EN­TRE­VIS­TA / Lu­pe Ga­jar­do

La Tercera - Mujer de Lujo - - ENESTAEDICIÓN - POR ANA MU­GUER­ZA

Par­tió 2017 ex­hi­bien­do sus di­se­ños en Lon­dres. An­tes ha­bía ex­pues­to en Ber­lín y en 2015 des­fi­ló en una de las se­ma­nas más im­por­tan­tes de la mo­da, la de Nue­va York. Pe­ro a Lu­pe no la cie­gan los fo­cos de las gran­des pa­sa­re­las. Don­de más le gus­ta es­tar es en­tre las má­qui­nas de co­ser y los ma­ni­quíes de su ta­ller de Pa­dre Hur­ta­do, ejer­cien­do el ofi­cio. Allá re­ci­be a las clien­tas y ges­ta su pró­xi­ma co­lec­ción, que quie­re que sea más ar­tís­ti­ca y me­nos co­mer­cial

cuan­do era chi­ca, Lu­pe no ves­tía a sus mu­ñe­cas con cua­tro te­las co­si­das por ella. Tam­po­co era de esas ni­ñas que di­bu­jan fi­gu­ri­nes con sus lá­pi­ces de co­lo­res. Nun­ca se le pa­só por la ca­be­za que de ma­yor po­día ser di­se­ña­do­ra de ves­tua­rio. “Se fue dan­do muy na­tu­ral. Al­guien me re­ga­ló una má­qui­na de co­ser o yo la com­pré, no re­cuer­do bien, y me gus­tó. Siem­pre se me dio bien el tra­ba­jo ma­nual y en mi fa­mi­lia hay har­to ta­len­to ar­tís­ti­co”, di­ce. Cuan­do sa­lió del co­le­gio es­tu­dió dos años cor­te y con­fec­ción, y re­cién cum­pli­dos los 20 par­tió con su pro­pio ta­ller.

De eso ha­ce so­lo una dé­ca­da, y en ese tiem­po su ca­rre­ra co­mo di­se­ña­do­ra ha ido cues­ta arri­ba. Su pri­mer even­to in­ter­na­cio­nal fue en Ber­lín, don­de fue in­vi­ta­da a ex­po­ner en un showroom den­tro de la Fas­hion Week. En 2015 pre­sen­tó su co­lec­ción de oto­ño/in­vierno du­ran­te la Se­ma­na de la Mo­da de Nue­va York, con­vir­tién­do­se en la pri­me­ra di­se­ña­do­ra chi­le­na en ex­po­ner

en una pa­sa­re­la de es­ta en­ver­ga­du­ra. Ese mis­mo año par­ti­ci­pó en la pri­me­ra edi­ción de la Mer­ce­des Benz-San­tia­go y 2017 lo arran­có en Lon­dres, don­de asis­tió en fe­bre­ro al In­ter­na­tio­nal Fas­hion Show­ca­se, que or­ga­ni­za el Bri­tish Coun­cil du­ran­te la se­ma­na de la mo­da de la ca­pi­tal bri­tá­ni­ca.

En to­tal ha par­ti­ci­pa­do en más de una do­ce­na de pa­sa­re­las y ha crea­do otras tan­tas co­lec­cio­nes.

Tra­ba­jo-pa­sión que des­de mar­zo de es­te año com­pa­gi­na con la di­rec­ción de la Es­cue­la de Di­se­ño de Ves­tua­rio del Ins­ti­tu­to AIEP, don­de sus­ti­tu­ye a Lu­ciano Bran­co­li. Su ob­je­ti­vo es dar un im­pul­so a es­ta ins­ti­tu­ción y sa­car­la de su le­tar­go: “Es­ta­ba un po­qui­to dor­mi­da y mi fun­ción es re­ani­mar­la”. Su día a día trans­cu­rre en­tre la Es­cue­la, en Pro­vi­den­cia, y su ta­ller jun­to a la plaza Los Do­mí­ni­cos. Es en es­ta ca­sa, es­pa­cio­sa y lu­mi­no­sa, que com­par­te con un ar­qui­tec­to y unos di­se­ña­do­res, don­de Lu­pe ha­ce lo que más le gus­ta: tra­ba­jar con los gé­ne­ros en los ma­ni­quíes y ar­mar di­rec­ta­men­te so­bre ellos la si­lue­ta. Así pa­sa mu­chas ho­ras, ex­pe­ri­men­tan­do y crean­do mien­tras es­cu­cha mú­si­ca clá­si­ca o las can­cio­nes ro­mán­ti­cas de Ja­mes Bla­ke, que ella ta­ra­rea.

Cuan­do es­tás en tu ta­ller, con la má­qui­na de co­ser, te de­be pa­re­cer muy le­jano el gla­mour de las gran­des pa­sa­re­las in­ter­na­cio­na­les Sí, pe­ro no creas, el gla­mour es­tá en­ci­ma de la pa­sa­re­la por­que, por de­trás, una co­rre con las ma­le­tas por las ca­lles igual que acá. Ha­ber es­ta­do en las se­ma­nas de la mo­da in­ter­na­cio­na­les ha si­do muy bue­na ex­pe­rien­cia, in­creí­ble, y es muy bueno vi­vir­lo, aun­que uno des­mi­ti­fi­ca tam­bién. Sien­tes que pue­de ser muy ajeno pe­ro, al con­tra­rio, son ex­pe­rien­cias co­mu­nes y co­rrien­tes, uno se da cuen­ta de que no es tan le­jano y tan di­fí­cil. Se ha­ce más cer­cano. Si vi­ves un showroom en San­tia­go es muy si­mi­lar a lo que vas a vi­vir en Nue­va York.

¿Sí? ¿Es pa­re­ci­do? Lo que es más dis­tin­to es el pú­bli­co, por­que afue­ra exis­te un in­te­rés ge­nuino. La gen­te opi­na, se in­tere­sa, quie­re sa­ber qué ma­te­ria­les com­pras­te. Eso fue muy gra­ti­fi­can­te en Lon­dres. Era un pú­bli­co su­per­cu­rio­so, uno en­ta­bla con­ver­sa­cio­nes con res­pec­to al tra­ba­jo, en eso es bien no­to­ria la di­fe­ren­cia. Pe­ro ha­blo de des­mi­ti­fi­car por­que, en el fon­do, acá es lo mis­mo que se ha­ce allá, no es al­go im­po­si­ble.

¿Hay un an­tes y un des­pués tras ha­ber par­ti­ci­pa­do en es­tas se­ma­nas de la mo­da tan im­por­tan­tes? Di­ría que hay una au­to­exi­gen­cia mu­cho ma­yor des­pués de; los pa­rá­me­tros es­té­ti­cos son aho­ra mu­cho más exi­gen­tes. Si quie­ro pre­sen­tar un show, quie­ro de­ci­dir qué luz va a ha­ber, cuál va a ser el en­torno. Ya no me dan ga­nas de par­ti­ci­par en esas pa­sa­re­las que son feas y no in­ter­pre­tan tu men­sa­je. Te das cuen­ta de lo im­por­tan­te que es un buen so­ni­do, una bue­na ilu­mi­na­ción, la co­reo­gra­fía del des­fi­le… Sí, au­men­ta un po­co el ni­vel de exi­gen­cia.

Es­tar pre­sen­te en esas gran­des pa­sa­re­las in­ter­na­cio­na­les tie­ne que su­bir tam­bién un po­co el ego… No tan­to, no. Yo creo que tie­ne que ver un po­co con que a mí me gus­ta mu­cho el ofi­cio, el tra­ba­jo de ta­ller, y eso ate­rri­za siem­pre. Soy más bien so­li­ta­ria y no ten­go mu­cha vo­ca­ción por las lu­ces. O sea, lo pa­so bien, y voy a even­tos y to­do, pe­ro no me des­lum­bra pa­ra na­da. Me in­tere­sa mu­cho más co­mu­ni­car y dar a co­no­cer mi tra­ba­jo que cual­quier otra cosa. No me in­tere­sa ser yo per­so­nal­men­te co­no­ci­da.

En­ton­ces, no te des­lum­bra el gla­mour que ro­dea la mo­da. Así es. Por un la­do me fas­ci­na que exis­ta, que es­té y, por su­pues­to, ser par­te, pe­ro ‘de vi­si­ta’… Es que la mo­da es­tá siem­pre muy al lí­mi­te de ser ex­tre­ma­da­men­te su­per­fi­cial, en­ton­ces uno se pa­sea en­tre esas con­tra­dic­cio­nes de amor y odio, y de re­pen­te abru­ma un

“SOY MÁS BIEN SO­LI­TA­RIA Y NO TEN­GO MU­CHA VO­CA­CIÓN POR LAS LU­CES. O SEA, LO PA­SO BIEN, Y VOY A EVEN­TOS Y TO­DO, PE­RO NO ME DES­LUM­BRA PA­RA NA­DA. ME IN­TERE­SA MU­CHO MÁS CO­MU­NI­CAR Y DAR A CO­NO­CER MI TRA­BA­JO QUE CUAL­QUIER OTRA COSA. NO ME IN­TERE­SA SER YO PER­SO­NAL­MEN­TE CO­NO­CI­DA”.

po­co esa cosa de que lo su­per­fi­cial es­té tan a la vis­ta y tan pre­sen­te.

Lu­pe es­tá em­pe­zan­do a tra­ba­jar en su nue­va co­lec­ción que ve­rá la luz en mar­zo pró­xi­mo. Aho­ra es­tá en un pe­río­do de bús­que­da e ins­pi­ra­ción, las ideas bu­llen en su ca­be­za y ha he­cho un par de pro­to­ti­pos. Los mo­vi­mien­tos so­cia­les, la gen­te y la ciu­dad son al­gu­nas de sus fuen­tes de ins­pi­ra­ción a la ho­ra de di­se­ñar. Su di­se­ña­dor fe­ti­che es John Ga­lliano, a quien si­gue des­de ha­ce años y a quien con­si­de­ra “un ge­nio”. Tam­bién ad­mi­ra el tra­ba­jo de Sa­rah Bur­ton, Ni­co­las Ghes­quiè­re y Hai­der Ac­ker­mann.

¿Hay al­go que nos pue­das avan­zar de la nue­va co­lec­ción? Es una co­lec­ción en la que quie­ro me­ter las ma­nos. No so­lo di­se­ñar­la, tam­bién ar­mar­la y co­ser­la, ha­cer mu­cho tra­ba­jo de ta­ller, que en los úl­ti­mos años ha­bía de­ja­do un po­co de la­do por la car­ga de tra­ba­jo. Por otra par­te, va a ser mu­cho más ex­pe­ri­men­tal, quie­ro que no ten­ga nin­gún ses­go co­mer­cial por­que, cuan­do tie­nes que ven­der, es­to te li­mi­ta. Quie­ro que sea más ar­tís­ti­ca y dar­me li­ber­tad to­tal de ma­te­ria­les, for­mas y si­lue­tas.

Pe­ro la par­te co­mer­cial siem­pre es­tá pre­sen­te. Sí, pe­sa mu­cho. Es­te año ten­go la suer­te de te­ner ese otro tra­ba­jo en la Es­cue­la de Di­se­ño, y por eso me pue­do per­mi­tir un po­co es­ta li­ber­tad to­tal crea­ti­va y quie­ro jus­ta­men­te ha­cer una co­lec­ción sin mu­cho ses­go co­mer­cial. Pe­ro siem­pre es­tá pre­sen­te y las clien­tes tam­bién lo pi­den, no pue­do per­der­lo de vis­ta. Ten­go la suer­te de que a la gen­te le ha gus­ta­do mi pro­pues­ta. Soy ter­ca y me cues­ta tran­sar. Pre­fie­ro qui­zás ven­der me­nos y se­guir mi lí­nea, an­tes que te­ner quin­ce cha­que­tas ne­gras col­ga­das que sé que se van a ven­der mu­cho más fá­cil. Pe­ro esas son de­ci­sio­nes que van mu­tan­do. En es­te mo­men­to es­toy muy re­bel­de y enoja­da de que el mer­ca­do sea tan im­por­tan­te por­que blo­quea en tér­mi­nos crea­ti­vos.

¿En qué va a es­tar ins­pi­ra­da? To­da­vía es­tá un po­co abs­trac­to, no lo he ba­ja­do mu­cho a pa­la­bras. En tér­mi­nos de ma­te­ria­li­da­des quie­ro que sea una co­lec­ción muy po­co pre­ten­cio­sa, po­co os­ten­to­sa, pa­ra dar­le fuerza al men­sa­je. Es de­cir, sin mu­chas dis­trac­cio­nes or­na­men­ta­les, que lo fun­da­men­tal sea el con­cep­to. To­da­vía no lo ten­go de­fi­ni­do pe­ro tie­ne que ver un po­co con la ne­ga­ción y la omi­sión que se ha­ce en Chi­le y en to­da La­ti­noa­mé­ri­ca de los pue­blos in­dí­ge­nas. Eso me due­le, y creo que es ig­no­ran­cia no sen­tir­los par­te de una ri­que­za y que im­pe­re más bien la vi­sión de do­mi­nio y su­pre­ma­cía. Es un te­ma en el que me in­tere­sa ahon­dar. Y a par­tir de ahí quie­ro ex­pre­sar la idea de que lo fun­da­men­tal son las co­sas más sim­ples, las ori­gi­na­les. Creo que el ma­te­rial prin­ci­pal de es­ta co­lec­ción va a ser una ga­sa de al­go­dón, co­mo ese pa­ñal an­ti­guo de co­lor cru­do. Pa­ra mí re­pre­sen­ta una sim­ple­za muy no­ble.

Tus co­lec­cio­nes son muy dis­tin­tas unas de otras, ¿cuál es su hi­lo conductor? Di­ría que en to­das hay har­to tra­ba­jo ar­te­sa­nal. En una, por ejem­plo, hay mu­chas plu­mas que se pe­gan una a una, a mano. En otra des­ta­can las flo­res he­chas con mu­cho detalle. El tra­ba­jo de reciclaje de jeans po­dría ser tam­bién un sello. Me gus­ta mu­cho tra­ba­jar con es­te ma­te­rial por­que, co­mo la crea, aguan­ta mu­chas vi­das. Creo que to­das mis co­lec­cio­nes tie­nen har­to de bús­que­da, ca­da una es un pe­que­ño pro­yec­to. A mí no me ha­ce mu­cho sen­ti­do de­cir ‘ya, es­te es mi sello y aquí me voy a que­dar’, al con­tra­rio, me in­tere­sa tra­ba­jar con la ma­yor can­ti­dad de ma­te­ria­les po­si­bles, for­mas, si­lue­tas… Mis co­lec­cio­nes son tam­bién bas­tan­te ver­sá­ti­les, son bien fue­ra de ten­den­cia. O sea, las es­tu­dio y me veo to­das las pa­sa­re­las por­que me gus­ta, pe­ro no me con­di­cio­nan la crea­ción, pa­ra na­da, y creo que eso tam­bién se no­ta, son más bien atem­po­ra­les. Y son su­per­au­to­ra­les, hay un tra­ba­jo de in­ves­ti­ga­ción que es fuer­te, lar­go, un pro­ce­so bas­tan­te pro­fun­do.

¿En qué mo­men­to de tu ca­rre­ra es­tás aho­ra? En pleno ca­mino. Nun­ca fun­ciono mu­cho con me­tas a lar­go pla­zo, soy más bien cor­to­pla­cis­ta, me gus­ta más el aquí y aho­ra. Mi me­ta más le­ja­na en es­te mo­men­tos es mi co­lec­ción de mar­zo. Te di­ría que cuan­do par­tí so­ña­ba con no sé, esa cosa de ser co­mo Ca­ro­li­na He­rre­ra, te­ner un gran im­pe­rio y eso. Pe­ro ya no, han ido cam­bian­do los sue­ños. Aho­ra me ha­ce mu­cho sen­ti­do es­te nue­vo tra­ba­jo co­mo di­rec­to­ra de la Es­cue­la de Ves­tua­rio por­que me gus­ta la do­cen­cia, los alum­nos. Es muy gra­ti­fi­can­te tras­pa­sar co­no­ci­mien­tos.

¿Có­mo ves la mo­da en Chi­le? En ge­ne­ral la veo bien fo­me. Hay mo­vi­mien­tos muy in­tere­san­tes co­mo de un des­per­tar y des­pre­jui­cio to­tal, que tie­ne re­la­ción con las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes. Pe­ro Chi­le es tan cla­sis­ta… y eso se si­gue no­tan­do en el ves­tua­rio. Me gus­ta cuan­do el ves­tua­rio es ca­paz de de­rri­bar esas fron­te­ras y ton­te­ras que nos in­ven­ta­mos los se­res hu­ma­nos. Se no­ta que hay una aper­tu­ra, mo­vi­mien­tos y ge­ne­ra­cio­nes nue­vas que se atre­ven y jue­gan, pe­ro el pa­no­ra­ma to­da­vía es­tá un po­co ‘clásico’.

¿Có­mo se re­fle­ja ese cla­sis­mo so­cial en el ves­tua­rio? Bueno, creo que es tam­bién al­go muy na­tu­ral y es fe­nó­meno de la mo­da, pe­ro se no­ta en que la gen­te se agru­pa y uni­for­ma. Tú vas a un mall de equis lu­gar y es­tán to­das con los mis­mos za­pa­tos y cha­que­tas. Es el no que­rer des­ta­car, pa­sar pio­la, el po­co ries­go. No creo que sea una ca­rac­te­rís­ti­ca ma­la, pe­ro es muy pro­pia de los chi­le­nos.

Mien­tras crea en su ta­ller, Lu­pe Ga­jar­do es­cu­cha mú­si­ca clá­si­ca o las can­cio­nes ro­mán­ti­cas de Ja­mes Bla­ke.

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