“Yer­ko es mi hi­jo dís­co­lo”

El ac­tor ha­bla de las lu­ces y som­bras del per­so­na­je con el que por es­tos días pre­pa­ra una gi­ra por ca­si­nos. “Mu­chas ve­ces ten­go que de­cir co­sas con las que no es­toy de acuer­do”, afir­ma.

La Hora - - Tiempo Libre - Ignacio Sil­va

El tem­blor 6,9 que es­te lu­nes se sin­tió en el cen­tro de Chi­le tu­vo una con­no­ta­ción es­pe­cial pa­ra Daniel Al­caíno. “Cuan­do ca­cha­mos que la cues­tión no era te­rre­mo­to y no pa­só a ser tra­ge­dia, nos que­da­mos mi­ran­do con (el li­bre­tis­ta) Jor­ge Ló­pez y di­ji­mos: ‘¡Te­ne­mos li­bre­to!’”, ex­pli­ca en tono de bro­ma el ac­tor, que ha­ce ca­si dos dé­ca­das per­so­ni­fi­ca al áci­do Yer­ko Pu­chen­to.

Con esa anéc­do­ta, Al­caíno gra­fi­ca la ri­gu­ro­si­dad que im­pli­ca su per­so­na­je, con el que ade­más de apa­re­cer to­dos los jue­ves en Vér­ti­go, por es­tos días pre­pa­ra una gi­ra por ca­si­nos que el sá­ba­do 6 de ma­yo lo ten­drá en En­joy San­tia­go (en­tra­das des­de $12.000 en Pun­to­tic­ket). “An­tes in­clu­so de preo­cu­par­nos nos ima­gi­ná­ba­mos có­mo co­rría Ba­che­let pa’ un la­do, Ca­niu­lef pa’l otro. To­das esas co­sas te dan po­si­bi­li­da­des y no hay que de­jar­las es­ca­par”, di­ce.

-¿Hay mo­men­tos en que te abu­rre esa di­ná­mi­ca?

-Ob­via­men­te hay cues­tio­na­mien­tos y mo­men­tos en que di­go a dón­de voy con es­te per­so­na­je, cuán­tos años lle­vo. Pero tam­bién es un ha­la­go, por­que pa­ra un ac­tor el echar a an­dar un per­so­na­je, dar­le vi­da, es co­mo un hi­jo que an­da por ahí y que uno no le pue­de apli­car el pen­sa­mien­to de uno, las creen­cias po­lí­ti­cas, re­li­gio­sas ni opi­nio­nes. Mu­chas ve­ces con Yer­ko ten­go que de­cir co­sas con las que no es­toy de acuer­do co­mo ac­tor o co­mo per­so­na. Y eso es lo en­tre­te­ni­do, por­que es un desafío.

-¿Y por qué Yer­ko si­gue vi­vo tras 18 años?

-Es que por un la­do nos res­pal­da el ra­ting, la sin­to­nía y por otro es­tá lo que su­ce­de en el es­tu­dio y en ca­da es­ce­na­rio en el que es­ta­mos, que es efer­ves­cen­te. Ade­más el per­so­na­je es­tá ha­cien­do lo que tie­ne que ha­cer, que es que la gen­te se ría de la con­tin­gen­cia, que sea la voz de los sin voz.

-¿Sien­tes que co­mo ac­tor te ha en­ca­si­lla­do?

-No, yo co­mo ac­tor siem­pre he lo­gra­do, co­mo de­cía el Willy Sem­ler, ser ma­ní con­fi­ta­do y ma­ní sa­la­do. Es sú­per di­fí­cil ha­cer un hu­mor y to­mo co­mo un ha­la­go que la gen­te se ría y acep­te el per­so­na­je.

-Tú eres hin­cha de Co­lo Co­lo, pero Yer­ko ha sa­li­do con la ca­mi­se­ta de la U. ¿Có­mo se sien­te eso?

-Es que ahí a ve­ces tran­sa­mos. Jor­ge Ló­pez es fa­ná­ti­co de la U y yo soy fa­ná­ti­co del Co­lo, pero hay si­tua­cio­nes co­mo cuan­do fue Pa­re­des a Vér­ti­go que le re­ga­la­mos una fo­to de Pi­no­chet por la ta­lla que los de la U siem­pre le echan a los del Co­lo, y él me la echa a mí. A mí me mo­les­ta, pero en el mo­men­to que es­toy ahí es lo que más le con­vie­ne al es­pec­tácu­lo, por­que Yer­ko siem­pre se aco­mo­da al equi­po que ga­na, así que es la li­ber­tad que nos da el per­so­na­je. Es el hi­jo dís­co­lo que te­ne­mos con Jor­ge.

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