Fe­li­pe Braun abre su co­ci­na

La co­mi­da es la otra pa­sión del pro­ta­go­nis­ta de La co­lom­bia­na. Lo he­re­dó de su pa­pá gour­met que lo im­pul­só a co­ci­nar sien­do ado­les­cen­te. Hoy mues­tra sus res­to­ra­nes fa­vo­ri­tos en Ins­ta­gram y ade­más de­bu­ta­rá co­mo pro­fe­sor cu­li­na­rio, en­se­ñan­do a ha­cer pan.

La Hora - - En2minutos - Tex­tos Ignacio To­bar Fo­to­gra­fía Ga­briel Ga­ti­ca Re­yes

El actor ha­bla de su otra pa­sión, que arran­có a los 16 años. Hoy mues­tra sus res­to­ra­nes fa­vo­ri­tos en Ins­ta­gram y se pre­pa­ra pa­ra de­bu­tar co­mo pro­fe­sor de pan.

Cuan­do Fe­li­pe Braun te­nía 16 años co­ci­nó por pri­me­ra vez. Co­ci­nó en se­rio. Y de­bu­tó con gua­ti­tas. En esos años no ha­bía in­ter­net ni un ce­lu­lar a mano pa­ra pre­gun­tar por una re­ce­ta. Las co­ci­nó al ojo. No las ha­bía pre­pa­ra­do en su vida. Y le que­da­ron ma­las. Se acuer­da con de­ta­lles: “Mis pa­pas vi­vían en el sur y yo en la ca­sa de mi abue­lo, que ha­bía muer­to. Vi­vía so­lo. Hi­ce gua­ti­tas por­que eran baratas. Y me que­da­ron co­mo unas ca­lu­gas ma­las”.

-Y las ama­sas­te tú mis­mo...

-No, poh, por­que las gua­ti­tas no se ama­san, se echan a co­cer, no son pan­tru­cas, poh. La co­sa es que me que­da­ron me­dio du­ras, pe­ro al­go ha­bía, ca­ché que po­día lo­grar­lo. Es­toy cer­ca, pen­sé, pe­ro me que­da­ron ma­las. Des­pués hi­ce unas pa­ti­tas de chan­cho.

-Oye, pe­ro los pla­tos ca­bro­nes pa­ra un de­bu­tan­te.

-Es que en mi ca­sa se co­mían co­sas re­bus­ca­das, mu­chos gui­sos tam­bién. Ca­cha que yo a los 16 sa­bía ha­cer len­te­jas.

-Es ra­ro que un ado­les­cen­te co­ci­ne len­te­jas, más en esos años

-Es ver­dad. Pe­ro yo lo ha­cía y mis ami­gos se las co­mían. A ellos no les in- te­re­sa­ba co­ci­nar. Aun­que fí­ja­te que en la gran co­ci­na siem­pre es­tá un hom­bre. Las len­te­jas las re­mo­ja­ba an­tes y to­do. Era chis­to­so. Y con las mu­je­res me iba bien por­que siem­pre les lla­ma la aten­ción que co­ci­ne un hom­bre.

El ori­gen de es­ta tem­pra­na afi­ción de Braun fue el que ca­si to­dos los co­ci­ne­ros com­par­ten: la abue­la o el pa­dre. En el ca­so del pro­ta­go­nis­ta de La co­lom­bia­na (TVN) fue su pa­pá, co­ci­ne­ro afi­cio­na­do, con el que lo une otra pa­sión fa­mi­liar: el rugby.

“Mi pa­pá es muy gour­met. Ha es­cri­to li­bros in­clu­so. Pe­ro lo que pa­sa es que ade­más me to­có vi­vir en dos países muy de­ter­mi­nan­tes. Na­cí en México y mis pa­pás vi­vie­ron mu­chos años allá. Y su va­rie­dad de co­ci­na, con in­fluen­cia fran­ce­sa e in­dí­ge­na, es heavy. Y lue­go vi­vi­mos en Pe­rú, que es la otra gran co­ci­na la­ti­noa­me­ri­ca­na. Me acuer­do de chi­co de co­mer an­ti­cu­chos de co­ra­zón en Li­ma, o sandía con ají en las pla­zas de México. No me acuer­do de lu­ga­res tan es­pe­cí­fi­cos, pe­ro es­tán los co­lo­res, los sa­bo­res, el aro­ma. Qui­zás por eso co­mo de to­do, sal­vo el char­qui­cán que es muy fo­me”, afir­ma.

El actor es­tá sen­ta­do en la me­sa rús­ti­ca que se­pa­ra su gran co­ci­na del li­ving. Mien­tras ha­bla, mor­dis­quea un pe­que­ño pan ama­sa­do que ven­den a la vuel­ta de su ca­sa, en In­fan­te. Des­pués va al re­fri­ge­ra­dor y trae un ja­món que com­pró en Vic­to­ria, en el sur. Ofre­ce té pe­ro lue­go se ol­vi­da. Por­que la co­ci­na lo apa­sio­na y pa­re­ce que se ol­vi­da de to­do.

En su ca­sa el centro es la co­ci­na. Tie­ne un me­són enor­me, re­ple­to de ollas de fie­rro y con un re­loj mu­ral gi­gan­te. Li­bros con re­ce­tas, cu­chi­llos, es­pe­cie­ros. Es el la­bo­ra­to­rio don­de co­ci­na día tras día. Don­de pue­de de­di­car­le ho­ras a una ca­zue­la y en la mis­ma que ha­ce pas­tas con Juan, su hi­jo ma­yor, que “siem­pre las de­ja lle­nas de mo-

“Las co­ci­nas se pa­re­cen al mun­do mi­li­tar, hay je­rar­quías, hay or­den, es un lu­gar lleno de cu­chi­llos y don­de hay fue­go. Y se ha­ce to­do rá­pi­do”.

“En Nueva York me me­tí en esas co­ci­nas que es­tán abier­tas 24/7 y don­de es­tán to­do el día lim­pian­do y co­ci­nan­do, es heavy, pue­de ser un in­fierno. Es­cla­vi­zan­te. Por eso no ten­dría un res­to­rán”.

cos”, di­ce. Otras ve­ces es el es­tu­dio pa­ra sus vi­deos en Ins­ta­gram en su cuen­ta @fe­li­pe­braun1, don­de tie­ne más de 100 mil se­gui­do­res.

“To­das mis re­des es­tán li­ga­das a la co­ci­na. Aho­ra más que gra­bar acá, em­pe­cé a ha­cer mi­cro­do­cu­men­ta­les de 1 mi­nu­to en co­ci­nas de res­to­ra­nes que me gus­tan. Cuen­to una pe­que­ña his­to­ria ocu­pan­do el ci­ne­ma­graph, que te per­mi­te con­ge­lar to­da la ima­gen y es­co­ger que se mue­va so­lo un ele­men­to. No es una crí­ti­ca por­que son co­ci­nas que me gus­tan, co­mo la del Ca­fé San Juan que tie­ne el pul­po que me gus­ta, o en La Po­pu­lar don­de tie­nen un pan con se­mi­lla que es muy ri­co. Me gus­ta la re­la­ción de los co­ci­ne­ros y la co­mi­da. Y co­mo sa­ben que me in­tere­sa de ver­dad el te­ma y que no voy a hue­viar, me de­jan en­trar. Las co­ci­nas se pa­re­cen al mun­do mi­li­tar, hay je­rar­quías, hay or­den, es un lu­gar lleno de cu­chi­llos y don­de hay fue­go. Y se ha­ce to­do rá­pi­do. Aho­ra, por ejem­plo, he com­par­ti­do har­to con el chef Cris­tián Gó­mez, del Tu­rri de Val­pa­raí­so, es un mun­do alu­ci­nan­te”, cuen­ta.

-¿Tie­nes ga­nas de po­ner tu pro­pio res­to­rán?

-La co­ci­na es heavy. Es alu­ci­nan­te pe­ro tam­bién es­cla­vi­zan­te si tie­nes tu res­to­rán. Ha­ce dos se­ma­nas fui a Nueva York y me me­tí en esas co­ci­nas de res­to­ra­nes que es­tán abier­tos 24/7 y vi a esos co­ci­ne­ros, por lo ge­ne­ral puer­to­rri­que­ños, que es­tán to­do el día lim­pian­do y co­ci­nan­do, es heavy, pue­de ser un in­fierno. Yo ele­gí la ac­tua­ción co­mo esa pe­ga que ha­ces cuan­do to­dos des­can­san. Y hoy a los 47 años lo que bus­co es te­ner tiem­po, por eso no ten­dría un res­to­rán. El tea­tro lo ha­ces con tus ami­gos, pe­ro en un lo­cal de­pen­des de pro­vee­do­res y el éxi­to es muy re­la­ti­vo. La co­ci­na es­tá lle­na de fra­ca­sos. Ad­mi­ro mu­cho a la gen­te que tie­ne un res­to­rán.

-Pa­ra ti la co­ci­na es más una cues­tión emo­cio­nal.

-Exac­to. Por eso me gus­ta tan­to Ra­ta­toui­lle. Es acor­dar­me de mi pa­pá, de los ca­ra­co­les que ha­cía, de cuan­do to­da­vía lo lla­mo pa­ra co­sas sim­ples co­mo un da­to pa­ra un so­fri­to, ima­gino sus hi­no­jos fri­tos. Él vie­ne a mi ca­sa y co­ci­na­mos. Co­ci­nar es co­mo pin­tar, es un pro­ce­so de con­cen­tra­ción, co­nec­tar­te con las emo­cio­nes. Pe­ro hay gen­te que no se co­nec­ta. Yo tra­ba­jé años con Lu­ciano Cruz-Co­ke y lo úni­co que co­me es po­llo con arroz.

-Cuál es tu pla­to, el que no te fa­lla.

-Voy pasando. Ha­ce un tiem­po atrás es­ta­ba muy me­ti­do en el pul­po y los ma­ris­cos. Pe­ro ha­ce dos años me me­tí du­ro en el pan, ha­go un pan re­lleno con cham­pi­ño­nes y tru­fas que es una ma­ra­vi­lla. De he­cho voy a em­pe­zar a ha­cer cla­ses de pan los miér­co­les (in­tere­sa­dos es­cri­bir al Ins­ta­gram @fe­li­pe­braun1 o al mail fe­li­pe­braun1@gmail.com). El pan re­quie­re me­to­do­lo­gía por­que es un fer­men­to. Tres días me de­mo­ro en un pan de­cen­te de ma­sa ma­dre. Son 12 pa­sos. Y el pan con ma­sa ma­dre lo cor­tas en ro­da­jas y lo con­ge­las. Es una ma­ra­vi­lla.

-¿Cuán­do dis­te el sal­to y em­pe­zas­te a co­ci­nar bien, des­pués de esas gua­ti­tas ma­las?

-El 2000 cuan­do vi­vía en Bar­ce­lo­na, don­de la co­ci­na es tan im­por­tan­te. Em­pe­cé a ha­cer co­sas ela­bo­ra­das, me com­pré li­bros, in­tru­sea­ba co­ci­nas. Me me­tí con las sar­di­nas, con los pi­mien­tos pa­dro­nes, el pul­po a la ga­lle­ga. Los pi­men­to­nes re­lle­nos me que­dan in­creí­bles. Ten­go bue­na me­mo­ria gus­ta­ti­va, cuan­do te­nía 23 años es­tu­ve en Gre­cia, me acuer­do de los to­ma­tes, las acei­tu­nas, las en­sa­la­das grie­gas, el oli­va. Es co­mo te­ner buen oí­do mu­si­cal.

-¿Pe­ro co­mes com­ple­tos, por ejem­plo, o te gus­ta só­lo lo gour­met’

-Me en­can­tan, hueón. Co­mo des­de hor­mi­gas cu­lonas en Co­lom­bia has­ta sal­ta­mon­tes en México. Pe­ro más que lo exó­ti­co va­lo­ro lo tra­di­cio­nal. Hay un res­to­rán en Rio de Ja­nei­ro, el Nova Ca­pe­la. Cuan­do voy pa­so a co­mer len­gua­do con arroz con bro­co­li y ajo. Na­da de so­fis­ti­ca­do pe­ro ex­qui­si­to. Pe­ro los sán­gu­ches me en­can­tan. Ir al Lo­mit’s a la ba­rra a ver có­mo co­ci­nan los vie­jos. Me gus­ta to­do. La co­ci­na de Ro­dol­fo Guz­mán, por ejem­plo, es alu­ci­nan­te. Su res­to­rán (Bo­ra­gó) no es caro si pien­sas que él, gra­cias a su tra­ba­jo con bió­lo­gos, ha des­cu­bier­to co­sas que no sa­bía­mos que se co­mían. Me gus­ta ir a la ba­rra del Ja­pón tam­bién, en Mar­co­le­ta, y co­mer sal­món o an­gui­la. Pe­ro no in­vi­to ni a mi se­ño­ra por­que es muy caro.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Chile

© PressReader. All rights reserved.