Es­ti­lo Grand Prix

Jae­ger-le­co­ul­tre Green Gran­de Re­ver­so Ul­tra Thin 1931

La Tercera - MT MAG Motores - - JUGUETES - » Por CA­RO­LI­NA RO­JAS ARENAS. » Fo­tos MAR­CAS.

El Bri­tish Ra­cing Green es uno de esos co­lo­res em­ble­má­ti­cos, que han es­ta­do pre­sen­tes tan­to tiem­po que ya no nos cues­tio­na­mos su ori­gen. ¿De dón­de vie­ne y por qué vuel­ve a po­ner­se de mo­da en la re­lo­je­ría? Abró­chen­se los cin­tu­ro­nes, por­que es­ta es una his­to­ria de ve­lo­ci­dad y pre­ci­sión.

Ca­si co­mo her­ma­nos, las ca­rre­ras de au­tos y los re­lo­jes tie­nen una his­to­ria en co­mún que po­cas ve­ces se pue­de ver en otras in­dus­trias. Y es que la pa­sión que ge­ne­ra la ma­qui­na­ria de pre­ci­sión es al­go que tras­pa­sa fron­te­ras, gé­ne­ros y cla­ses so­cia­les.

Así co­mo hay mar­cas que inevitablemente se re­la­cio­nan a la pis­ta, tam­bién hay co­lo­res que han mar­ca­do la his­to­ria de las ca­rre­ras.

Es­tá el Gris de Mer­ce­des-benz, que dio ori­gen a su es­cua­dra de "Fle­chas pla­tea­das"; el Ro­jo Fe­rra­ri, que ya se ha con­ver­ti­do en un ícono, o el Ver­de de Ca­rre­ras Bri­tá­ni­co, que de in­me­dia­to trae a la me­mo­ria a al­gu­nos de los más em­ble­má­ti­cos y ve­lo­ces mo­de­los de Gran Bre­ta­ña, cu­ya his­to­ria se re­mon­ta a las ca­rre­ras de ini­cios del si­glo pa­sa­do.

La inauguración de la Gor­don Ben­nett Cup de 1900, una ca­rre­ra in­ter­na­cio­nal que se ini­ció en Fran­cia, y cu­yas re­glas in­di­ca­ban que el país del equi­po ga­na­dor de­bía re­ci­bir la co­pa en su te­rri­to­rio al si­guien­te año, mar­ca el ori­gen más cer­te­ro del Bri­tish Ra­cing Green (BRG).

En es­ta competencia, el con­de Eliot Zbo­rows­ki, cé­le­bre y adi­ne­ra­do pio­ne­ro de la in­dus­tria au­to­mo­triz y el de­por­te mo­tor, su­gi­rió que para fa­ci­li­tar la iden­ti­fi­ca­ción de los co­rre­do­res en la ca­rre­ra, los au­tos de ca­da mar­ca de­bían uti­li­zar los co­lo­res em­ble­má­ti­cos de su país.

Así se de­ci­dió que los au­tos fran­ce­ses se­rían azu­les, los bel­gas se que­da­rían con el ama­ri­llo, los ale­ma­nes con el blan­co y los es­ta­dou­ni­den­ses con el ro­jo.

Para los bri­tá­ni­cos, en tan­to, se de­ci­dió man­te­ner el ver­de oli­vo que ya se ha­bía he­cho tan po­pu­lar en las lo­co­mo­to­ras y ma­qui­na­ria a va­por fa­bri­ca­da en el país, y que ya se ha­bía con­ver­ti­do en si­nó­ni­mo de lo me­jor de su in­ge­nie­ría.

Po­cos años des­pués, en 1903, y lue­go de la vic­to­ria del pi­lo­to bri­tá­ni­co (na­ci­do en Aus­tra­lia) Selwyn Ed­ge, era el turno de In­gla­te­rra re­ci­bir a la Gor­don Ben­nett Cup, pe­ro co­mo las ca­rre­ras eran ile­ga­les en ese país (la ley de­cía que nin­gún au­to po­día cir­cu­lar a más de 20 ki­ló­me­tros por ho­ra), la fe­cha se tras­la­dó a Ir­lan­da, cu­yas le­yes se aco­mo­da­ron para po­der re­ci­bir la ca­rre­ra.

Es­te cambio de te­rri­to­rio tam­bién tra­jo con­si­go un cambio en los co­lo­res de los au­tos, ya que el ver­de oli­vo se re­em­pla­zó por el Sham­rock Green, co­lor que ya era muy po­pu­lar en el te­rri­to­rio, y con el que se si­guen iden­ti­fi­can­do mu­chos de los em­ble­mas de Ir­lan­da.

La acep­ta­ción de es­te co­lor hi­zo que fi­nal­men­te se fue­ra que­dan­do en la re­ti­na y en las sa­las de pin­tu­ra de va-

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