Pi­tea­do­res des­afi­na­dos

La Hora - - En2minutos - Ju­lio Sal­viat

No son muy bue­nos los ár­bi­tros chi­le­nos. En las de­sig­na­cio­nes de los acon­te­ci­mien­tos im­por­tan­tes, por lo me­nos, ca­si siem­pre que­dan afue­ra. Pe­ro ma­los-ma­los, tam­po­co son. Se desem­pe­ñan en esa me­dio­cri­dad sin gran­des as­pa­vien­tos y sin ha­cer mu­cha no­ti­cia. La ex­cep­ción se pro­du­jo en las úl­ti­mas se­ma­nas. Desa­cier­tos no­to­rios, fa­llos ab­sur­dos, des­con­cen­tra­cio­nes im­per­do­na­bles. Los me­jo­res ár­bi­tros pa­san inad­ver­ti­dos. Y hu­bo va­rios que fue­ron pro­ta­go­nis­tas en el desen­la­ce. A Pa­les­tino, por ejem­plo, le qui­ta­ron la vic­to­ria -o el em­pa­te el me­nos- an­te Au­dax Ita­liano. A La Se­re­na la des­po­ja­ron de la clasificación a la se­gun­da ron­da de la Co­pa Chi­le, aun­que en el par­ti­do an­te­rior el per­ju­di­ca­do ha­bía si­do Co­lo Co­lo, su ri­val. A la U le re­ga­la­ron un pe­nal­ci­to pa­ra que de­ci­die­ra su due­lo en Curicó. Así y to­do, les ten­go mu­cho res­pe­to a los ár­bi­tros. Tal vez por­que -por sim­ple in­te­rés en el jue­go- me apren­dí las re­glas del fút­bol cuan­do aún era ni­ño. Di­ri­gí un par­ti­do una vez. Y no un en­cuen­tro cual­quie­ra: era el clá­si­co de los del sur con los del nor­te en la enor­me ha­cien­da en que cre­cí, en el rin­cón más le­jano de la en­ton­ces provincia de O’Hig­gins. Como yo vi­vía en la ca­lle cen­tral, ga­ran­ti­za­ba im­par­cia­li­dad. Fal­ta­ba po­co pa­ra el fi­nal cuan­do el ar­que­ro le hun­dió la ro­di­lla en la gua­ta al cen­tro­de­lan­te­ro, y co­bré pe­nal. ¿Me van a creer que na­die re­cla­mó? Y el par­ti­do se de­ci­dió ahí, el eje­cu­tan­te no fa­lló. Vi mu­chos fa­llos ab­sur­dos en mis sie­te dé­ca­das de es­pec­ta­dor. Pe­ro nun­ca ol­vi­dé uno del que fui víc­ti­ma. Ju­gan­do tam­bién en el cam­po, en mi de­but en el equi­po adul­to con unos 14 años de edad, re­ci­bí la pe­lo­ta en el se­mi­círcu­lo del área, me sa­lió un ti­ro co­lo­ca­do y la pe­lo­ta en­tró des­pués de dar en el ver­ti­cal. Pe­ro el ár­bi­tro (nun­ca he ol­vi­da­do su chu­pa­lla) lo anu­ló. La ex­pli­ca­ción to­da­vía me con­mue­ve:

“Oi­ga, ca­bri­to. Us­ted es el sie­te, y tie­ne que ju­gar por la de­re­cha. No pue­de ve­nir pa­ra el cen­tro, así que no va­le el gol”.

Pe­rio­dis­ta

Newspapers in Spanish

Newspapers from Chile

© PressReader. All rights reserved.