­clu­so pa­ra los que se fue­ron. Cla­ro que yo no que­ría que fue­ra de es­ta ma­ne­ra. Ten­go la se­gu­ri­dad de que Dios lo qui­so así, y no nos ca­be a no­so­tros juz­gar, sino com­pren­der. Ten­go la cer­te­za de que es­ta co­pa es pa­ra to­dos los her­ma­nos que es­tán allá arri­ba. - ¿Te pa­re­ce un mi­la­gro es­tar vi­vo jun­to a Ne­to y a tu ami­go Alan?

- Con cer­te­za. Fue un mi­la­gro. Dios nos per­do­nó. Alan es una per­so­na que co­noz­co ha­ce más de diez años, cuan­do es­tu­vi­mos en Ju­ven­tu­de, y me da mu­cha ale­gría te­ner­lo. Ce­le­bro que él es­té vol­vien­do a ha­cer sus ac­ti­vi­da­des pa­ra vol­ver a la can­cha. Eso es una fuer­za ma­yor pa­ra po­der lu­char, co­lo­car­me lue­go la pró­te­sis y cu­rar mi pie izquierdo. Yo qui­sie­ra que es­tu­vie­ran to­dos acá. Le da­mos pa­ra ade­lan­te, pe­ro las ci­ca­tri­ces de­mo­ra­rán en se­car­se. Gra­cias a Dios, na­die es­tá con trau­mas, na­die es­tá ve­ge­tan­do en una ca­ma. - ¿Crees que es­te nue­vo Cha­pe­co­en­se pue­da re­pe­tir el éxi­to de us­te­des?

- Con se­gu­ri­dad. Es un equi­po muy bien en­tre­na­do por el pro­fe­sor Vag­ner (Man­ci­ni). La co­mi­sión téc­ni­ca tu­vo un cui­da­do muy gran­de en ha­cer bue­nas con­tra­ta­cio-

nes (N. de la R: el club in­cor­po­ró a 25 ju­ga­do­res) y ten­go cer­te­za de que ellos van a dar mu­chas ale­grías a nues­tros hin­chas. Te­ne­mos cam­peo­na­tos muy im­por­tan­tes.

- ¿Te ves via­jan­do a Bar­ce­lo­na, ya que fue­ron in­vi­ta­dos a ju­gar el tro­feo Joan Gam­per?

- Si la di­rec­ti­va me lo per­mi­te, se­ría in­creí­ble. El sue­ño de to­da la hin­cha­da es ju­gar con el Bar­ce­lo­na. - ¿Có­mo fue eso de que in­vi­tas­te a Alan Rus­chel a sen­tar­se con­ti­go en el avión?

- Alan es­ta­ba atrás y le pe­dí pa­ra que via­jar jun­to con­mi­go. Es­ta­mos ca­si to­da la se­ma­na jun­tos, al­mor­za­mos jun­tos. Mi no­via es muy ami­ga de la no­via de Alan, en­ton­ces te­ne­mos una pro­xi­mi­dad muy gran­de. Y co­mo te­ne­mos mu­cha cer­ca­nía, le pe­dí pa­ra que se sen­ta­ra a mi la­do por­que Ca­dú Gaú­cho, nues­tro di­rec­tor de­por­ti­vo, ha­bía pe­di­do que los ju­ga­do­res que es­ta­ban al fon­do se sen­ta­ran ade­lan­te pa­ra dejar a la pren­sa ahí, ya que el avión es­ta­ba muy lleno. Fue cuan­do le pe­dí a Alan que se sen­ta­ra a mi la­do pa­ra con­ver­sar, es­cu­char mú­si­ca. - ¿Esa coin­ci­den­cia le sal­vó la vi­da? - No sa­be­mos. Ra­fael Hen­zel (úni­co pe­rio­dis­ta so­bre­vi­vien­te) que es­ta­ba sen­ta­do atrás tam­bién se sal­vó. Bruno Ran­gel, que es­ta­ba de­lan­te mío, fa­lle­ció. Ne­to, que es­ta­ba cer­ca mío tam­bién se sal­vó. - ¿Se va­lo­ra de otra for­ma la vi­da?

- Cla­ro. Aho­ra bus­co va­lo­rar las co­sas sim­ples de la vi­da. Yo lle­vo ca­si dos me­ses sin co­lo­car el pie en el sue­lo y mi ma­yor sue­ño hoy es po­der ca­mi­nar, ir so­lo al ba­ño, ha­cer esas co­sas sim­ples. Yo vi­vo con mi no­via, y mis pa­pás es­tán aquí en Cha­pe­có con­mi­go. Me acom­pa­ña­ron in­clu­so en Co­lom­bia. - ¿Có­mo se­rá tu reha­bi­li­ta­ción?

- Me que­da­ré dos se­ma­nas en Sao Pau­lo. Des­pués ten­dré que ir unas cua­tro ve­ces de nue­vo. De­be­ría es­tar bien en unos tres me­ses. De­bo te­ner mu­cha pa­cien­cia y Dios me la es­tá dan­do, me de­jó que­dar­me tran­qui­lo to­do es­te tiem­po. Es­tu­ve dos me­ses en los hos­pi­ta­les y que­rien­do o no, lo pu­de so­por­tar de la me­jor for­ma po­si­ble. - ¿Te gus­ta­ría par­ti­ci­par en unos Jue­gos Pa­ra­lím­pi­cos?

- Pien­so, pien­so, pien­so. Pe­ro to­do a su de­bi­do tiem­po. Con el pa­sar del tiem­po ve­re­mos qué pa­sa, pe­ro pien­so que no pue­do dar­le la es­pal­da al de­por­te y quie­ro tra­tar de ha­cer lo que Dios me per­mi­ta. Por lo mis­mo voy a bus­car ha­cer va­rios de­por­tes, por­que sé que me ha­ce bien y, quién sa­be, oja­lá par­ti­ci­par en unos Jue­gos Pa­ra­lím­pi­cos. - ¿Qué sen­ti­mien­to tie­nes por el pue­blo co­lom­biano?

- So­lo ten­go gra­ti­tud. El pue­blo co­lom­biano fue sen­sa­cio­nal, nos aco­gió muy bien. Yo creía que era un país pe­li­gro­so, por esas co­sas que se es­cu­chan. Es­tu­ve 15 días allá y só­lo de­bo agra­de­cer a las per­so­nas que iban al hos­pi­tal a sa­ber de no­so­tros, que re­za­ban. Pa­re­cía que el ac­ci­den­te les ha­bía ocu­rri­do a ellos. Cuan­do sa­lí del hos­pi­tal, los en­fer­me­ros y los mé­di­cos se sa­ca­ban fotos con­mi­go. Eso lo voy a lle­var el res­to de mi vi­da. Hoy ten­go cer­te­za que Co­lom­bia es un gran país y lo con­si­de­ro mi se­gun­da pa­tria. Y Atlé­ti­co Na­cio­nal de Me­de­llín, mi se­gun­do equi­po.

“Yo lle­vo dos me­ses sin po­ner el pie en el sue­lo y mi ma­yor sue­ño es ha­cer co­sas sim­ples co­mo ca­mi­nar o ir so­lo al ba­ño”.

Alan Rus­chel lle­va en si­lla de rue­das a su ami­go Jack­son Foll­mann. Am­bos so­bre­vi­vie­ron al ac­ci­den­te.

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