La mi­ra­da de An­to­nia Ze­gers

La ac­triz ha­bla de las ala­ban­zas a la cin­ta Los pe­rros en Can­nes pe­ro to­ma dis­tan­cia del éxi­to: “Le tengo mie­do a esa pa­la­bra”.

La Hora - - News - Ig­na­cio To­bar Ga­briel Ga­ti­ca Re­yes Tex­tos Fo­to­gra­fía

Hay tres co­sas que con­vie­ne sa­ber de An­to­nia Ze­gers. Uno, no se da ín­fu­las de es­tre­lla. Dos, ha es­ta­do en las úl­ti­mas y más aplau­di­das pe­lí­cu­las chi­le­nas. Y tres, no cree en las eti­que­tas ni en los pre­jui­cios. Es, en esen­cia, una mu­jer cu­rio­sa, in­quie­ta y ri­sue­ña. Con opi­nión. Con mi­ra­da, de ojos tur­que­sa.

Mon­ta­da en su bi­ci­cle­ta lle­ga al ca­fé Dé­li­ce de To­ba­la­ba y cru­za la mam­pa­ra de vi­drio con la mis­ma sol­tu­ra y sen­ci­llez con la que el mes pa­sa­do se pa­seó por Can­nes pre­sen­tan­do la pe­lí­cu­la Los pe­rros, de Mar­ce­la Said, que la tie­ne en­can­ta­da y que es­tre­na en Chi­le el se­gun­do se­mes­tre de este año. Sa­lu­da y pi­de té or­gá­ni­co sin azú­car. “Voy a ha­blar fuer­te para que se es­cu­che, hay har­ta bu­lla”, di­ce.

Ha­ce unos días es­ta­ba en el fes­ti­val fran­cés dan­do ho­ras y ho­ras de en­tre­vis­tas para, co­mo ella di­ce, em­pu­jar la pe­lí­cu­la en la que in­ter­pre­ta a Ma­ria­na, una mu­jer abur­gue­sa­da y cu­rio­sa que se sien­te atraí­da por un ex mi­li­tar in­vo­lu­cra­do en vio­la­cio­nes a los de­re­chos hu­ma­nos.

“Yo creo que Los pe­rros es una pe­lí­cu­la in­so­len­te y am­bi­gua en los te­mas va­ló­ri­cos. No jus­ti­fi­ca pe­ro tam­po­co juz­ga, no ubi­ca a los per­so­na­jes don­de de­bie­ran ir y eso ya es in­so­len­te. Ma­ria­na es hi­ja de un em­pre­sa­rio de de­re­cha po­de­ro­so, su ma­ri­do es un ar­gen­tino tra­ba­jó­li­co y su en­torno tan mas­cu­lino le exi­ge te­ner un hi­jo. Ella tie­ne una ga­le­ría de ar­te pe­ro de a po­co se ve que su reali­dad es más ab­yec­ta”, cuen­ta. El mun­do de su per­so­na­je se quie­bra al en­con­trar­se con el de Al­fre­do Cas­tro, un pro­fe­sor de equi­ta­ción y ex co­ro­nel.

“A Ma­ria­na le atrae este hom­bre y cuan­do co­mien­zan a acer­car­se se co­rre el tu­pi­do ve­lo, se da cuen­ta de que

su pa­pá es un cóm­pli­ce pa­si­vo de la dic­ta­du­ra. Que ayu­dó co­mo un mon­tón de ci­vi­les ayu­da­ron y hoy es­tán có­mo­dos con su con­cien­cia, por­que di­cen yo pres­té unos ca­mio­nes no­más.

Aho­ra qué se hi­zo en esos ca­mio­nes, bueno no sé”, ex­pli­ca la ac­triz. -¿Los mi­li­ta­res pa­ga­ron el pa­to?

-Los pe­rros, la pri­me­ra lí­nea. Cuan­do la Mar­ce­la (Said) hi­zo el do­cu­men­tal El mo­ci­to, que para mí es una obra maes­tra, to­mó cla­ses de equi­ta­ción, por­que el mo­ci­to le ha­bló de este per­so­na­je que lo ha­bía lle­va­do a él a ese cuar­tel de Si­món Bolívar y que ha­cía cla­ses. Y ahí, en pa­ra­le­lo, co­men­zó a ar­mar Los pe­rros. A ella le ca­yó bien el vie­jo mi­li­tar y la gen­te em­pe­zó a juz­gar­la por eso. Y ese jui­cio so­cial la lle­vó a la pre­gun­ta que se ha­ce es­ta pe­lí­cu­la: quién es­ta libre de pol­vo y pa­ja, quié­nes son los bue­nos y quié­nes los ma­los. Na­die. To­dos es­tu­vie­ron me­ti­dos. Los

pe­rros de­ja la pan­car­ta de la­do y se ins­ta­la en lu­ga­res más am­bi­guos. El tiem­po es ne­ce­sa­rio para eso. La Mar­ce­la po­ne lí­neas éti­cas muy del­ga­das e in­ter­pe­la mu­cho, por eso la ad­mi­ro. Te po­ne en un lu­gar in­có­mo­do. -Te si­guen las pe­lí­cu­las po­lí­ti­cas:

El club, post mor­tem...

-¡No! Un mes des­pués de ter­mi­nar el ro­da­je de Los pe­rros hi­ce No es­toy

lo­ca con Ni­co­lás Ló­pez y este año tam­bién es­treno Tar­de para mo­rir jo­ven, de Do­min­ga So­to­ma­yor. Pe­ro, cla­ro, el te­ma re­vi­sión his­tó­ri­ca ha si­do fuer­te en mi ca­rre­ra y tam­bién en el tea­tro. Los pue­blos ne­ce­si­tan re­ver­sio­nar o re­vi­si­tar su his­to­ria. Y van re­sig­ni­fi­can­do con el ar­te.

-¿Te sen­tis­te co­mo una es­tre­lla en Can­nes 2017 con la ala­ban­za de me­dios ex­tran­je­ros co­mo Va­riety y The Holly­wood Re­por­ter?

-El pal­mo­ta­zo en la es­pal­da es sú­per ri­co pe­ro lo que im­por­ta es que sir­ve para la dis­tri­bu­ción. La ova­ción en Can­nes sir­ve para ven­der la pe­lí­cu­la. Es­tán las es­tre­llas, la fies­to­ca y to­do, pe­ro Can­nes es un mer­ca­do. Fue­ron tres días de tra­ba­jo para em­pu­jar la pe­lí­cu­la. Con Al­fre­do di­mos sie­te ho­ras se­gui­das de en­tre­vis­tas. Pe­ro es­tre­lla o em­ba­ja­do­ra del ci­ne chi­leno no me creo. La di­plo­ma­cia no es lo mío. A mí no me qui­ta el sue­ño tra­ba­jar con un di­rec­tor equis, tra­ba­jo siem­pre des­de el mis­mo lu­gar. En pro­yec­tos de ami­gos y en los que son bue­nos e in­tere­san­tes y ha­go co­me­dia o dra­ma con las mis­mas ga­nas.

-¿Por qué a pe­lí­cu­las tan aplau­di­das en Europa no les va bien en ta­qui­lla en Chi­le?

-En es­to los chi­le­nos no nos cree­mos la muer­te cuan­do a al­guien le va bien. Si a un ju­ga­dor le va bien es un éxi­to per­so­nal, pe­ro la gen­te tie­ne la ca­mi­se­ta pues­ta y lo sien­te pro­pio tam­bién, es un chau­vi­nis­mo po­si­ti­vo. Pe­ro en el ci­ne no te­ne­mos eso. Y no te­ne­mos mu­cha co­mu­ni­dad.

-Es co­mo el te­ma de los ape­lli­dos y los pre­jui­cios en Chi­le. Qué im­por­ta dón­de na­cis­te y dón­de es­tu­dias­te. Por lo de­más, la co­me­dia es mas po­pu­lar, el ci­ne ar­te nun­ca ha te­ni­do el mis­mo arras­tre que una buena co­me­dia, y es­tá bien. Acá si una pe­lí­cu­la chi­le­na no lle­va no se qué can­ti­dad de pú­bli­co el pri­mer fin de se­ma­na te sa­can de car­te­le­ra an­tes de un mes.

-¿Qué opi­nas de la fra­se “este país es­tá lleno de mons­truos” que di­ce uno de los per­so­na­jes de Los pe­rros?

-Pien­so en Lab­bé, que fue elec­to al­cal­de por vía de­mo­crá­ti­ca dos ve­ces en de­mo­cra­cia. Es de una am­bi­güe­dad alu­ci­nan­te. Gen­te que de­cía él tie­ne mi cua­dri­ta lim­pia y se­gu­ri­dad en la es­qui­na, yo vuel­vo a vo­tar por el y él ve­rá qué ha­ce con su con­cien­cia. Y por qué yo voy a juz­gar a esa gen­te, con qué de­re­cho.

-¿Con tan­to ci­ne te fuis­te de la te­le­vi­sión de­fi­ni­ti­va­men­te?

-Uno nun­ca en es­ta pro­fe­sión se va de nin­gu­na par­te, uno da vuel­tas.

-Los ac­to­res pa­re­cen no sen­tir­se rea­li­za­dos en la te­le.

-Yo creo que hay mu­chos que sí. No tengo nin­gún mal ro­llo con la te­le. Aho­ra se ha­cen más se­ries y en­tien­do la ló­gi­ca de las te­le­se­ries. Aun­que co­mo con­su­mi­do­ra me ale­jé. Ya no veo te­le. -¿Por qué?

-Por in­ter­net. La gen­te ve te­le en el ce­lu­lar. No en­tien­do que to­da­vía se ri­ja el mer­ca­do por el peo­ple me­ter, es un des­fa­se. Esa for­ma de ver el ne­go­cio lo va a ma­tar. Aho­ra, no me pa­re­ce in­te­li­gen­te de­cir que la gen­te es ton­ta por­que ve tal co­sa, es so­ber­bio y erra­do. La úni­ca ver­dad que se me ocu­rre para en­ten­der la te­le es que no la es­ta­mos en­ten­dien­do. -¿Te sien­tes una ac­triz o per­so­na exi­to­sa?

-Le tengo tan­to mie­do a esa pa­la­bra, me car­ga, no po­dría yo de­cla­rar esa cues­tión. No pue­do. Nun­ca he te­ni­do una me­ta, mi ca­rre­ra ha si­do bien aza­ro­sa. Me he sor­pren­di­do con co­sas que ni he bus­ca­do. Me sien­to afor­tu­na­da. He co­no­ci­do gen­te alu­ci­nan­te, he via­ja­do y he po­di­do vi­vir. Y lo me­jor es que nun­ca de­jé de ha­cer tea­tro.

“La pre­gun­ta que se ha­ce Los pe­rros, que tie­ne a este ex co­ro­nel in­vo­lu­cra­do en te­mas de de­re­chos hu­ma­nos, es quién es­ta libre de pol­vo y pa­ja, quié­nes son los bue­nos y quié­nes los ma­los. Na­die.”

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