Car­los Fon­se­ca pre­pa­ra un li­bro y re­cuer­da los años del boom del pop chi­leno

Car­los Fon­se­ca, ma­yor­men­te co­no­ci­do co­mo el des­cu­bri­dor de Los Pri­sio­ne­ros, pre­pa­ra un li­bro. Hoy, cuan­do tra­ba­ja co­mo má­na­ger de Manuel García, mi­ra su his­to­ria y re­cuer­da el boom del pop chi­leno de los ochen­ta, del cual fue ar­tí­fi­ce.

La Hora - - News - Tex­to Ar­tu­ro Fi­gue­roa B. Fo­to­gra­fía Ga­briel Ga­ti­ca Re­yes

El lu­gar que es­co­gió pa­ra es­ta con­ver­sa­ción tie­ne una enor­me car­ga sim­bó­li­ca pa­ra Car­los Fon­se­ca. Allí, en el Drugs­to­re de Pro­vi­den­cia, man­tu­vo du­ran­te vein­te años la dis­que­ría Fu­sión, epi­cen­tro del boom del “nue­vo pop chi­leno” de los años 80 y ca­sa de Los Pri­sio­ne­ros: allí gra­ba­ron los de­mos de La voz de los 80, ese dis­co de­but que re­vo­lu­cio­nó to­do.

“Sí, fue ahí, en el se­gun­do pi­so”, in­di­ca quien hoy es má­na­ger y pro­duc­tor ar­tís­ti­co del

can­tau­tor Manuel García. “Lo hi­ci­mos con equi­pos ca­se­ros y que­dó bue­ní­si­mo. Esas gra­ba­cio­nes es­tán dan­do vuel­tas por ahí”, cuen­ta.

-Ha­ce trein­ta años, lue­go de ese ve­rano en que Upa! es­tu­vo en el Fes­ti­val de Vi­ña, el rock la­tino co­men­zó a des­apa­re­cer de las ra­dios chi­le­nas. ¿Qué pa­só?

-Sien­to que lo que pa­sa­ba te­nía mu­cho que ver con el éxi­to de Los Pri­sio­ne­ros. El he­cho de que la EMI fue­ra prác­ti­ca­men­te el úni­co se­llo que pu­bli­ca­ba dis­cos de rock chi­leno era por­que Los Pri­sio­ne­ros le da­ban los re­cur­sos pa­ra ha­cer­los. Y ese año ellos sa­ca­ron

La cul­tu­ra de la ba­su­ra, un dis­co flo­jo pa­ra lo que lo­gró el an­te­rior, Pa­tean­do pie­dras. En el en­torno, tam­bién em­pe­zó el de­ba­te po­lí­ti­co y si has­ta ese mo­men­to ha­bían pa­sa­do inad­ver­ti­dos por la dic­ta­du­ra, en 1987 Los Pri­sio­ne­ros ya eran uno de sus enemi­gos. Em­pe­zó un boi­cot que nos im­pi­dió tra­ba­jar, se nos de­ne­ga­ron per­mi­sos pa­ra la gi­ra que hi­ci­mos con ese dis­co. Por úl­ti­mo, la gen­te em­pe­zó a con­su­mir más mú­si­ca la­ti­na, mo­vi­da por los se­llos dis­co­grá­fi­cos mul­ti­na­cio­na­les, es­pa­ño­les y me­xi­ca­nos a los que no les in­tere­sa­ba la pro­li­fe­ra­ción de las crea­cio­nes sud­ame­ri­ca­nas. -¿Có­mo ves aho­ra esa ca­ma­da de gru­pos que gra­ba­ron uno o dos dis­cos?

-Hay cin­co gru­pos que se me vie­nen a la men­te, fá­cil: Apa­ra­to Ra­ro, Emo­cio­nes Clan­des­ti­nas, Vie­na, Elec­tro­do­més­ti­cos y Upa! Si la in­dus­tria no fue­ra tan di­fí­cil, po­drían se­guir crean­do hoy con ca­rre­ras es­ta­bles, por­que eran muy bue­nos.

-¿El pop chi­leno fue apo­ya­do por la dic­ta­du­ra pa­ra eva­dir a la ju­ven­tud, que em­pe­za­ba a pro­tes­tar, o no fue co­mo di­ce el mi­to?

-En el ca­so de Los Pri­sio­ne­ros ob­via­men­te no. Sí ha­bía in­te­rés en que mu­chas de esas ban­das sur­gie­ran pa­ra in­vi­si­bi­li­zar a Los Pri­sio­ne­ros. De he­cho hu­bo mu­chos fon­dos pa­ra or­ga­ni­zar even­tos a los que nun­ca es­tu­vie­ron in­vi­ta­dos. En el mains­tream es­ta­ban otras ban­das, co­mo Ci­ne­ma o En­gru­po.

-Tu dis­que­ría, Fu­sión, ju­gó un rol cla­ve en abrir oí­dos a esa ge­ne­ra­ción.

-Ese re­cuer­do me gus­ta mu­cho. Has­ta hoy me sor­pren­de mu­cho al­gu­na gen­te que me lo men­cio­na, esa in­fluen­cia. Ge­ne­ra­mos una co­mu­ni­dad, ayu­da­mos a gen­te a en­con­trar mú­si­ca que no es­ta­ba en otros la­dos. Y co­mo pro­duc­to­ra fue muy im­por­tan­te, pues des­de ahí lan­za­mos Los Pri­sio­ne­ros y a los otros gru­pos. No ha­bía una es­ce­na: Fu­sión era la es­ce­na. -¿Cuán­tos años te­nías cuan­do abris­te Fu­sión?

-Die­ci­nue­ve.

-Qué de­ter­mi­na­ción, tan chi­co.

-Por mis her­ma­nos ma­yo­res, des­de muy chi­co me gus­ta­ba la mú­si­ca. Co­mo ado­les­cen­te, un día di­je voy a de­di­car­me a ha­cer al­go con es­to. Y siem­pre me gus­tó la di­fu­sión: le mos­tra­ba dis­cos a to­do el mun­do. -¿Nun­ca te pi­có el bi­chi­to de to­car?

-Ce­ro. Es­tu­dié flau­ta tra­ver­sa pa­ra en­trar a la uni­ver­si­dad (Li­cen­cia­tu­ra en Mú­si­ca). Lo hi­ce unos dos años, tres, pe­ro des­pués de­jé. -¿Nun­ca gra­bas­te al­go pa­ra al­guno de los dis­cos que pro­mo­vis­te?

-No... bueno, al­gu­nos co­ros por ahí, pe­ro no es­tán acre­di­ta­dos.

-¿En qué dis­cos?

-No, eso no te lo voy a de­cir. En un par, por ahí. Uno de Los Pri­sio­ne­ros y uno de Manuel García. Eso no más.

-Si la vi­da de un mú­si­co es eco­nó­mi­ca­men­te ines­ta­ble, ¿có­mo es la de un má­na­ger?

-Uno li­dia con dis­tin­tos in­gre­sos que vas te­nien­do, con pla­ta que se va jun­tan­do, con cré­di­tos y te­nien­do ar­tis­tas que sean exi­to­sos. Mi tra­yec­to­ria, a di­fe­ren­cia de otros, em­pe­zó muy arri­ba y lo­gré co­sas gran­des, lo que ha per­mi­ti­do pen­sar en gran­de.

En el Drugs­to­re de Pro­vi­den­cia, don­de tu­vo su his­tó­ri­ca dis­que­ría Fu­sión, Fon­se­ca po­sa. Agra­de­ci­mien­tos a la tien­da Need­le Vi­ni­los.

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