MA­TE­RIA PRI­MA

La Tercera - Mujer - - E N T Rev -

To­dos los co­lla­res se ha­cen con te­las, al­gu­nas las com­pro acá y otras las trai­go de otras par­tes. Al­gu­nas se usan en su es­ta­do na­tu­ral y otras se ti­ñen pa­ra lle­gar a la pa­le­ta de co­lo­res desea­da. El te­ji­do es la ba­se, lue­go se in­cor­po­ran, de­pen­dien­do del mo­de­lo, mo­ne­das de co­bre, pla­ta, pie­dras, cuar­zos, etc. los lí­mi­tes, en­se­ñar­les a con­te­ner­se, me­jo­rar su au­to­es­ti­ma, que se den cuen­ta de que son ca­pa­ces de ha­cer al­go, ser par­te de un pro­yec­to en el que tie­nen pla­zos y res­pon­sa­bi­li­da­des.

¿Có­mo ha si­do es­te pro­ce­so? Tre­men­da­men­te emo­cio­nan­te y gra­ti­fi­ca­dor. Se me pa­ran los pe­los ca­da vez que ellas me pre­gun­tan “¿por qué pen­sas­te en no­so­tras?”, co­mo si na­die lo hi­cie­ra. En la cár­cel hay va­rias ofer­tas la­bo­ra­les, pe­ro es­to es más que eso, aquí hay un te­ma te­ra­péu­ti­co y tam­bién una preo­cu­pa­ción por ellas, por lo que sien­ten y lo que les es­tá pa­san­do. Al co­mien­zo hi­ci­mos una ca­pa­ci­ta­ción de 40 ho­ras. Du­ran­te un mes yo fui to­dos los días. Sa­bía per­fec­ta­men­te cuál de ellas era más me­tó­di­ca o más emo­cio­nal. A tra­vés del te­ji­do les em­pie­zas a sa­car el ro­llo y das es­pa­cio pa­ra que se mues­tren tal cual son, más allá de la ra­zón por la que es­tán en ese lu­gar.

¿Cuán­tas mu­je­res tra­ba­jan con­ti­go? Hoy son so­lo cua­tro, pe­ro mi idea es am­pliar el pro­yec­to a otros cen­tros pe­ni­ten­cia­rios, en re­gio­nes oja­lá. Em­pe­za­mos con seis, pe­ro dos de­ja­ron el pro­yec­to por­que no cum­plie­ron con los pla­zos. La res­pon­sa­bi­li­dad aquí es im­por­tan­te, por­que la idea tam­bién es pre­pa­rar­las pa­ra la rein­ser­ción la­bo­ral una vez que sal­gan.

¿Tu plan, en­ton­ces, es man­te­ner siem­pre la pro­duc­ción he­cha a mano? Sí, cla­ro, es nues­tra ba­ja­da de mar­ca, ‘hand­ma­de nec­kla­ces’. Pe­ro no so­la­men­te por un te­ma de mar­ke­ting, es una con­vic­ción. Creo que la gen­te es­tá em­pe­zan­do a va­lo­rar más las pren­das que tie­nen una historia de­trás. Ca­da uno de es­tos co­lla­res es único, por­que lo hi­zo una per­so­na con sus pro­pias ma­nos, con una con­cien­cia, has­ta con un cam­po ener­gé­ti­co que que­da en él. Ma­ría La Bi­yux no es so­lo una mar­ca de ac­ce­so­rios, hay un cuen­to atrás que la sus­ten­ta, y cuan­do la gen­te lo co­no­ce se enamo­ra tam­bién de eso.

Es­te mo­de­lo es­tá pre­sen­te des­de el co­mien­zo en sus co­lecc­cio­nes, y Ma­ría Jo­sé lo de­fi­ne co­mo su hu­mil­de re­in­ter­pre­ta­ción del tra­ri­lon­ko o ata­ca­be­zas, jo­ya uti­li­za­da en las ce­re­mo­nias re­li­gio­sas ma­pu­ches pa­ra co­nec­tar­se con las di­vi­ni­da­des.

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