“No busquen en Pun­ta Peuco la ver­dad que fal­ta en los ca­sos de DD.HH.”

A la es­pe­ra del cie­rre del pe­nal, el ofi­cial de 65 años, que ha pa­sa­do ca­si 30 años pri­va­do de li­ber­tad por el cri­men del di­ri­gen­te sin­di­cal Tucapel Ji­mé­nez, sos­tie­ne que fal­ta in­for­ma­ción en las cau­sas de DD.HH., pe­ro apun­ta al Ejér­ci­to y a quie­nes fue­ro

La Tercera - Reportajes - - Portada - POR LES­LIE AYA­LA C. FO­TO­GRA­FÍAS MAR­CE­LO SE­GU­RA

PPor pri­me­ra vez en los 22 años de exis­ten­cia del pe­nal Pun­ta Peuco no hu­bo fes­te­jos el 11 de sep­tiem­bre, cuan­do se con­me­mo­ra­ron 44 años del Gol­pe Mi­li­tar. An­tes, los in­ter­nos or­ga­ni­za­ban un al­muer­zo y re­cor­da­ban la “ges­ta” en que par­ti­ci­pa­ron -se­gún al­gu­nos de ellos- pa­ra “li­brar al país” del go­bierno mar­xis­ta de la Uni­dad Po­pu­lar.

Uno de los “so­cios fun­da­do­res” del re­cin­to pe­li­ten­cia­rio ex­clu­si­vo de mi­li­ta­res, co­mo se au­to­de­no­mi­na, el ma­yor (R) de Ejér­ci­to Car­los He­rre­ra Ji­mé­nez, con­de­na­do a ca­de­na per­pe­tua por el ase­si­na­to del di­ri­gen­te sin­di­cal Tucapel Ji­mé­nez y el car­pin­te­ro Juan Ale­gría, tie­ne una ex­pli­ca­ción: “No es­tán los áni­mos”. El ex agen­te de la CNI que el pró­xi­mo año po­dría op­tar por be­ne­fi­cios car­ce­la­rios agre­ga que “has­ta el año pa­sa­do se ce­le­bra­ba, al­gu­nos po­nían mar­chas mi­li­ta­res, que a mí me car­gan, pe­ro es­te año no, y ¿sa­be? es me­jor, por­que es una fe­cha que di­vi­de a Chi­le”.

Es jue­ves 28 y son las 9.30 ho­ras. Los gen­dar­mes de Pun­ta Peuco cuen­tan a los in­ter­nos. Es una prác­ti­ca que se ha­ce a dia­rio an­tes del desa­yuno. Lue­go, al­gu­nos de los re­clu­sos -to­dos mi­li­ta­res con­de­na­dos por vio­la­cio­nes a los de­re­chos hu­ma­nos- se acer­can has­ta una re­ja, la pri­me­ra de cin­co que los se­pa­ran del mun­do ex­te­rior, pa­ra pe­dir sus me­di­ca­men­tos, or­ga­ni­zar su sa­li­da al mé­di­co o pe­dir al­go.

Mi­nu­tos des­pués, con un li­bro de apuntes ba­jo el bra­zo, apa­re­ce He­rre­ra Ji­mé­nez.

¿Có­mo es­tá el am­bien­te con el anun­cio del go­bierno so­bre el cie­rre de Pun­ta Peuco?

Hay de to­do, al­gu­nos más preo­cu­pa­dos que otros. Ten­go 29 años y tres me­ses pre­so. He es­ta­do en cár­ce­les en Ar­gen­ti­na, La Se­re­na, Puente Al­to, o sea... sé lo que es la vi­da car­ce­la­ria. He es­ta­do 29 años y tres me­ses pre­so por cau­sas de de­re­chos hu­ma­nos, de ma­ne­ra que pa­ra mí no es un te­ma que me preo­cu­pe, ni tam­po­co me sien­to lla­ma­do a de­fen­der la per­ma­nen­cia o no de Pun­ta Peuco. ¿Sa­be por qué? Por­que es­ti­mo que se pue­de ma­lin­ter­pre­tar, que que­re­mos man­te­ner su­pues­ta­men­te es­te ho­tel de cin­co es­tre­llas del que ha­blan cier­tas per­so­nas. Y eso no es así. Soy so­cio fun­da­dor de es­ta cár­cel. Lle­gué cuan­do se cons­tru­yó, cuan­do se hi­zo pa­ra la pri­sión del ge­ne­ral Con­tre­ras. An­tes de él ha­bía­mos tres pre­sos.

Co­mo so­cio fun­da­dor, y ha­bien­do es­ta­do en otros pe­na­les, ¿no cree que es­ta es una cár­cel con co­mo­di­da­des?

No. Es­ta es una cár­cel co­mo cual­quier otra. Es un mi­to que hay más co­mo­di­da­des. Si us­ted ve es­tas pa­re­des, lo que es­tá pin­ta­do fue por los pre­sos. Cuan­do re­ci­bi­mos es­ta cár­cel no te­nía ni muebles. La ma­yo­ría de las par­tes era obra grue­sa. Si a 22 años de vi­da ins­ti­tu­cio­nal es­ta cár­cel es­tá en me­jor es­ta­do es por no­so­tros. La amo­bla­mos, le po­ne­mos cua­dros que pin­tan los pro­pios pre­sos, los te­le­vi­so­res los compramos no­so­tros, hi­ci­mos los jar­di­nes, to­do.

¿Con re­cur­sos pro­pios?

Cla­ro. Si la ma­yo­ría so­mos pen­sio­na­dos. Si es­ta cár­cel tie­ne me­jo­res es­tán­da­res, co­mo di­jo el mi­nis­tro de Jus­ti­cia, se de­be a que es una cár­cel que ha si­do arre­gla­da por los pre­sos. To­dos los años se pin­ta con car­go a no­so­tros. Si us­ted hue­le, no hay olor a ori­na ni a fe­cas, pe­ro eso es por­que no­so­tros lim­pia­mos. Us­ted va a ver los ba­ños, es­tán im­pe­ca­bles, y nos or­ga­ni­za­mos por mó­du­lo, nues­tras pie­zas lo mis­mo. Le ase­gu­ro que si nos cam­bian de cár­cel en un pla­zo de tres me­ses ese pe­nal al que lle­gue­mos va­mos a arre­glar­lo igual y nue­va­men­te nos van a te­ner que sa­car, por­que “es una cár­cel de cin­co es­tre­llas”.

Por lo que en­tien­do, en­ton­ces, ¿a us­ted no le mo­les­ta el cie­rre de Pun­ta Peuco?

Mi­re, el pro­ble­ma va más allá de es­to. Y eso lo de­ve­la el áni­mo de cie­rre de Pun­ta Peuco. Acá fal­ta una de­fi­ni­ción po­lí­ti­ca, trans­pa­ren­tar a 44 años del Gol­pe qué se pre­ten­de cam­bián­do­nos de cár­cel. ¿Pa­ra qué nos cam­bian? ¿Pa­ra que vi­va­mos peor? ¿Pa­ra que su­fra­mos? ¿Por qué nos cam­bian? Por­que fí­je­se que es­ta cár­cel se hi­zo en 1995 y el de­cre­to de for­ma­ción di­ce que es una cár­cel de al­ta seg­men­ta­ción y de al­ta se­gre­ga­ción, pa­ra cum­plir de­li­tos es­pe­cia­les ocu­rri­dos en un momento es­pe­cial. Pa­la­bras más, pa­la­bras me­nos, es lo que di­ce el de­cre­to.

Pe­ro tie­nen más es­pa­cio, jar­di­nes, pue­den sa­lir al mé­di­co...

Pe­ro esas con­di­cio­nes no han cam­bia­do de 1995 al 2017, si­gue sien­do igual. De es­ta cár­cel ha­blan per­so­nas que no la co­no­cen. Au­to­ri­da­des pe­ni­ten­cia­rias han di­cho que es­ta cár­cel cum­ple con to­dos los es­tán­da­res de una co­mún. Si es­tá or­de­na­da es por nues­tra idio­sin­cra­sia: ¡So­mos mi­li­ta­res!, te­ne­mos una for­ma­ción dis­tin­ta y un ni­vel so­cio­eco­nó­mi­co dis­tin­to al reo co­mún, pe­ro no hay lu­jos, ven­gan a ver­nos... ¿ Qué se pre­ten­de con es­te cam­bio? ¿Que vi­va­mos mal? ¿Nos quie­ren ver con pan­ta­lo­nes cor­tos, sin ca­mi­sa y con un es­to­que co­mo en las pe­lí­cu­las de las cár­ce­les? Eso no va a pa­sar, ya no pa­só aquí, pro­ba­ble­men­te en Colina 1 los in­ter­nos que ya es­tán allá tam­bién la es­tán arre­glan­do. Lo que fal­ta acá es sin­ce­ri­dad, cuál es el ob­je­ti­vo de to­do es­to. Una ex­pli­ca­ción.

¿Có­mo se en­te­ra­ron del cie­rre?

Por las no­ti­cias. Pe­ro sa­be, to­dos los años, cuan­do se acer­ca sep­tiem­bre, di­cen que nos van a cam­biar.

Pe­ro es­te año la Pre­si­den­ta di­jo en CNN que cum­pli­rá el com­pro­mi­so con Car­men Glo­ria Quin­ta­na...

No ten­go có­mo sa­ber si esa ver­sión es cier­ta. Aún así, ¿es­tán pre­pa­ra­dos? ¿Lo ha­blan? ¿Se han or­ga­ni­za­do?

Bueno, si se ha­ce, creo, no va a ser al­go trau­má­ti­co. Al­gu­nos co­mo yo ten­dre­mos que ayu­dar a los más abue­los. Acá ca­si to­dos so­mos vie­jos, pe­ro al­gu­nos es­tán peor que otros. No creo que Gen­dar­me­ría va­ya a adop­tar me­di­das in­hu­ma­nas pa­ra es­te cam­bio. Creo que se ha­rá con la de­bi­da pru­den­cia. Es evi­den­te que nos va a cam­biar la vi­da, por­que es­ta es una cár­cel don­de so­lo es­ta­mos no­so­tros y veo po­co pro­ba­ble que mis nie­tos va­yan a ese nue­vo pe­nal. Co­mo fa­mi­lia lo he­mos con­ver­sa­do y no me gus­ta­ría ex­po­ner­los a ellos tan chi­cos a una fi­la en una cár­cel co­mún, tam­po­co a mis hi­jas. Va a ser tris­te, pe­ro no quie­ro pen­sar en ellos en fi­las con vi­si­tas de cár­ce­les co­mu­nes.

Afue­ra se ha­bla de per­so­nas con avan­za­das en­fer­me­da­des, al­gu­nos ter­mi­na­les y con alz­hei­mer... ¿Es así?

Cla­ro que es así. Aquí hay per­so­nas que es­tán con alz­hei­mer. Hay tres aquí que no tie­nen idea de dón­de es­tán. Ahí la con­de­na ya no es pa­ra esa per­so­na, es pa­ra su fa­mi­lia, ellos ya no es­tán acá.

¿Quié­nes son?

El más co­no­ci­do es el ge­ne­ral Héc­tor Oroz­co. Hay otras dos per­so­nas, pe­ro no me gus­ta­ría nom­brar­las, por­que no sé si ya sa­ben que tie­nen alz­hei­mer. Uno se da cuenta de que son re­pe­ti­ti­vos, ha­blan lo mis­mo siem­pre, pre­gun­tan lo mis­mo, an­dan co­mo per­di­dos. En esos ca­sos sien­to que hay un tra­to in­hu­mano, pe­ro no es de Gen­dar­me­ría, es de los jue­ces cuan­do dic­tan sen­ten­cia y no se cons­ta­ta el es­ta­do de sa­lud de la per­so­na. En el ca­so del ge­ne­ral Oroz­co, por ejem­plo, el úl­ti­mo exa­men de sa­lud que te­nía era de 2013, y fue con­de­na­do el 2017, en ba­se a ese in­for­me. El tri­bu­nal de­bió ha­ber­se fi­ja­do, por­que us­ted se da cuenta des­de le­jos que la per­so­na no es­tá en sus ca­ba­les.

¿Les han he­cho ver eso a los jue­ces que vie­nen a vi­si­tar el pe­nal?

Es que no vie­nen mu­cho. Se su­po­ne que de­be­rían ve­nir se­mes­tral­men­te, pe­ro cuan­do vie­nen cues­ta mu­cho pe­dir­les en­tre­vis­ta. Yo des­de el 2008 que es­toy en con­di­cio­nes de pe­dir be­ne­fi­cios y no me los han da­do.

Lo que pa­sa es que us­ted es­tá con­de­na­do por de­li­tos de le­sa hu­ma­ni­dad...

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