El ami­go Tom

La Tercera - Tendencias - - SOCIEDAD -

De to­dos los ar­tis­tas que fre­cuen­ta­ban a los Su­ber­ca­seaux en Lon­dres, uno de los más cer­ca­nos fue T.S. Eliot. Lo llamaban sim­ple­men­te Tom. El poe­ta iba con fre­cuen­cia a ce­nar con ellos. Allí les ha­bla­ba de su amor por los ga­tos, he­re­da­do de su pa­dre, y las aven­tu­ras de Sher­lock Hol­mes. Jua­na lo re­cuer­da siem­pre ves­ti­do con tra­je a ra­yas y co­mo un hom­bre tí­mi­do y re­ser­va­do, pe­ro con gran sen­ti­do del hu­mor cuan­do se sen­tía có­mo­do. “Se reía con fa­ci­li­dad y en su ju­ven­tud ha­bía si­do bueno pa­ra las bro­mas”, di­ce.

Una vez, Jua­na le sir­vió de in­tér­pre­te cuan­do Eliot se jun­tó en 1946 a con­ver­sar con Ga­brie­la Mis­tral, en la ca­sa de los Su­ber­ca­seaux. “Me sen­té en me­dio de esas dos cum­bres li­te­ra­rias. El len­gua­je de Ga­brie­la era fas­ci­nan­te, pe­ro di­fí­cil de tra­du­cir: ha­bla­ba sin pau­sa y con un vo­ca­bu­la­rio ima­gi­na­ti­vo, con pa­la­bras in­ven­ta­das”.

Re­cuer­da tam­bién có­mo Eliot agra­de­cía los re­ga­los que la fa­mi­lia le da­ba pa­ra Na­vi­dad. Miel de Sa­la­man­ca, vino, ci­ga­rri­llos y tres ca­jas de fós­fo­ros chi­le­nos. Es­tas úl­ti­mas las guar­dó por mu­chos años. Jua­na lo vio va­rias ve­ces me­ter la mano al bol­si­llo y mos­trár­se­las a otras per­so­nas. En una In­gla­te­rra en gue­rra, con to­do ra­cio­na­do, esos eran pe­que­ños tro­feos.

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