Ro­ger Fe­de­rer se co­ro­na por oc­ta­va vez en Wim­ble­don

A días de cum­plir 36 años, ob­tu­vo su se­gun­do Grand Slam del año y se al­zó co­mo el más ga­na­dor en la hier­ba lon­di­nen­se.

La Hora - - Portada - Ga­briel Ar­ce G.

En sus 140 edi­cio­nes, Wim­ble­don mar­ca la his­to­ria del tenis. Lo ha­bía he­cho con el bri­tá­ni­co Wi­lliam Rens­haw, re­fe­ren­te de los co­mien­zos del de­por­te blan­co en el si­glo die­ci­nue­ve. Lue­go lle­gó el turno de Pe­te Sam­pras, quien he­ge­mo­ni­zó el cir­cui­to en los años no­ven­ta. Am­bos se al­za­ron con sie­te tro­feos en Londres pa­ra mar­car épo­ca. Sin em­bar­go, aho­ra La Ca­te­dral tie­ne un úni­co rey: el sím­bo­lo del si­glo vein­tiuno, Ro­ger Fe­de­rer (5°).

El ca­mino del me­jor te­nis­ta de la his­to­ria ha cre­ci­do jun­to al abier­to bri­tá­ni­co. Con 16 años se con­sa­gró ahí co­mo ju­nior y, cuan­do pen­sa­ba que no po­dría vi­vir del tenis, dio el ba­ta­ca­zo en 2001 al ven­cer a Sam­pras, mien­tras dos años más tar­de con­se­guía su pri­mer título gran­de en la hier­ba.

Ayer, el sui­zo lle­ga­ba tras au­sen­tar­se en to­da la tem­po­ra­da de ar­ci­lla. Pe­se a en­trar en la fi­nal sin ce­der sets, te­nía al fren­te a Ma­rin Ci­lic (6°), su ver­du­go en las se­mi­fi­na­les del US Open de 2014.

EL LLAN­TO DE CI­LIC

A la can­cha cen­tral del All En­gland Ten­nis Club sal­ta­ron dos ju­ga­do­res con la mis­ma estrategia: do­mi­nar con el ser­vi­cio, cas­ti­gar de de­re­cha y de­fi­nir el pun­to a la mí­ni­ma chan­ce. Ese mis­mo par­ti­do se vi­vió en las se­mis del US Open tres años an­tes, lu­gar don­de el croa­ta eje­cu­tó de me­jor for­ma el guión. Sin em­bar­go, eso ja­más pe­só en la men­te de Fe­de­rer.

El co­mien­zo en La Ca­te­dral es­tu­vo muy dispu­tado y Ci­lic bus­ca­ba do­ble­gar al de Ba­si­lea, que con­tes­ta­ba con la mis­ma agre­si­vi­dad. Pe­ro co­mo tan­tas ve­ces, Fe­de­rer fue me­jor en los pun­tos cla­ve y rom­pió el ser­vi­cio del bal­cá­ni­co pa­ra que­dar­se con el pri­mer parcial.

El ím­pe­tu de Ci­lic tam­bién se que­bró y, con ello, lle­ga­ron las do­len­cias y la an­gus­tia. En la mi­tad del se­gun­do set, el croa­ta lla­mó al fi­sio­te­ra­peu­ta y rom­pió en llan­to. El pe­so del par­ti­do, el ri­val y de su pie iz­quier­do, lo so­bre­pa­sa­ron. Así y to­do, con­ti­nuó ba­ta­llan­do con los ojos vi­drio­sos. Al otro la­do de la red, Fe­de­rer se desen­vol­vía in­tra­ta­ble y sin pie­dad. 6-3, 6-1 y 6-4, en una ho­ra y 41 mi­nu­tos, con­vir­tién­do­se así en el te­nis­ta más lon­ge­vo en ga­nar un tro­feo en la era abier­ta, con 35 años y 342 días.

El sui­zo, que no ga­na­ba dos ma­jors en un año ha­ce ocho tem­po­ra­das, con­si­guió su oc­ta­vo título en Wim­ble­don y se ins­cri­be co­mo el más ga­na­dor del cés­ped in­glés. No me­nor, ya que en las tres opor­tu­ni­da­des que con­si­guió el abier­to bri­tá­ni­co y aus­tra­liano en el mis­mo año (2004, 2006 y 2007), tam­bién supo ga­nar el US Open, que arranca en sep­tiem­bre. Lue­go de de­rra­mar lá­gri­mas, to­có le­van­tar el tro­feo. “Qui­zá me to­me otros seis me­ses pa­ra des­can­sar, se me dio bien”, bro­meó Fe­de­rer, quien ama­ne­ce­rá en el ter­cer pues­to.

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