Eterno res­plan­dor

La Tercera - MT MAG Motores - - MAR­ZO DE 2018 - » Por CA­TA­LI­NA ACOSTA TO­RRES. » Fo­tos AGENCIAS.

To­da mar­ca de au­tos tie­ne su his­to­ria, re­la­to que se ex­pre­sa a tra­vés de la evo­lu­ción de sus vehícu­los. Ca­da de­ta­lle, des­de las pie­zas más pe­que­ñas has­ta sus po­ten­tes mo­to­res, re­fle­ja un mo­men­to en la bio­gra­fía del fa­bri­can­te. Es por eso que re­vi­vir los mo­de­los más clá­si­cos se es­tá con­vir­tien­do en una in­cli­na­ción que los clien­tes ca­da vez va­lo­ran más.

Res­tau­rar un au­to an­ti­guo es una ten­den­cia ca­da vez más cre­cien­te. Y es que ver un mo­de­lo con más de 40 años an­dan­do por las ca­lles es al­go que cual­quier aman­te de los au­tos sa­be apre­ciar, pues allí va par­te de la evo­lu­ción de su his­to­ria.

Las gran­des fir­mas au­to­mo­tri­ces lo sa­ben y lo com­par­ten, por lo mis­mo, han co­men­za­do a des­ti­nar par­te de sus in­gre­sos a crear de­par­ta­men­tos que se en­car­guen de vol­ver a dar vi­da a aque­llos vehícu­los que se en­cuen­tren en desuso o que ne­ce­si­ten re­no­var al­gu­nas de sus pie­zas.

Una de las mar­cas pio­ne­ras en es­te pro­ce­so de res­tau­ra­ción fue Ferrari, con su di­vi­sión “Ferrari Clas­si­che”, que en 2006 co­men­zó la re­fa­bri­ca­ción de sus mo­de­los más pre­cia­dos, en­tre­gan­do a sus clien­tes au­tos ca­pa­ces de fun­cio­nar por va­rios años más. Otros, co­mo Pors­che, Ja­guar y el gru­po FCA, se han uni­do con el tiem­po a es­te pro­yec­to.

De­jar un clá­si­co en ma­nos de cual­quier per­so­na no es al­go que el pro­pie­ta­rio de uno de es­tos au­tos desee. Es por eso que es­te de­li­ca­do pro­ce­so es­tá a car­go de los tra­ba­ja­do­res más ex­pe­ri­men­ta­dos de ca­da mar­ca, quie­nes, si­guien­do las es­pe­ci­fi­ca­cio­nes ori­gi­na­les de los au­tos, de­ben re­pli­car fiel­men­te to­dos sus de­ta­lles.

El pri­mer pa­so de la res­tau­ra­ción es ver el es­ta­do en el que se en­cuen­tra el vehícu­lo, pa­ra de­ter­mi­nar qué ti­po de tra­ba­jo se requiere. Lue­go se des­man­te­la por com­ple­to pa­ra limpiar, cam­biar o re­cons­truir las pie­zas ne­ce­sa­rias. La ca­rro­ce­ría tam­bién se lim­pia, pa­ra sa­car la co­rro­sión que el pa­so del tiem­po ha de­ja­do so­bre ellos; lue­go se pin­ta man­te­nien­do el mis­mo tono del mo­de­lo ori­gi­nal y, por úl­ti­mo, se vuel­ve a mon­tar ca­da pie­za del vehícu­lo has­ta de­jar­lo co­mo nue­vo.

Una vez fi­na­li­za­do es­te tra­ba­jo, el clá­si­co que ha­ya si­do res­tau­ra­do se­rá en­tre­ga­do a su due­ño con un cer­ti­fi­ca­do de au­ten­ti­ci­dad. Al­gu­nas fir­mas, co­mo Ferrari, só­lo en­tre­gan es­te cer­ti­fi­ca­do a los au­to­mó­vi­les que se en­cuen­tren to­tal­men­te fun­cio­na­les.

El va­lor emo­cio­nal que las mar­cas y los fa­ná­ti­cos de es­tos au­tos han da­do a la res­tau­ra­ción va más allá del al­to pre­cio que pue­de lle­gar a al­can­zar un tra­ba­jo co­mo es­te y ha he­cho que las fir­mas se es­fuer­cen to­dos los días por per­fec­cio­nar la tec­no­lo­gía y mé­to­dos que uti­li­zan en el pro­ce­so, ha­cien­do de es­te un tra­ba­jo fas­ci­nan­te.

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