CO­QUIM­BO VUEL­VE A PRI­ME­RA 11 AÑOS DES­PUÉS

Los Pi­ra­tas de­rro­ta­ron a Puer­to Montt por la cuen­ta mí­ni­ma y se con­sa­gra­ron cam­peo­nes en el as­cen­so. Vuel­ven al ho­nor tras on­ce años.

La Tercera - El Deportivo - - PORTADA - Jo­sé Pe­dro Ame­ná­bar

Los co­quim­ba­nos vi­vie­ron una fies­ta. Una de ale­grías y desaho­go. Por fin pu­die­ron sol­tar un gri­to que es­tu­vo guar­da­do por on­ce años en los som­bríos pa­si­llos de la Pri­me­ra B. Una ce­le­bra­ción más que me­re­ci­da y con un in­gre­dien­te es­pe­cial: la lo­ca­lía. Fue­ron por le­jos, el cua­dro que me­jor fút­bol des­ple­gó du­ran­te el año. Jus­ti­cia pa­ra el equi­pa­zo au­ri­ne­gro. El puer­to de Co­quim­bo vuel­ve a la ca­te­go­ría de ho­nor y a lo gran­de.

Los Pi­ra­tas de­bían ma­te­ria­li­zar la fies­ta y lo sa­bían. No tu­vie­ron mie­do y sí, mu­chas ga­nas. In­clu­so, des­de an­tes del pi­ta­zo ini­cial, co­men­za­ron ga­nan­do. Múl­ti­ples aren­gas li­de­ra­das por Ma­tías Cano y el alien­to in­ce­san­te de 16.000 hin­chas aleo­na­ron al lo­cal. Ade- más, con el em­pa­te bas­ta­ba e in­clu­so si caían de­rro­ta­dos y Co­bre­loa no ven­cía, el ob­je­ti­vo se cum­pli­ría. Fi­nal­men­te ga­na­ron y el em­pa­te loíno fren­te a Ma­ga­lla­nes fue so­lo una anéc­do­ta.

El mo­men­to de Co­quim­bo pu­do ser an­tes, pe­ro di­cen que su­frien­do se dis­fru­ta más. De he­cho, la se­ma­na pa­sa­da es­ta­ba to­do lis­to y Me­li­pi­lla les aguó la fies­ta en La Flo­ri­da, don­de ha­bían via­ja­do más de cua­tro mil hin­chas au­ri­ne­gros. La efer­ves­cen­cia se guar­dó y la con­vic­ción no de­ca­yó.

La me­sa es­ta­ba ser­vi­da y el ri­val co­la­bo­ró bas­tan­te en eso. Puer­to Montt fue el me­jor in­vi­ta­do a la fies­ta. De­ci­dió es­pe­rar, no ir por más y bus­car el pe­lo­ta­zo. Es que lo úni­co que se ju­ga­ban era man­char la ce­le­bra­ción.

El hé­roe de la jor­na­da fue Ro­dri­go Hol­ga­do. El aca­tan­te ar­gen­tino

Aún no asi­mi­lo es­to, pe­ro lue­go me da­ré cuen­ta... fui­mos una fa­mi­lia”. DIE­GO CA­RRAS­CO CA­PI­TÁN DE CO­QUIM­BO UNI­DO

de 23 años, con­fir­mó por qué fue uno de los pi­la­res de la cam­pa­ña y anotó de ca­be­za el úni­co tan­to del par­ti­do. Lle­gó a 18 go­les y se con­vir­tió en el go­lea­dor de la B.

Tras el gol, to­do fue fies­ta y de­lei­te. Fue una es­pe­cie de ade­lan­to a las emo­cio­nes. Los Pi­ra­tas ador­na­ban el am­bien­te con can­tos en alu­sión al as­cen­so. Unos llo­ra­ban, otros sal­ta­ban y la ma­yo­ría mi­ra­ba el re­loj pa­ra ha­cer ofi­cial la ce­le­bra­ción. En la can­cha era lo mis­mo, to­ques y más to­ques.

El juez Her­mo­si­lla to­mó el ba­lón y pi­tó el fi­nal. In­me­dia­ta­men­te Cano se fue de ro­di­llas al pi­so y co­men­zó a llo­rar de emo­ción. La ma­yo­ría del plan­tel se su­mó a los llan­tos. Ale­gría en es­ta­do pu­ro. El es­ta­dio com­ple­to se su­mó a los fes­te­jos y a po­cos ki­ló­me­tros del es­ta­dio, en la Pla­za de Ar­mas, la ce­le­bra­ción te­nía un eco. El puer­to de la Cuar­ta Re­gión es­tá de fies­ta, una que aguar­dó 11 lar­gos años. Ele­ven an­clas, Co­quim­bo es de Pri­me­ra.

Los co­quim­ba­nos fes­te­jan el as­cen­so an­te un es­ta­dio re­ple­to.

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