El fun­cio­na­rio ban­ca­rio que na­da contra la co­rrien­te

El nú­me­ro 1 del rán­king mun­dial de na­ta­ción pa­ra­lím­pi­ca con­tó detalles de su vi­da. De­bi­do a su en­fer­me­dad de­ge­ne­ra­ti­va, en cual­quier mi­nu­to po­dría de­jar de com­pe­tir.

La Hora - - Portada - Fran­cis Me­lla Ro­me­ro

La se­ma­na pa­sa­da, la co­se­cha de­por­ti­va de los chi­le­nos en di­ver­sos de­por­tes se lle­nó de me­da­llas. Uno de los pro­ta­go­nis­tas de esa se­ma­na fue Al­ber­to Abar­za (32), que al­can­zó el pri­mer lu­gar del ran­king mun­dial de na­ta­ción pa­ra­lím­pi­ca -que agru­pa a 10 ca­te­go­rías- lue­go de ob­te­ner cua­tro me­da­llas de oro en el World Se­ries de Ber­lín en su ca­te­go­ría S2 (que con­tem­pla las dis­ca­pa­ci­da­des más se­ve­ras).

El de­por­tis­ta chi­leno ven­ció en los 200 me­tros libre, 50 me­tros libre, 100 me­tros es­pal­da y 50 me­tros es­pal­da. Es de­cir, de cua­tro sa­li­das al agua, las cua­tro re­sul­ta­ron en pre­seas do­ra­das.

“Fue es­pec­ta­cu­lar ha­ber es­ta­do en­tre los me­jo­res del mun­do. Tam­bién me fi­jo más en mi ca­te­go­ría, en la que tam­bién es­toy nú­me­ro uno. Pe­ro lo del ran­king es ines­ta­ble, un día es­ta­mos arri­ba y otro día aba­jo, pe­ro hay que se­guir pe­lean­do. Siem­pre lo di­go: no por ser el nú­me­ro uno vas a ga­nar­lo to­do”, di­ce un po­co tí­mi­do el nue­vo cam­peón mun­dial a La Ho­ra.

Al­ber­to pa­de­ce el sín­dro­me Char­cot-Ma­rie-Tooth, en­fer­me­dad que va de­bi­li­tan­do la fuer­za del cuer­po día a día de ma­ne­ra de­ge­ne­ra­ti­va has­ta lle­gar al lí­mi­te de que­dar pos­tra­do en ca­ma. Se lo des­cu­brie­ron a los dos años de edad.

Pe­se a ello, Abar­za con­ti­núa su vi­da nor­mal mien­tras el cuer­po se le per­mi­ta y des­de el año 2011 se desem­pe­ña co­mo tra­ba­ja­dor del ban­co BCI -en la sec­ción ex­pe­rien­cia clien­te-, don­de le dan per­mi­sos

“No me sien­to el me­jor de la na­ta­ción. Hay otros chi­cos bue­nos que no fue­ron a Ber­lín”.

especiales ca­da vez que de­be com­pe­tir. Ade­más le re­ga­la­ron una si­lla ul­tra­li­via­na. “Fue an­tes de que ga­na­ra al­go en na­ta­ción. Ha­cen las co­sas sin que ten­gan que ha­cer­las y es mi pri­mer tra­ba­jo y es­pe­ro que sea el úl­ti­mo”, di­ce.

Des­de pe­que­ño, Abar­za prac­ti­ca na­ta­ción en la Te­le­tón y aun­que se ale­jó por un mo­men­to del de­por­te, re­to­mó enér­gi­ca­men­te las com­pe­ten­cias. Ya asis­tió a los Jue­gos Pa­ra­lím­pi­cos de Rio 2016 y a los Jue­gos Pa­ra­pa­na­me­ri­ca­nos de To­ron­to 2015.

“Es­to hay que se­guir­lo tra­ba­jan­do to­dos los días, no me sien­to co­mo el me­jor de la na­ta­ción, hay otros chi­cos bue­nos que no fue­ron a Ber­lín. Por lo tan­to, en el Mun­dial de Mé­xi­co (fi­nes de sep­tiem­bre) mis ex­pec­ta­ti­vas son es­tar en­tre los cin­co pri­me­ros, por­que en Rio ter­mi­ne oc­ta­vo y es­to se tra­ta de se­guir cre­cien­do más”, aña­de.

SU HI­JA BECCIEE

El re­co­no­ci­mien­to mayor fue ma­si­vo y ocu­rrió el jue­ves pa­sa­do, cuan­do Abar­za asis­tió al Pa­la­cio de La Mo­ne­da al lan­za­mien­to de los Jue­gos Su­ra­me­ri­ca­nos de la Ju­ven­tud Santiago 2017. Ahí, en ple­na ce­re­mo­nia, fue sa­ca­do al me­dio del sa­lón Montt Va­ras, pa­ra ser fe­li­ci­ta­do, a pe­sar de su in­co­mo­di­dad. Agra­de­ció aver­gon­za­do y vol­vió a su ano­ni­ma­to jun­to a su hi­ja Becciee, de seis años.

“Me en­can­ta te­ner un pa­pá así. Cuan­do él pier­da igual voy a es­tar or­gu­llo­sa por­que siem­pre veo su es­fuer­zo. Yo es­toy fe­liz cuan­do hay com­pe­ten­cias, por­que yo lo veo muy fe­liz cuan­do ha­ce na­ta­ción. Fui a Rio y a To­ron­to con mi pa­pá y él siem­pre es­ta­ba fe­liz ahí”, di­ce, sin un dis­cur­so apren­di­do, la pe­que­ña Becciee.

La his­to­ria del chi­leno Al­ber­to Abar­za (32), nú­me­ro uno del mun­do en na­ta­ción pa­ra­lím­pi­ca.

Al­ber­to jun­to a su hi­ja Becciee, de seis años. Ella lo acom­pa­ñó a To­ron­to 2015 y Rio 2016.

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