La pa­sión au­to­mo­triz de Iván Or­tú­zar y sus hi­jos.

La fa­mi­lia Or­tú­zar vi­ve, muere y pe­na por los au­tos clá­si­cos. Una pa­sión que par­tió con el pa­dre, ha­ce más de 40 años, y que hoy con­ti­núa más vi­va que nun­ca jun­to a dos de sus hi­jos. Los tres pa­san sus días en el taller de res­tau­ra­ción, pa­tri­mo­nio fa­mi­lia

La Tercera - MT MAG Motores - - MOTORES - » Por LO­RE­NA GA­LLAR­DO GIL.

“Po­de­mos no te­ner cor­ti­nas en la ca­sa, pe­ro te­ne­mos otro taller más, lleno de au­tos", afir­ma enér­gi­co Iván Or­tu­zar (62 años), co­lec­cio­nis­ta, res­tau­ra­dor y co­rre­dor de au­tos clá­si­cos. En­tre fra­ses car­ga­das de sig­ni­fi­ca­do y do­sis de hu­mor, con­ti­núa in­terio­ri­zan­do acer­ca de su gran pa­sión, la cual lo ha lle­va­do a rom­per con una ley de vi­da, la de la inminente se­pa­ra­ción con los hi­jos.

Fue con un Ford Mus­tang que to­do par­tió. "Cuan­do yo te­nía 10 años y mi her­mano Cris­tián seis, tu­vi­mos nues­tro pri­mer au­to de ca­rre­ras, un Mus­tang Fast­back de 1967. En él, íba­mos a Vi­ña del Mar, Con­cep­ción, Pu­cón... Des­pués em­pe­za­mos a ha­cer pa­seos fue­ra de Chi­le, a Men­do­za, has­ta Bue­nos Ai­res. Íba­mos con más ami­gos en otros au­tos por el fin de se­ma­na. Es­te fue el au­to que mar­có nues­tro hob­bie", re­la­ta el pri­mo­gé­ni­to de la fa­mi­lia, que tam­bién lle­va por nom­bre Iván (36).

A los Or­tú­zar se les ubi­ca a me­nu­do en su taller de la san­tia­gui­na ca­lle Li­ra. Des­de ha­ce un lus­tro, allí pa­san gran par­te de su tiem­po, so­bre to­do Iván pa­dre, que des­de que se ju­bi­ló se de­di­ca a tiem­po com­ple­to a su afi­ción de "res­ca­tar au­tos an­ti­guos y vol­ver­los a su es­plen­dor na­tu­ral", se­gún sus pro­pias pa­la­bras.

Una trein­te­na de au­tos do­mi­nan la es­ce­na, la ma­yo­ría de ellos son Fiat 600, por su­pues­to, aun que tam­bién bri­lla el que­ri­do Mus­tang fa­mi­liar. Y es que más que un clá­si­co taller de au­tos es un mu­seo ro­dan­te, con ejem­pla­res muy bien con­ser­va­dos, una vi­tri­na que lu­ce pul­cra los tro­feos de to­da una vi­da y pa­re­des que ilus­tran la pa­sión que co­rre por las ve­nas de los Or­tú­zar. Aquí hay ca­ri­ño y de­di­ca­ción.

ga el patriarca.

A ve­ces, los Or­tú­zar ga­nan, a ve­ces sa­len úl­ti­mos. Es­to, por­que los au­tos es­tán siem­pre muy al lí­mi­te. De he­cho, mu­chas ve­ces se que­dan sin co­rrer, por­que fa­llan en los en­tre­na­mien­tos del día vier­nes. Y es que vol­vien­do al te­ma de la trans­for­ma­ción de au­tos clá­si­cos de ca­lle a ejem­pla­res de ca­rre­ra, hay que dar­les el tra­ta­mien­to y las so­lu­cio­nes que exis­tían en la épo­ca de fa­bri­ca­ción del mo­de­lo en cues­tión.

"Yo no pue­do arre­glar es­te Fiat Abarth de la Co­pa 1000 de ha­ce 50 años con fi­bra de car­bono, por­que no exis­tía. Así co­mo tam­po­co pue­do po­ner­le un neu­má­ti­co de per­fil ba­jo", en­fa­ti­za Iván pa­dre, agre­gan­do que "en es­ta ac­ti­vi­dad hay una ta­rea de re­cons­ti­tuir la his­to­ria, de vol­ver al pa­sa­do pa­ra traer­lo al pre­sen­te de la me­jor for­ma po­si­ble".

¿Al­gu­na ca­rre­ra que re­cuer­den es es­pe­cial? "Las tres ho­ras de Te­mu­co, por­que nos va­mos un fin de se­ma­na en­te­ro, lo que per­mi­te a la fa­mi­lia es­tar reuni­da más tiem­po. Ahí sí el asa­do es co­to­to", pun­tua­li­za Iván hi­jo.

“Al prin­ci­pio íba­mos a otros talleres a com­prar pie­zas. Lue­go, em­pe­za­mos a ha­cer nues­tras pro­pias pie­zas, has­ta que ter­mi­na­mos ha­cien­do to­do. Es­to es un via­je". Iván Or­tú­zar “No­so­tros co­rre­mos des­de que te­ne­mos 15 años. An­tes de eso tam­bién nos me­tía­mos a la pis­ta, ma­ne­já­ba­mos, íba­mos a los pi­ques, pe­ro no co­rría­mos tan le­gal, ni fe­de­ra­dos. Éra­mos de­ma­sia­do chi­cos". Iván Or­tú­zar (hi­jo)

» Fo­tos MAX MONTECINOS.

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