Marcela Va­ca­rez­za, con­duc­to­ra de te­le­vi­sión

La Tercera - Reportajes - - Portada - POR FRE­DI VE­LÁS­QUEZ FO­TO­GRA­FÍA MAR­CE­LO SE­GU­RA

Tras la dic­ta­du­ra se ha con­fun­di­do la au­to­ri­dad con au­to­ri­ta­ris­mo.

Pa­sa­mos por un mo­men­to tan ma­lo con el go­bierno de Pi­no­chet, que aho­ra hay sus­to de po­ner­se los pan­ta­lo­nes y ser va­lien­tes frente a la de­lin­cuen­cia. Si ha­bla­mos de en­du­re­cer las pe­nas te tra­tan de fas­cis­ta y di­cen que uno quie­re vol­ver a los tiem­pos de dic­ta­du­ra. No ha­blo de un go­bierno en par­ti­cu­lar, sino de un pro­ble­ma ma­yor. Acá no hay un Es­ta­do que ejer­za mano du­ra pa­ra combatir la de­lin­cuen­cia.

Me han da­do ga­nas de en­trar en po­lí­ti­ca, pe­ro esas son pa­la­bras ma­yo­res.

Son otros los que de­ben ac­tuar pa­ra que cam­bien las co­sas. Sien­to res­pon­sa­bi­li­dad de ha­blar so­bre los te­mas que me preo­cu­pan. Com­pren­do mi rol de fi­gu­ra pú­bli­ca, es bueno vi­si­bi­li­zar las co­sas.

Me en­can­ta­ría vol­ver a la te­le­vi­sión.

Lo encuentro alu­ci­nan­te, lo pa­so bien y me en­tre­ten­go. El pro­ble­ma es que hay me­nos es­pa­cios, los úni­cos pro­gra­mas que fun­cio­nan son los ma­ti­na­les y es­tán to­dos co­pa­dos. Es mun­do muy chi­co.

He pues­to a mis hi­jos por so­bre el tra­ba­jo.

Siem­pre ele­gí ho­ra­rios que me per­mi­tie­ran ser una ma­dre muy pre­sen­te. Aho­ra que es­toy sin tra­ba­jo no me abu­rro por lo mis­mo. Apro­ve­cho la ma­ña­na pa­ra ha­cer trá­mi­tes y la tar­de pa­ra es­tar con mis hi­jos. El día se va lle­nan­do so­lo.

Al hom­bre se le per­mi­te en­ve­je­cer en pan­ta­lla, a la mu­jer, no.

Ese es un ma­chis­mo no­to­rio en la te­le­vi­sión. La mu­jer se man­tie­ne si tie­nes una es­té­ti­ca ade­cua­da, si no la tie­nes, bus­can a otra más jo­ven. Tam­bién son no­to­rias las di­fe­ren­cias de suel­do. Es un te­ma del que se ha­bla su­per­po­co, pe­ro los ani­ma­do­res ga­nan mu­cho más que las ani­ma­do­ras.

Al­gu­nos di­cen que mi tra­yec­to­ria ha si­do gra­cias a ser la es­po­sa de Ra­fael Ara­ne­da.

No creo que sea una cues­tión de gé­ne­ro, esas crí­ti­cas se dan por­que so­mos una pa­re­ja en que los dos par­ti­mos en te­le­vi­sión. Él ha si­do el que ha te­ni­do más éxi­to. Me mo­les­ta que lo di­gan, por­que no es ver­dad. Ca­da uno ha tra­ba­ja­do siem­pre por su cuen­ta.

Nun­ca tu­ve pro­ble­mas con es­tar en la fa­rán­du­la.

Tra­ba­jé mu­chos años en eso. Me gus­ta la fa­rán­du­la he­cha con res­pe­to, sin cahui­nes y sin con­de­nar a la gen­te. Son te­mas en­tre­te­ni­dos y hay que to­mar­los así. Nun­ca me mo­les­tó ser par­te de la no­ti­cia.

De ni­ña so­ña­ba con ser Miss Chi­le.

Era una co­sa me­dio Dis­ney, que­ría lle­gar a ser rei­na. Siem­pre que veía el con­cur­so pen­sa­ba que al­gún día que­ría es­tar ahí. Me pre­sen­ta­ba a cas­ting con la es­pe­ran­za de que al­guien me pu­die­ra des­cu­brir.

Por es­tos días he per­di­do la ca­pa­ci­dad de asom­bro.

Des­pués del ro­bo del que fui­mos víc­ti­mas ten­go una sen­sa­ción de te­mor y re­sig­na­ción. Ha si­do ex­tra­ño. An­do len­ta y des­con­cen­tra­da. Pa­so por mo­men­tos de ra­bia, lue­go por otros de pe­na. Me sien­to en­tre­ga­da. Cuan­do me ba­jo del au­to pien­so que es­to me pue­de pa­sar de nue­vo y que no ofre­ce­ría re­sis­ten­cia.

Tu­vi­mos una reunión con una si­có­lo­ga y ter­mi­na­mos to­dos llo­ran­do.

Es­ta cri­sis nos ha uni­do co­mo fa­mi­lia. Lo que más me da ra­bia es que ha­yan to­ca­do a mis hi­jos. Han reac­cio­na­do bien, pe­ro igual los veo afec­ta­dos.

Nues­tro sis­te­ma pe­nal tra­ba­ja a fa­vor de los de­lin­cuen­tes.

Te­ne­mos una jus­ti­cia ga­ran­tis­ta pa­ra ellos. Cual­quier va­cío en la in­ves­ti­ga­ción, cual­quier error es un ar­gu­men­to a fa­vor de quie­nes ro­ban. Uno tie­ne que an­dar con mu­cho cui­da­do si quie­re que se en­cuen­tren cul­pa­bles. Co­mo país, es­ta­mos so­na­dos.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Chile

© PressReader. All rights reserved.