El Chim­bo­tano: Misterios del Pe­rú

El po­llo asa­do pe­ruano es in­fi­ni­ta­men­te su­pe­rior al po­llo asa­do na­cio­nal. ¿Por qué? Una mez­cla de es­pe­cias y una téc­ni­ca apli­ca­da que, en El Chim­bo­tano, ma­ne­jan a la per­fec­ción.

La Hora - - Tiempo Libre - Sebastián Al­bur­quer­que

Pri­me­ro que to­do una ad­ver­ten­cia: si no ha pro­ba­do nun­ca el po­llo asa­do pe­ruano, pre­pá­re­se, por­que nun­ca más po­drá co­mer po­llo asa­do que no ha­ya si­do co­rrec­ta­men­te ado­ba­do y es­pe­cia­do como lo ha­cen en las po­lle­rías de ese país. En ge­ne­ral, es mu­cho más sa­bro­so que la ver­sión na­cio­nal, pe­ro si hay una po­lle­ría que des­ta­ca por so­bre las otras, esa es El Chim­bo­tano, en San Pa­blo con Ge­ne­ral Bul­nes.

El res­tau­ran­te se re­mo­de­ló por com­ple­to en las úl­ti­mas se­ma­nas, y lo que antes era un lo­cal sin ven­ta­nas, con pa­re­des que se mez­cla­ban en­tre un in­hós­pi­to co­lor da­mas­co con gra­sa pe­ga­da, aho­ra lu­ce lu­mi­no­so, con me­sas có­mo­das y, aho­ra sí, con ven­ta­nas. Lo me­jor de to­do es que man­tu­vo sus pre­cios.

Eso sí, con­vie­ne más pe­dir pa­ra lle­var por­que por dos­cien­tos pe­sos ex­tra, uno pue­de ele­gir qué pre­sa lle­var­se. La ma­yo­ría de los clien­tes pre­fie­re pe­chu­ga, por lo que al sen­tar­se en la me­sa, si uno pi­de ex­pre­sa­men­te pe­chu­ga, pue­de que se ex­cu­sen y di­gan que no que­da. Bueno, así es la vi­da.

Se pi­dió un cuar­to de po­llo con pa­pas fri­tas y en­sa­la­da ($4.900). El pri­mer mor­dis­co es cla­ve: ex­plo­tan los sa­bo­res del car­bón, el co­mino y to­das las otras es­pe­cias mis­te­rio­sas (¿Ají pan­ca? ¿Ajo? ¿Cer­ve­za? Quién sa­be) que ha­cen que el po­llo asa­do pe­ruano sea su­pe­rior. A pe­sar de asar­se so­bre el car­bón, el in­te­rior es ju­go­so, de­li­ca­do. Se lle­ga a des­ha­cer de tierno.

Las sal­sas son, como sa­be cual­quie­ra que ha­ya pi­sa­do al­gún res­tau­ran­te pe­ruano, de­men­cial­men­te ricas (y la­men­ta­ble­men­te di­fí­ci­les de re­pli­car en ca­sa). La vi­na­gre­ta de ajo, sua­ve y li­ge­ra. La de ají ro­co­to, en­ga­ña­do­ra­men­te pi­can­te y adic­ti­va.

Si no co­no­ce el po­llo asa­do pe­ruano, de­be­ría co­no­cer­lo en El Chim­bo­tano. Y si lo co­no­ce, de­be­ría ir al Chim­bo­tano igual.

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