EN­TRE­VIS­TA A MATS WI­LAN­DER:

“FE­DE­RER ES DAN­ZA; NA­DAL ES PA­SIÓN POR LA COM­PE­TEN­CIA”.

La Tercera - El Deportivo - - PORTADA - Se­bas­tián Va­re­la, Nue­va York

En el co­me­dor de la pren­sa del US Open, Mats Wi­lan­der ( 53 años) pa­re­ce un co­mu­ni­ca­dor más. El hoy co­men­ta­ris­ta del ca­nal Eu­ros­ports Bri­tain es una de las vo­ces más res­pe­ta­das pa­ra ha­blar so­bre tenis. Con un tra­to ama­ble, sen­ci­llo y dis­ten­di­do, se apron­ta pa­ra un com­ple­to mano a mano con El De­por­ti­vo.

¿Es po­si­ti­vo ver nom­bres nue­vos en fi­na­les de grand slams, a pesar de que no ten­gan el me­jor rán­king, co­mo An­der­son?

De­fi­ni­ti­va­men­te. Pre­fie­ro ver di­fe­ren­tes te­nis­tas, y, me­jor aún, ver­los de­rro­tar a los gran­des. Ob­via­men­te es in­tere­san­te ver ri­va­li­da­des co­mo la de Na­dal con Djo­ko­vic, Fe­de­rer o Mu­rray, pe­ro tam­bién es ge­nial ver ca­ras nue­vas y es­ti­los dis­tin­tos. ¿Qué par­ti­do fue el que más le gus­tó de es­te cam­peo­na­to?

Pro­ba­ble­men­te el de cuar­tos de fi­nal del otro día en­tre Fe­de­rer y Del Po­tro. Ob­via­men­te Ro­ger no ju­gó en su me­jor ni­vel, pe­ro no es lo más im­por­tan­te. En reali­dad, lo que de­fi­ne un par­ti­do in­tere­san­te es la lu­cha en­tre dos te­nis­tas, so­bre to­do cuan­do exis­te un con­tras­te de es­ti­los. Del Po­tro-Fe­de­rer da al ca­so. Due­los así le ha­cen bien al de­por­te. ¿Có­mo ha cam­bia­do el tenis des­de su épo­ca has­ta aho­ra?

No­so­tros te­nía­mos que ju­gar ajedrez den­tro de la can­cha. Con los equipamientos de an­ta­ño, el ti­po de ra­que­tas, cuer­das y tal, es­ta­bas obli­ga­do a ser más es­tra­té­gi­co pa­ra for­zar el error del ri­val. Hoy se bus­can más los win­ners, por­que el tenis es más de po­ten­cia. Han pa­sa­do cua­tro dé­ca­das, 35 años des­de que ga­né mi úl­ti­mo slam, y si com­pa­ras cuán­to ha cam­bia­do el tenis en re­la­ción a otros de­por­tes, no creo que tan­to. To­dos los de­por­tes cam­bian y los atle­tas se van ha­cien­do ca­da vez más fuer­tes de lo que eran en

otras épo­cas. ¿Se ha per­di­do el es­pec­tácu­lo?

Es di­fí­cil de­cir­lo. Hoy la for­ma en có­mo se pe­ga a la pe­lo­ta es más atrac­ti­va, por la po­ten­cia. Pe­ro los

rallys, los án­gu­los y las cons­truc­cio­nes de los pun­tos en sí, lla­ma­ban más la aten­ción an­tes, cuan­do ha­bía que des­ple­gar al má­xi­mo el re­per­to­rio de ti­ros pa­ra ga­nar. Es lo que ha­ce Fe­de­rer, jue­ga con un es­ti­lo old fas­hio­ned pe­ro a ma­yor ve­lo­ci­dad. Su tenis ochen­te­ro lo ha­ce es­pe­cial: sube a la red lue­go de un

sli­ce, pe­ga fuer­te el re­vés a una mano, a ve­ces ha­ce sa­que y vo­lea... Por eso la gen­te lo ama tan­to, lle­na el gus­to te­nís­ti­co de to­dos. A los que ju­ga­ron en el pa­sa­do les gus­ta, a los ni­ños más chi­cos que le ven gol­pear tan ar­mó­ni­ca­men­te la derecha, tam­bién; ins­pi­ra a cual­quier atle­ta pro­fe­sio­nal por­que su ba­lan­ce en la can­cha es muy es­pe­cial. Te das cuen­ta de que hay al­go úni­co. Es co­mo la dan­za. El jue­go de Ro­ger bá­si­ca­men­te es dan­za.

¿Ve re­la­ción en­tre tan­tas le­sio­nes de te­nis­tas de éli­te co­mo Djo­ko­vic, Waw­rin­ka, Nis­hi­ko­ri y Mu­rray?

El fac­tor en co­mún de las le­sio­nes es el pre­sen­te de Ro­ger y Ra­fa. Am­bos vol­vie­ron tan só­li­dos, que los de­más se vie­ron más pre­sio­na­dos pa­ra al­can­zar­los, en­tre­nan­do muy du­ro y ju­gan­do muchos tor­neos. Es tam­bién una coin­ci­den­cia que jus­to va­rios se ha­yan au­sen­ta­do pa­ra es­te

US Open.Tam­bién es­toy se­gu­ro que lo que les pa­só a Fe­de­rer y Na­dal con las le­sio­nes y sus re­gre­sos pro­vo­có que los de­más lo to­ma­ran co­mo ejem­plo. No dra­ma­ti­za­ran tan­to ale­jar­se de las can­chas. No só­lo lo to­man co­mo un pe­rio­do pa­ra re­cu­pe­rar­se fí­si­ca­men­te, sino pa­ra re­fres­car la ca­be­za. Les mos­tra­ron al res­to que no de­be cun­dir el pá­ni­co, que hay que to­mar­se un tiem­po si hay le­sio­nes, que des­pués ven­drá el mo­men­to de re­to­mar las prác­ti­cas y re­gre­sar al tour. Que no cam­bia mu­cho. Mi­ra có­mo vol­vie­ron los dos. Y creo que, por su par­te, a Djo­ko­vic y Mu­rray es­te re­ce­so les hará muy bien. ¿El es­co­cés fue una de­cep­ción co­mo nú­me­ro uno?

Ab­so­lu­ta­men­te no. Es que no es tan fá­cil es­tar en ese si­tial. Hay que mi­rar a sus ri­va­les. Tie­ne a los tres me­jo­res ju­ga­do­res de la his­to­ria al la­do. Lo que han lo­gra­do no es nor­mal. Mu­rray lu­chó mu­cho pa­ra lle­gar a ser el uno y una vez que lo con­si­guió, re­cién a los 30 años, no pu­do en­con­trar mo­ti­va­ción. Yo fui nú­me­ro 1 y sé que es com­pli­ca­do re­se­tear las me­tas una vez que lo lo­gras. De to­das for­mas, no creo que sea tan im­por­tan­te ser el nú­me­ro uno. Sí ha­ber­lo si­do a fi­nal de al­gu­na tem­po­ra­da pa­ra de­cir que fuis­te el más con­sis­ten­te del mun­do. Mu­rray ya lo fue, ya ga­nó Grand Slam. Ya se sa­có ese pe­so de en­ci­ma, por lo que lo que tie­ne que bus­car aho­ra es me­jo­rar su tenis, ju­gar un po­co más agre­si­vo y cambiar al­gu­nas tác­ti­cas. La úni­ca for­ma de que ga­ne más tor­neos gran­des es que arries­gue un po­co más. ¿ Es más im­por­tan­te ga­nar un Grand Slam que ser nú­me­ro uno?

Sí. El nú­me­ro uno no di­ce que tu tenis sea el me­jor del mun­do. Sig­ni­fi­ca que fuis­te el más con­sis­ten­te y pue­des ser­lo sin ga­nar Grand Slam. Sin ga­nar tí­tu­los si­quie­ra. Co­ro­nar­se en un ma­jor es dis­tin­to. Fuis­te el me­jor del mun­do esas dos se­ma­nas. ¿Y qué pa­sa con Djo­ko­vic? ¿Re­to­ma­rá su me­jor ni­vel?

Di­ría que no va a do­mi­nar en la for­ma que lo hi­zo, por­que tam­bién hay muchos ju­ga­do­res emergentes que no se lo per­mi­ti­rán. Pe­ro tam-

bién creo que lle­ga­rá más re­la­ja­do y al­can­za­rá su me­jor ver­sión, aun­que no con la con­sis­ten­cia de an­tes. Co­mo Andy, vol­ve­rá con ga­nas de ga­nar Grand Slam. Pun­to. Pe­ro, hay co­sas más im­por­tan­tes que el tenis. Los dos es­tán ca­sa­dos. No­vak aca­ba de te­ner otro hi­jo... Qui­zás las res­pon­sa­bi­li­da­des fa­mi­lia­res no in­ter­fie­ran du­ran­te un slam, pe­ro sí a lo lar­go de una tem­po­ra­da. ¿Có­mo ha­bría si­do su ca­rre­ra ju­gan­do al la­do del Big 4?

No exis­te un Big 4, só­lo un Big 3. No pue­des com­pa­rar a Mu­rray con los otros tres. El con­cep­to de Big 4 fue creado por­que Andy era el cuar­to que siem­pre es­ta­ba en las se­mis, pe­ro los otros tres eran los que ga­na­ban. En­ton­ces, no es po­si­ble po­ner en el mis­mo gru­po a un te­nis­ta que tie­ne tres Grand Slam con quie­nes po­seen 12, 15 y 19. La di­fe­ren­cia es muy gran­de, aun­que tam­bién hubo una bre­cha muy gran­de en­tre Mu­rray y los de­más top ten.

Y a lo que iba tu pre­gun­ta, no es po­si­ble com­pa­rar es­ce­na­rios tan dis­tin­tos. Fe­de­rer es el me­jor de la his­to­ria. Pe­ro si po­nes al Fe­de­rer de hoy, con­tra el cam­peón del US Open 2035, no hay for­ma de que el sui­zo ga­ne. Nin­gu­na chan­ce. El jue­go avan­za muy rá­pi­do. Ba­jo la mis­ma ló­gi­ca, Mats Wi­lan­der de los 80 no ga­na­ría un solo jue­go an­te los me­jo­res te­nis­tas de hoy. ¿Cuál es la ri­va­li­dad más im­por­tan­te en la his­to­ria del tenis?

Di­ría que Fe­de­rer-Na­dal se­ría la nu­me­ro uno por el in­te­rés que han creado, es­pe­cial­men­te en esas fi­na­les de Wim­ble­don a me­dia­dos de los 2000. No es­toy se­gu­ro si hay un even­to de­por­ti­vo más im­por­tan­te que el Fe­de­rer- Na­dal a ni­vel pla­ne­ta­rio, sal­vo el Mun­dial de fút­bol o los ho­yos fi­na­les del Mas­ters de Au­gus­ta. Es un acon­te­ci­mien­to im­per­di­ble.

Fe­de­rer di­jo que si pu­die­ra ele­gir un te­nis­ta de la his­to­ria con­tra quien ju­gar, es­co­ge­ría a Bjorn Borg, ¿A quién ele­gi­ría us­ted? Al pro­pio Fe­de­rer, cla­ra­men­te. Se­ría en­tre­te­ni­do. ¿Es el sui­zo el te­nis­ta de to­da la his­to­ria a quién más ad­mi­ra? No. Ad­mi­ro más a Na­dal. Ob­via- men­te Ro­ger lu­cha en ca­da par­ti­do, pe­ro no lo de­mues­tra de la mis­ma for­ma. Ra­fa de­ja en cla­ro que es­tá al cien­to por cien­to in­vo­lu­cra­do en ca­da par­ti­do que dispu­ta des­de que lo he vis­to ju­gar. Esa pa­sión por la com­pe­ten­cia y por al­can­zar la per­fec­ción es vi­si­ble en él. Mi má­xi­ma ad­mi­ra­ción pa­sa por la for­ma en que se com­por­ta en la can­cha.

La edad pro­me­dio del top 100 ron­da los 28 años, ¿Por qué el tenis se ha pues­to más vie­jo?

Muchos ta­len­to­sos han po­di­do man­te­ner­se a gran ni­vel pa­sa­dos los 30; ya con eso se ha­ce más di­fí­cil en­trar. Los pre­pa­ra­do­res fí­si­cos han jugado un im­por­tan­te pa­pel. Es más di­fí­cil pa­ra los jó­ve­nes en­trar. Sha­po­va­lov es el úni­co jo­ven que he vis­to en va­rios años que es fuer­te men­tal­men­te. Si mi­ras a ese hom­bre ru­bio sen­ta­do por allá (Wi­lan­der apun­ta a Bo­ris Bec­ker, quien al­muer­za a unas me­sas de dis­tan­cia), cuan­do ga­nó Wim­ble­don con 16 años, era el más fuer­te men­tal­men­te. Ya no exis­te eso. Den­tro de la can­cha, los 18 años de hoy, eran los 15 de mi épo­ca. Un chico de 18 años en es­te tiem­po tie­ne mu­cha me­nos ma­du­rez que an­tes. Y un ju­ga­dor a esa edad ya ha si­do so­bre­en­tre­na­do en to­das es­tas aca­de­mias

de tenis, don­de siem­pre los acom­pa­ñó una per­so­na den­tro de las pis­tas, no tu­vie­ron la opor­tu­ni­dad de pen­sar por ellos mis­mos. Y cuan­do es­tás en la can­cha dispu­tan­do un par­ti­do, tie­nes que ser ca­paz de pen­sar tác­ti­ca­men­te por tu pro­pia cuen­ta. Con un coach a su la­do des­de los ocho años, los jó­ve­nes pue­den te­ner buen fí­si­co, gol­pear bien la pe­lo­ta y mos­trar gran­des ti­ros, pe­ro tác­ti­ca­men­te no sa­ben lo que ha­cen. Apren­der es­tra­te­gia, to­ma tres o cua­tro años hoy por hoy. ¿Hay al­gún otro fac­tor apar­te del ex­ce­si­vo en­tre­na­mien­to?

Las re­des so­cia­les in­flu­yen de­ma­sia­do. To­do par­te por ahí, son una fuen­te de dis­trac­ción muy po­de­ro­sa. En los 80 era más fá­cil. Con suer­te te­nías una te­le­vi­sión. No ha­bía ce­lu­la­res y la ra­que­ta lo era to­do. Hoy no pue­des pe­dir­les que ten­gan el mis­mo gra­do de con­cen­tra­ción. No es su cul­pa. Es la cul­pa del mun­do. Las re­des so­cia­les no son una bue­na idea pa­ra un chico que quie­re ser un gran te­nis­ta an­tes de los 20 años. Si no pue­des de­jar tu smartp­ho­ne por más de tres mi­nu­tos se­gui­dos, ¿có­mo se su­po­ne que te con­cen­tra­rás en un par­ti­do de tenis que te to­ma­rá cua­tro ho­ras? Se ve a muchos te­nis­tas jó­ve­nes que se frus­tran re-

pe­ti­da­men­te, se enojan y rom­pen ra­que­tas... an­tes de los 20. Eso es por­que emo­cio­nal­men­te son co­mo una mon­ta­ña ru­sa. No­so­tros no te­nía­mos pro­ble­mas, por­que nues­tros ce­re­bros no te­nían con qué dis­traer­se y el tenis era lo úni­co. Los te­nis­tas éra­mos men­tal­men­te más fuer­tes en mi tiem­po. ¿Qué ju­ga­dor de los que vie­nen le gus­ta?

Sha­po­va­lov. Tie­ne al­go di­fe­ren­te al res­to de su ge­ne­ra­ción, es­tá un pel­da­ño más arri­ba. Pa­re­ce un ar­tis­ta por la for­ma en que se mue­ve en la can­cha, por sus gol­pes de zur­da, in­clu­yen­do ese re­vés a una mano, y por su jue­go agre­si­vo. Tie­ne la pa­sión de Ra­fa y la li­ber­tad de Ro­ger. Su ve­lo­ci­dad de pier­nas es in­creí­ble...El chico vue­la en la can­cha Cuan­do Sha­po­va­lov jue­ga bien, lo ha­ce en me­jor ni­vel que cual­quier te­nis­ta del pla­ne­ta. El pro­ble­ma es que no lo pue­de man­te­ner por más de diez mi­nu­tos, por el mo­men­to. Se­ría im­por­tan­te pa­ra el tenis que lo­gre me­ter­se en­tre los me­jo­res del mun­do y con­se­guir ga­nar Grand Slams. Es el te­nis­ta que re­em­pla­za­rá a Fe­de­rer, Na­dal y Djo­ko­vic. ¿En­ton­ces cree que él do­mi­na­rá? No pre­ci­sa­men­te. Des­pués del Big 3, no creo que na­die do­mi­ne en su

to­ta­li­dad. No creo que ten­gan la men­ta­li­dad pa­ra ha­cer­lo. Es un pro­ble­ma ge­ne­ra­cio­nal. No son tan fuer­tes psi­co­ló­gi­ca­men­te. Siem­pre hay ex­cep­cio­nes, pe­ro en pro­me­dio ca­da ge­ne­ra­ción ven­drá men­tal­men­te más dé­bil. ¿Y có­mo des­cri­be al res­to de los jó­ve­nes que ya des­ta­can?

Zve­rev es só­li­do y de­ter­mi­na­do. Kyr­gios es más ta­len­to­so que cual­quie­ra, pe­ro ne­ce­si­ta una ca­be­za que acom­pa­ñe el gran jue­go que tie­ne. Co­ric es un gran com­pe­ti­dor que le po­ne har­to co­ra­zón y men­te. Tia­foe es in­creí­ble­men­te rá­pi­do y fí­si­ca­men­te muy po­ten­te, pe­ro su téc­ni­ca no es lo su­fi­cien­te­men­te bue­na pa­ra ser el me­jor del mun­do en al­gún mo­men­to. Ru­blev tie­ne gran ofen­si­va, con gol­pes que ha­cen mu­cho da­ño des­de am­bos la­dos y fuer­te men­ta­li­dad, sin em­bar­go de­be apren­der a ju­gar de una for­ma más ín­te­gra. ¿Ha vis­to ju­gar a los chi­le­nos Jarry y Ga­rin, de esa ge­ne­ra­ción? No, nun­ca.

¿Qué re­cuer­dos tie­ne de su vi­si­ta al Chi­le Open en 1994? Eran los úl­ti­mos años de su ca­rre­ra...

Ga­na­mos el tí­tu­lo en do­bles, pe­ro mu­cho más no re­cuer­do de ese tor­neo. Sí me acuer­do bien de cuan­do ju­ga­mos Co­pa Da­vis en Chi­le, el año 1985. Jus­to nos to­có el gran te­rre­mo­to y la se­rie fue can­ce­la­da. Pa­ra mí y pa­ra to­do el equi­po sig­ni­fi­có la pri­me­ra ex­pe­rien­cia sís­mi­ca que vi­vi­mos. No nos asus­ta­mos, pe­ro sí nos preo­cu­pa­mos al ver par­te de la ciu­dad des­trui­da. Vimos mu­chas ca­sas de­rrum­ba­das, mu­cha gen­te mu­rió. Cla­ra­men­te no nos po­día­mos con­cen­trar en el de­por­te y el tenis no era pre­ci­sa­men­te lo prio­ri­ta­rio por en­ton­ces. El país es­ta­ba con­cen­tra­do en la post ca­tás­tro­fe. No te­nía­mos na­da que ha­cer ahí.

No dispu­taron par­ti­dos en­tre sí, pe­ro com­par­tió años con Mar­ce­lo Ríos en el cir­cui­to.

Fue uno de los ju­ga­do­res más ta­len­to­sos. Cuan­do es­ta­ba cen­tra­do en la can­cha y po­nía to­do de su par­te, su tenis era sim­ple­men­te asom­bro­so. ¿Por qué el Sa­lón de la Fa­ma del Tenis lo ha ol­vi­da­do?

Por­que nun­ca ga­nó un Grand Slam. Es tan sim­ple co­mo eso. Co­mo di­je, pue­des ser el me­jor en el ran­king, pe­ro no sig­ni­fi­ca que seas el me­jor te­nis­ta. Só­lo que en de­ter­mi­na­do tiem­po na­die fue más con­sis­ten­te que tú. No se en­tra al Sa­lón de la Fa­ma por haber si­do con­sis­ten­te. ¿No tie­ne na­da que ver su com­por­ta­mien­to fue­ra de la can­cha?

No lo creo. La per­so­na­li­dad no es un fac­tor pa­ra de­ter­mi­nar un si­tial allí. Só­lo lo son los lo­gros.

¿Quién es el sud­ame­ri­cano mas­cu­lino más im­por­tan­te de la Era Open y quié­nes lo es­col­tan?

Sin du­das, Gui­ller­mo Vi­las. Des­pués de to­do lo que triun­fó, en el tenis ar­gen­tino sur­gie­ron muchos bue­nos te­nis­tas. De­trás vie­ne Gu­ga Kuer­ten. ¿El ter­cer lu­gar? Creo que Del Po­tro es­tá me­ti­do ahí, di­ría que por so­bre Ríos. Un gran ju­ga­dor tie­ne que ins­pi­rar a su na­ción con un lo­gro tan­gi­ble co­mo ha­bien­do ga­na­do un Grand Slam. Si no ga­nas­te un

ma­jor, no pro­vo­cas una ins­pi­ra­ción tan gran­de a pesar de haber si­do nú­me­ro uno. Son ni­ve­les dis­tin­tos de ro­man­ce. Ríos con­si­guió la ci­ma lue­go de de­rro­tar a Agas­si en Key Biscayne.

Bueno, es muy po­si­ble que pa­ra los chi­le­nos ese par­ti­do sea tan gran­de co­mo un Grand Slam. Es­tá cer­ca, si

ade­más ba­tió a An­dré an­te su pú­bli­co, por­que ahí vie­ron a su ído­lo en­cum­brar­se. Es to­tal­men­te vá­li­do. Aun­que el lo­gro de Mas­sú, con los dos oros en Ate­nas po­dría ser más gran­de que lo que hi­zo Ríos pa­ra el pue­blo chi­leno. No lo sé. ¿Qué de­be ha­cer la ITF con la Co­pa Da­vis?

Acor­tar los sin­gles a tres sets pa­ra ge­ne­rar me­nos des­gas­te en los te­nis­tas me pa­re­ce una bue­na idea. Yo de­ja­ría el do­bles a me­jor de cin­co sets, eso sí. ¿Los ju­ga­do­res de an­ta­ño sen­tían un ca­ri­ño ma­yor por la Da­vis?

To­dos los ju­ga­do­res en nues­tra épo­ca par­ti­ci­pá­ba­mos en la Da­vis. Cuan­do te pe­dían ju­gar por tu país, na­die si­quie­ra lo pen­sa­ba. Cla­ra­men­te hoy el ca­len­da­rio es exi­gen­te y el tenis ha cam­bia­do. Pe­ro pa­ra mí es­ta­ban los cua­tro Grand Slam, lue­go la Da­vis, y a par­tir de eso or­ga­ni­za­ba mi año te­nís­ti­co. Siem­pre me ha sor­pren­di­do que los te­nis­tas de hoy en día no dis­fru­ten la Co­pa Da­vis co­mo sí lo ha­cía­mos no­so­tros ¿Fun­cio­nan los con­tro­les de do­pa­je co­mo de­be­rían?

Sí. Se es­tá ha­cien­do un buen tra­ba­jo. Mien­tras ha­ya de­por­tis­tas que cai­gan por haber he­cho tram­pa, la ins­ti­tu­ción a car­go da cuen­ta de es­tar ha­cien­do bien lo su­yo.

¿Ve jus­to que Sha­ra­po­va ha­ya si­do pre­mia­da con una in­vi­ta­ción pa­ra el Abier­to de Es­ta­dos Uni­dos pos­te­rior a su sus­pen­sión?

Yo no es­toy de acuer­do con que la ha­ya re­ci­bi­do, pe­ro la ver­dad es que es­tá den­tro del re­gla­men­to. No hay na­da que di­ga que una ju­ga­do­ra que ya cum­plió su cas­ti­go por do­pa­je no pue­da re­ci­bir in­vi­ta­cio­nes. Es cues­tión de ca­da tor­neo ver a quién le otor­ga las WC y a quién no. ¿Se arre­glan par­ti­dos en el al­to ni­vel?

De­fi­ni­ti­va­men­te, no. Los par­ti­dos que se arre­glan, se ha­cen a ni­vel de fu­tu­ros. No hay chan­ce de que en el tour gran­de se arre­glen par­ti­dos. Me­nos en Grand Slam. De cual­quier for­ma, no lo ca­li­fi­ca­ría co­mo un pro­ble­ma ma­yor, por­que es al­go que pa­sa tan só­lo un par de ve­ces al año.

A la izquierda, Wi­lan­der po­sa pa­ra la en­tre­vis­ta. Arri­ba, de ju­ga­dor.

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