La de­ca­na de la Fu­ria Ro­ja

Es­ta hin­cha ha pa­sa­do 60 años de su vi­da sen­ta­da en el mis­mo sec­tor del San­ta Lau­ra, apo­yan­do a Unión Es­pa­ño­la. El club his­pano ce­le­bra hoy su cum­plea­ños 120.

La Hora - - Deportes - Fran­cis Me­lla Ro­me­ro

Tie­ne 70 años y es una de las hin­chas más fie­les de Unión Es­pa­ño­la. Se tra­ta de Te­re­sa Fluxá, uno de los ba­luar­tes del club que hoy cum­ple 120 años de vi­da.

Pe­se a que su pa­dre era es­pa­ñol, no fue él quien le in­cul­có el amor por Unión. To­do co­men­zó cuan­do un ve­cino, que lue­go se con­vir­tió en su cu­ña­do, em­pe­zó a lle­var­la al es­ta­dio cuan­do te­nía po­co más de diez años, y des­de ahí nun­ca más de­jó de la­do su pa­sión.

“Ade­más del fút­bol, el bás­quet­bol tam­bién me gus­ta mu­cho. Hu­bo un tiem­po en que la ra­ma de bás­quet lo­gra­ba to­do, más de diez años que fue­ron mu­chos tí­tu­los se­gui­dos. Al es­ta­dio ven­go más o me­nos des­de el año 59”, ex­pli­ca a

La in­sig­ne hin­cha se pa­sea por los re­co­ve­cos del Es­ta­dio San­ta Lau­ra-Uni­ver­si­dad SEK co­mo due­ña de ca­sa. Co­no­ce to­dos los rin­co­nes y a los fun­cio­na­rios, que la tra­tan con mu­cho ca­ri­ño. In­clu­so, el club le dio una tar­je­ta en el 2010 pa­ra ha­cer­la so­cia ho­no­ra­ria. Ade­más, via­ja a to­dos los par­ti­dos del club por to­do Chi­le arri­ba de un bus.

La Ho­ra. -¿Có­mo ha si­do su vi­da en San­ta Lau­ra y re­co­rrien­do Chi­le con Unión?

-Mi cu­ña­do fa­lle­ció y yo siem­pre se­guí vi­nien­do so­la al es­ta­dio. En ese tiem­po no via­ja­ba, so­lo a Val­pa­raí­so, y aun así era di­fí­cil lle­gar allá. Tiem­po des­pués, me fui a vi­vir a Ca­la­ma y ahí fue muy di­fí­cil se­guir yen­do al es­ta­dio, só­lo lo ha­cía un par de ve­ces.

-¿En ese tiem­po se­guía sien­do so­cia?

-Sí, de to­das ma­ne­ras. Siem­pre pa­gué mis cuo­tas de so­cia, in­clu­so cuan­do no ve­nía al es­ta­dio. Pa­ra mí lo más im­por­tan­te era ser so­cia del club.

-¿Y cuan­do la Unión ba­jó a Pri­me­ra B?

- Ahí via­ja­ba in­clu­so con mis hi­jas. El par­ti­do con­tra An­to­fa­gas­ta, en el que la Unión ba­jó, no­so­tras es­tá­ba­mos ahí y fue te­rri­ble.

-¿Por qué si­gue via­jan­do en bus a al­gu­nos lu­ga­res si a ve­ces sa­le más con­ve­nien­te en avión?

- Me gus­ta, por mo­ti­vos eco­nó­mi­cos y ade­más por­que lle­go al cen­tro de la ciu­dad. En avión es dis­tin­to, hay que to­mar ta­xi pa­ra lle­gar al cen­tro y al fi­nal no sa­le tan con­ve­nien­te. Voy, veo el par­ti­do y me de­vuel­vo.

-¿In­clu­so cuan­do va a Ari­ca, que son más de 27 ho­ras de via­je?

-Sí. Yo no voy a tu­ris­tear, no sir­vo pa­ra eso. Só­lo voy a ver a la Unión. Lo nor­mal es que via­je so­la, a ve­ces allá me jun­to con otros hin­chas, ge­ne­ral­men­te en el es­ta­dio, pe­ro los que via­jan son más jó­ve­nes y yo no ten­go na­da que ha­cer en me­dio de ellos.

-¿Y fue­ra de Chi­le?

- Fui a Ar­gen­ti­na.. Vi a Unión con­tra Bo­ca, San Lo­ren­zo y Ne­well’s.

-En San­ta Lau­ra, us­ted siem­pre va al sec­tor de ca­ma­ri­nes lue­go de los par­ti­dos.

-Des­de chi­ca ha­go eso. Cuan­do ve­nía con mi ve­cino él ayu­da­ba con las es­ta­dís­ti­cas y va­rias co­sas en el club, por lo que te­nía que es­pe­rar­lo has­ta el fi­nal. Cuan­do ya ve­nía so­la se­guí ha­cién­do­lo, co­mo una tra­di­ción.

-¿Cuál es el par­ti­do más tris­te que re­cuer­da? ¿Ha llo­ra­do por Unión?

-No soy tan­to de llo­rar, me­nos en las ad­ver­si­da­des. In­clu­so cuan­do ba­ja­mos no lo hi­ce. En cam­bio, sí he llo­ra­do por un tí­tu­lo, el del 73’ por ejem­plo, por­que lo vi­ví so­la. Se ju­gó en Te­mu­co y yo no via­jé, era muy le­jos pa­ra mí en ese tiem­po. Es­cu­cha­ba la ra­dio y cuan­do sa­li­mos cam­peo­nes, yo co­rría y gri­ta­ba por las ca­lles co­mo lo­ca. Na­die me en­ten­día... fue te­rri­ble no te­ner a na­die a quien abra­zar de fe­li­ci­dad.

-¿Qué es lo que más le gus­ta del San­ta Lau­ra?

- Es que yo por ejem­plo no ven­go a co­mer, ni a ha­cer vi­da so­cial. Yo al es­ta­dio ven­go a ver fút­bol. No co­mo ni ma­ní. Siem­pre me sien­to en el mis­mo sec­tor del es­ta­dio en tri­bu­na, don­de mis­mo me he sen­ta­do siem­pre, cuan­do era de ma­de­ra y aho­ra. De ahí veo bien el fút­bol.

-¿Pa­ra us­ted, cuál es el ver­da­de­ro clá­si­co de Unión?

- El Au­dax fue en un ini­cio, por las ri­va­li­da­des de es­pa­ño­les e ita­lia­nos. Pa­ra mí el equi­po al que hay que ga­nar­le co­mo sea es la Ca­tó­li­ca, por mu­chas co­sas. So­bre to­do por sus hin­chas, que pa­ra mí son los más gro­se­ros, in­so­len­tes y pe­sa­dos. La se­gun­da co­sa que me ha­ce más fe­liz, des­pués de que ga­ne Unión, es sa­ber que Ca­tó­li­ca per­dió. Co­mo de­cía un ami­go, si le ga­nas a Ca­tó­li­ca es tri­ple sa­tis­fac­ción: ga­nó Unión, per­dió Ca­tó­li­ca y fui­mos no­so­tros los que los hi­ci­mos per­der. Lo mis­mo di­go yo.

“Cuan­do via­jo yo no voy a tu­ris­tear, no sir­vo pa­ra eso. Voy, veo el par­ti­do y me de­vuel­vo”. “No voy a ha­cer vi­da so­cial al es­ta­dio. No co­mo ni ma­ní. Me sien­to don­de mis­mo, cuan­do era de ma­de­ra y aho­ra”.

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