¿Por qué los fi­na­les de las te­le­se­ries es­tán tan fo­mes?

Da­nie­lla Cas­tagno, guio­nis­ta de más de diez pro­duc­cio­nes, apun­ta a la edi­ción de los ca­pí­tu­los. “El fac­tor enig­ma se pier­de”, ex­pli­ca.

La Hora - - Tiempo Libre - Fe­li­pe Mo­ra­les L.

En el úl­ti­mo ca­pí­tu­lo de Ángel Ma­lo, Ni­ce (Ca­ro­li­na Arre­gui) mu­rió tras da a luz; en Amo­res de Mer­ca­do, el que­ri­do Pe­llu­co (Ál­va­ro Ru­dolphy) per­dió la vi­da tras re­ci­bir un dis­pa­ro; en El se­ñor de la Que­ren­cia, Ju­lio Mi­los­tich aca­bó con ca­si to­do el elen­co en el desen­la­ce de la tra­ma. Pe­ro en los úl­ti­mos años, los fi­na­les de la te­le­se­ries han des­per­ta­do la in­dig­na­ción de los es­pec­ta­do­res. La mo­les­tia no só­lo pa­sa por la cor­ta du­ra­ción de los epi­so­dios (me­nos de 25 mi­nu­tos), sino que el fac­tor sor­pre­sa sim­ple­men­te no exis­te. ¿Qué pasó en el ca­mino?

Cu­rio­sa­men­te una de las le­van­tó en pri­me­ra ins­tan­cia la voz fue la guio­nis­ta Da­nie­lla Cas­tagno, quien el 2014 pi­dió dis­cul­pas pú­bli­cas a los es­pec­ta­do­res de Vuelve tem­prano (TVN) por el pé­si­mo fi­nal de la his­to­ria. “Pa­ra mí, co­mo es­cri­to­ra, cor­tar un ca­pí­tu­lo es mu­ti­lar­lo por­que uno los ha­ce co­mo una es­truc­tu­ra, desa­rro­llo y re­ma­te. Uno su­fre con los cor­tes. Pe­ro bueno, son de­ci­sio­nes que no pa­san por uno y yo me sien­to sú­per tran­qui­la por­que no es­ta­fé a na­die”, di­jo en aquel en­ton­ces, y aho­ra, tras el fi­nal de Ám­bar (Mega), tam­bién de su au­to­ría, el diag­nós­ti­co es pa­re­ci­do.

“Uno desa­rro­lla una es­truc­tu­ra, tra­tan­do de de­jar un gra­do de sus­pen­so ha­cia el fi­nal. Por eso da pe­na que ca­pí­tu­los de 45 mi­nu­tos que­den en 20 o en me­nos, per­dien­do el fac­tor enig­ma que la gen­te es­pe­ra”, ex­pli­ca a La Ho­ra.

“Con el fi­nal de Ám­bar (que mar­có un peak de 26 pun­tos el pa­sa­do lu­nes), que­dé con­ten­ta por­que se mos­tró có­mo una ma­dre (Si­grid Ale­gría) op­ta­ba por su hi­ja pa­ra ser fe­liz. Si bien que­dó con po­lo­lo (Gonzalo Valenzuela), op­tó por una re­la­ción puer­tas afue­ra, lo que ha­bla del ti­po de fa­mi­lias que hoy hay en la so­cie­dad. Pe­ro es cier­to, la gen­te es­tá en el de­re­cho de es­tar dis­con­for­me, por­que la par­te de ma­yor dra­ma­tis­mo, que era el se­cues­tro de la ni­ña por par­te de su pa­pá (Ál­va­ro Mo­ra­les) se vio en los ca­pí­tu­los an­te­rio­res, anu­lan­do el ner­vio­sis­mo del fi­nal”, di­ce.

-¿Co­mo guio­nis­tas, re­cla­man an­te la edi­ción de los ca­pí­tu­los?

-El cor­te no se da só­lo en los ca­pí­tu­los fi­na­les, sino que du­ran­te gran par­te de la te­le­se­rie. Por lo tan­to, es­ta­mos tra­ba­jan­do en, qui­zás, es­cri­bir ca­pí­tu­los más cor­tos pa­ra ade­cuar­nos a lo que se ve en pan­ta­lla. Ten­go la suer­te de que la Que­na Ren­co­ret (di­rec­to­ra del Área dra­má­ti­ca de Mega) es­tá abier­ta a es­cu­char nues­tras pro­pues­tas. Pe­ro tam­bién en­tien­do que so­mos par­te de un tren pro­gra­má­ti­co que bus­ca con­so­li­dar­se. Y pun­tos de peak lo­gró Ám­bar en su fi­nal, pe­se a las crí­ti­cas. así co­mo ha­bía es­pa­cio pa­ra el fi­nal de Ám­bar, tam­bién de­bía­mos com­par­tir la pan­ta­lla con el es­treno de Tran­qui­lo pa­pá. In­clu­so cues­tio­né por qué el desen­la­ce de Ám­bar que­dó fi­ja­do pa­ra las 19.30 ho­ras, cuan­do su ho­ra­rio tra­di­cio­nal era a las 20.15. Qui­zás to­dos que­re­mos ser es­tre­llas, pe­ro el cie­lo no al­can­za pa­ra to­dos.

-A los cor­tes en la edi­ción, se su­ma la al­ta exi­gen­cia de los es­pec­ta­do­res.

-No re­cuer­do que la gen­te ha­ya que­da­do del to­do fe­liz con un fi­nal. Si hay ma­tri­mo­nio, di­cen que es lo mis­mo de siem­pre. Si no hay ma­tri­mo­nio, pre­gun­tan por qué no hu­bo. Es­cri­bir un fi­nal es di­fí­cil por­que la gen­te se en­ca­ri­ña con los per­so­na­jes y quie­re un buen desen­la­ce pa­ra to­dos. Pe­ro es com­ple­jo. Y cuan­do el fac­tor enig­ma se pier­de, lo es aún más.

di­vi­dió su epi­so­dio fi­nal en 4 par­tes.

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