Co­lo Co­lo hun­de a Sa­las

El Ca­ci­que sa­le de San Carlos con un triun­fo por la cuen­ta mí­ni­ma y me­ti­do de lleno en la pe­lea por el tí­tu­lo. Opa­zo vuel­ve a ser el hé­roe, mien­tras que la UC zo­zo­bra con su téc­ni­co. El ar­bi­tra­je de Po­lic per­ju­di­có a los cru­za­dos en ju­ga­das cla­ve.

La Tercera - El Deportivo - - FÚTBOL / 8ª FECHA DEL TRANSICIÓN - Al­va­ro Po­ble­te

Pa­blo Gue­de se fro­ta las ma­nos en pleno par­ti­do. En la can­cha su equi­po ven­ce por 0-1 a la Uni­ver­si­dad Ca­tó­li­ca y se en­ca­mi­na a un triun­fo fun­da­men­tal en el afán de dar­les ca­za a los lí­de­res del Tran­si­ción. El DT de Co­lo Co­lo, qui­zás, pre­sien­te lo que vie­ne. Esa ce­le­bra­ción en­fer­vo­ri­za­da que se desató con el pi­ta­zo fi­nal, esos abra­zos y esos cán­ti­cos de los ju­ga­do­res que se mul­ti­pli­ca­ron a un cos­ta­do de la tri­bu­na don­de se ins­ta­la­ron los po­cos hin­chas del Ca­ci­que que pu­die­ron en­trar en San Carlos de Apo­quin­do.

Los al­bos ga­nan un par­ti­do di­fí­cil y se en­cum­bran en el Tran­si­ción. Es lo que más fes­te­jan los pu­pi­los de Gue­de, tras ven­cer por la mí­ni­ma. Un re­sul­ta­do re­ve­la­dor, que tam­bién se­pul­ta a los cru­za­dos y a su en­tre­na­dor, que ya tie­nen po­co y na­da por qué pe­lear en 2017.

La UC sa­lió a ma­tar. No co­mo ex­pre­sión de fút­bol, pe­ro sí co­mo una de­cla­ra­ción de en­tre­ga y fuer­za. Apues­ta que, a ve­ces, se pa­só del lí­mi­te per­mi­ti­do. Pier­na fuer­te o jue­go su­cio, se­gún co­mo se mi­re, lo cier­to es que en el pri­mer tiem­po a los al­bos les cos­tó to­mar­le la mano al par­ti­do. No lo hi­cie­ron, de he­cho.

Ma­rio Sa­las po­bló el me­dio­cam­po, preo­cu­pa­do de anu­lar a los ge­ne­ra­do­res ri­va­les. Y su idea se plas­mó, por­que ni Val­dés ni Val­di­via re­cep­cio­na­ron tran­qui­los una pe­lo­ta du­ran­te la pri­me­ra mi­tad, al­go que afec­tó es­pe­cial­men­te a Vi­lla­nue­va y Pa­re­des, los dos más ade­lan­ta­dos del con­jun­to vi­si­tan­te, quie­nes se vie­ron obli­ga­dos a re­tro­ce­der has­ta la mi­tad o más atrás pa­ra no que­dar ais­la­dos en ofen­si­va.

En días tris­tes y con la con­fian­za por el sue­lo, los cru­za­dos apli­ca­ron la fór­mu­la del sa­cri­fi­cio. Co­rrer mu­cho, co­mo al­gu­nos des­cri­ben con de­ma­sia­da sim­ple­za. El pun­to es que co­rrer sir­ve, pe­ro no siem­pre al­can­za. Ca­si nun­ca, en reali­dad. Es­te de­por­te se tra­ta de mo­ver la pe­lo­ta, de co­nec­tar­se, de hil­va­nar bue­nas ju­ga­das. Y en ese as­pec­to, Ca­tó­li­ca no mos­tró mu­cho más de lo que ha pa­de­ci­do du­ran­te to­do el cam­peo­na­to.

Aún así, se creó la me­jor oca­sión del pri­mer tiem­po. Una ju­ga­da in­di­vi­dual del Tan­que Sil­va (so­li­da­rio co­mo siem­pre) que aca­bó con un re­ma­te al pos­te iz­quier­do de Orión. Era un go­la­zo, pe­ro no lle­gó. Por eso el pri­mer tiem­po ter­mi­nó con el mar­ca­dor en ce­ro y una in­sa­tis­fac­ción ge­ne­ra­li­za­da.

El com­ple­men­to, en su ini­cio, no ofre­ció al­go muy dis­tin­to. Aun­que la pre­sión del lo­cal ba­jó, qui­zás por el es­fuer­zo fí­si­co o por un re­la­jo na­tu­ral. Val­di­via em­pe­zó a mos­trar­se más, sin la pre­ci­sión acos­tum­bra­da, eso sí. Gue­de hi­zo un cam­bio po­co arries­ga­do con el in­gre­so de Vil­ches por el juvenil Vi­lla­nue­va, pe­ro efec­ti­vo, por­que el ex Hua­chi­pa­to en­tró ac­ti­vo, a ge­ne­rar­le con­flic­to a la de­fen­sa es­tu­dian­til.

Las es­pe­ran­zas de un gol se di­luían has­ta que el Ma­go se ilu­mi­nó. Api­ló ri­va­les, con la pe­lo­ta pe­ga­da al pie de­re­cho, y ter­mi­nó ha­bi­li­tan­do a Opa­zo, quien en­tran­do al área ex­ten­dió su ins­pi­ra­ción de la fe­cha an­te­rior y de­cre­tó el 0-1. Pa­ra ser jus­tos, el Tor­ta re­ci­bió la ha­bi­li­ta­ción de Val­di­via en po­si­ción ade­lan­to no co­bra­da por los jue­ces.

Co­mo era de es­pe­rar, se abrió el par­ti­do. Ma­rio Sa­las dis­pu­so el in­gre­so de Jeis­son Var­gas (por Lo­bos), una de sus úl­ti­mas ins­truc­cio­nes an­tes ser ex­pul­sa­do por Pa­tri­cio Po­lic. Ca­tó­li­ca si­guió pre­sio­nan­do, im­pul­sa­da tam­bién por la ro­ja a Clau­dio Bae­za por una mano que le va­lió la do­ble ama­ri­lla. Mi­nu­tos an­tes, el vo­lan­te ha­bía co­me­ti­do otra mano en el área. Era pe­nal y el ár­bi­tro tam­po­co lo vio.

Gue­de se asus­tó y to­mó re­cau­dos. Fi­gue­roa y Ara­ya a la can­cha pa­ra no per­der mar­cha en el me­dio­te­rreno. Co­lo Co­lo apos­tó a so­por­tar y lo lo­gró. En un par­ti­do pa­re­jo, se lle­vó una vic­to­ria cla­ve, que le per­mi­te so­ñar. De pa­só, hun­dió a la UC y, jun­to con eso, le pu­so lá­pi­da al pro­ce­so de Ma­rio Sa­las. Aun­que el téc­ni­co pro­me­ta que no aban­do­na­rá el bar­co, su suer­te pa­re­ce sen­ten­cia­da. Aho­ra o en di­ciem­bre, da lo mis­mo, la puer­ta de sa­li­da es­tá abier­ta pa­ra el co­man­dan­te cru­za­do.

Ma­rio Sa­las se de­ses­pe­ra dan­do una ins­truc­ción al bor­de de la can­cha en San Carlos de Apo­quin­do, en el par­ti­do de ayer de la UC an­te Co­lo Co­lo.

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