Jac­que­li­ne van Rys­sel­berg­he, se­na­do­ra y pre­si­den­ta UDI

La Tercera - Reportajes - - Portada - POR IG­NA­CIO BA­ZÁN FO­TO­GRA­FÍA: MAR­CE­LO SE­GU­RA

Mis ale­grías más gran­des en la vi­da han si­do te­ner mis hi­jos, pe­ro es­pe­cial­men­te los úl­ti­mos.

Cuan­do se tie­ne al pri­mer hi­jo, una lo espera con es­pe­ran­za, pe­ro de re­pen­te sa­le de den­tro tu­yo un ser hu­mano y es una sen­sa­ción más de sor­pre­sa. Fue una co­sa ra­ra, no sa­bía có­mo to­mar­lo. Con los otros hi­jos sa­bía a lo que iba. Con la ex­pe­rien­cia em­pe­cé a dis­fru­tar más los par­tos. Me en­can­ta­ba cuan­do me pa­sa­ban la gua­gua re­cién sa­li­da.

No sé si Loreto Le­te­lier (can­di­da­ta a dipu­tada de la UDI) fue a las fiestas del par­ti­do que ella des­cri­be pa­ra ser bien sin­ce­ra.

Por­que yo he ido a esas fiestas y no son así. Cuan­do hay un es­pa­cio, hay karaoke y se ríe y uno to­ma un tra­go, pe­ro de ahí a que se pon­gan a bai­lar arri­ba de las me­sas es una exa­ge­ra­ción. En mi ca­so, que he ido a mu­chas fiestas, no ha si­do así. Y aun­que ella lo hu­bie­se vis­to, son co­sas que no se cuen­tan. Fue una fal­ta de cri­te­rio.

Por nin­gún mo­ti­vo vuel­vo al go­bierno.

Es­toy fe­liz co­mo pre­si­den­ta de la UDI. Mi apor­te al go­bierno es me­jor des­de la UDI, tra­ba­jé con Piñera, por lo tan­to, sé las co­sas que le gus­tan o que son im­por­tan­tes pa­ra él en tér­mi­nos de ges­tión.

Mi tien­da de ro­pa du­ró cua­tro años.

Cuan­do sa­lí de la in­ten­den­cia, te­nía que pen­sar qué ha­go. Y no qui­se vol­ver a la psi­quia­tría. Qui­se ha­cer al­go que nun­ca ha­bía po­di­do ha­cer y pu­se la tien­da. Fue en­tre­te­ni­do ar­mar­la. Me en­can­ta com­prar, y com­prar sin cul­pa era ma­ra­vi­llo­so. Me en­can­ta via­jar, así que via­ja­ba a Es­ta­dos Uni­dos con una de mis hi­jas a com­prar ro­pa. Fue una ex­pe­rien­cia no muy lu­cra­ti­va, pe­ro en­tre­te­ni­da.

Hi­ce un diplomado en si­co­te­ra­pia ges­tál­ti­ca.

Es una co­rrien­te que te en­se­ña a vi­vir el pre­sen­te, que te di­ce que lo que pa­só es par­te de tu ex­pe­rien­cia, pe­ro no lo pue­des cam­biar, por lo tan­to, no te amar­gues. Y lo que va a pa­sar, no sa­bes si va a pa­sar y, por lo tan­to, tam­po­co te amar­gues por eso. Dis­fru­ta lo que es­tás vi­vien­do.

Yo soy lo que soy.

No sé si es ma­lo que te acu­sen de cau­di­llo. Nun­ca me lo di­cen tam­po­co. La Re­gión del Bio­bío y Con­cep­ción es una zo­na de iz­quier­da, don­de na­ció el MIR, don­de es se­na­dor Na­va­rro. Si en ese lu­gar he­mos po­di­do de­mos­trar y lo­grar ad­he­sión, esa es una ra­zón pa­ra sen­tir­se or­gu­llo­so, por­que sig­ni­fi­ca que nues­tro tra­ba­jo es­tá pe­ne­tran­do en el co­ra­zón de las per­so­nas. La gen­te vo­ta por no­so­tros y eso no es ca­sua­li­dad.

Me gus­ta la mú­si­ca en cas­te­llano, el rock la­tino, Sil­vio Ro­drí­guez, Sch­wen­ke y Ni­lo.

Y tam­bién me gus­tan los reg­gae­to­nes, por mis hi­jas. Las le­tras son mi­só­gi­nas, sú­per eró­ti­cas y de re­pen­te ves a una ni­ñi­ta de 10 años que es­tá can­tan­do, pe­ro no to­man con­cien­cia de eso. No hay que dar­le más im­por­tan­cia de la que tie­ne. Ellas si­guen la mú­si­ca más que la le­tra, qué vas a ha­cer. ¿Sus­pen­der­les Spo­tify?

Fui atle­ta y has­ta el día de hoy me gus­ta ha­cer mu­cho de­por­te. Hay que com­ba­tir la gra­ve­dad a es­tas al­tu­ras de la vi­da. Me en­can­ta­ba ser atle­ta y com­pe­tir. Aho­ra ten­go una ro­di­lla sin me­nis­cos y pro­ba­ble­men­te en unos años más me ten­gan que po­ner una pró­te­sis.

No me ti­ran mu­chos pi­ro­pos, ¿pue­des creer­lo?

Lo agra­de­ce­ría. Acá en San­tia­go ca­si no an­do en la ca­lle, pe­ro en Con­cep­ción ten­go un ni­vel muy al­to de co­no­ci­mien­to. El po­der en las mu­je­res in­ti­mi­da a los hom­bres. Los pi­ro­pos, en la me­di­da en que no son gro­se­ros ni ofen­si­vos, son agra­da­bles.

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