Ha­cer senderismo en el bos­que de Río Cla­ri­llo

La Hora - - Es Rico El Invierno - Luis Va­len­zue­la O.

Ca­da 1 de enero, la Re­ser­va Na­cio­nal Río Cla­ri­llo con­gre­ga tan­tos vi­si­tan­tes que de­be ce­rrar sus puer­tas cer­ca de las diez de la ma­ña­na. Las fi­las se re­pi­ten el res­to del ve­rano, de­bi­do a su som­bra y áreas de picnic.

El en­cla­ve de la co­mu­na de Pir­que, sin em­bar­go, no es tan so­lo un oa­sis pa­ra arran­car del ca­lor. Oto­ño e in­vierno, cuan­do las tem­pe­ra­tu­ras son más ba­jas, son las épocas más ap­tas pa­ra re­co­rrer sus sen­de­ros.

“En tér­mi­nos es­cé­ni­cos, pa­ra quien le gus­ta el bos­que, es una de las me­jo­res op­cio­nes den­tro de la Re­gión Me­tro­po­li­ta­na. Yo lo re­co­mien­do, siem­pre con las pre­cau­cio­nes que hay que te­ner en la prác­ti­ca del senderismo”, di­ce a Eduar­do Agui­rre, pre­si­den­te de la Fe­de­ra­ción de An­di­nis­mo de Chi­le (Feach).

El sen­de­ro Que­bra­da de los Bue­yes es su tra­mo más exi­gen­te, con 12

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ki­ló­me­tros de ex­ten­sión. “En esa ru­ta hay 24 pun­tos con se­ña­lé­ti­ca, así se re­co­rre ca­si to­do el par­que. Tar­da cer­ca de seis ho­ras”, cuen­ta Jor­ge Ve­ga, en­car­go de la ra­ma de senderismo del Club An­dino We­chu­pún.

Si se asis­te con ni­ños, hay sen­de­ros más aco­ta­dos, co­mo el Ali­wen Mahui­da. “Se re­co­mien­da el equi­pa­mien­to bá­si­co de trekking: cal­za­do de aga­rre y bas­to­nes. Tam­bién agua y ra­ción de mar­cha co­mo de­ci­mos no­so­tros, que son los fru­tos se­cos y ba­rras de ce­real. La ro­pa de abri­go tam­bién es re­le­van­te, pa­ra los mo­men­tos en que uno se de­tie­ne”, aña­de Ve­ga.

Ya en cur­so su trans­for­ma­ción en Par­que Na­cio­nal, se­gún afir­mó el in­ten­den­te Clau­dio Orre­go, Río Cla­ri­llo cuen­ta con di­ver­si­dad de es­pe­cies. Peu­mo, li­tre, qui­llay y lin­gue aso­man en zo­nas del cir­cui­to, pa­ra lue­go dar es­pa­cio al co­lli­guay y el cac­tus.

“Es uno de los po­cos bos­ques me­di­te­rrá­neos que hay en la zo­na cen­tral del país. En es­ta épo­ca, in­clu­so, hay nie­ve en al­gu­nos sec­to­res de la ru­ta. Hay zo­nas que se pa­re­cen mu­cho a lo que uno ve en bos­ques del sur”, ma­ni­fies­ta el ex­per­to del Club An­dino We­chu­pún.

El gran re­qui­si­to, coin­ci­den sus vi­si­tan­tes, es ma­dru­gar. La re­ser­va abre sus puer­tas a las 8.30 ho­ras y cie­rra a las 18 ho­ras, de mo­do que es im­pres­cin­di­ble sa­lir tem­prano de la ciu­dad. Des­de la es­ta­ción de me­tro Pla­za de Puen­te Al­to son 17,3 km has­ta la en­tra­da de la Re­ser­va, que se pue­den cu­brir en cua­ren­ta mi­nu­tos en trans­por­te pú­bli­co.

“Es uno de los po­cos bos­ques me­di­te­rrá­neos en la zo­na cen­tral (...) Hay zo­nas que se pa­re­cen mu­cho a lo que uno ve en bos­ques del sur”.

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