HÉC­TOR MO­RA­LES

Por es­tos días, el ac­tor pro­ta­go­ni­za la obra El zoo­ló­gi­co de cris­tal en el tea­tro Mo­ri de Be­lla­vis­ta y con­du­ce el pro­gra­ma cul­tu­ral Zoom ur­bano de TVN.

La Tercera - Tendencias - - APUNTES -

LEO

Siem­pre es­toy le­yen­do más de un li­bro a la vez. Me abu­rro fá­cil y tra­to de adap­tar­me al con­tex­to. Si es­toy en ca­sa, leo al­go dis­tin­to que en el par­que o en el tra­ba­jo. Aho­ra es­toy en­tre Te­rriers de Cons­tan­za Gu­tié­rrez, La Fron­te­ra:

Cró­ni­ca de la Arau­ca­nía re­bel­de, de Ana

Rodríguez y Pa­blo Vergara, y Sa­piens: De ani­ma­les a dio­ses, de Yu­val Noah Ha­ra­ri. Me ha re­sul­ta­do bas­tan­te in­tere­san­te el mix.

VEO

Do­cu­men­ta­les, que me cau­ti­van más que cual­quier otro gé­ne­ro ci­ne­ma­to­grá­fi­co. Tam­bién, por co­sa de tiem­po, los veo por par­tes y mez­cla­dos. Es­tos son los úl­ti­mos que ron­dan por mi ca­be­za: Cha­sing Ice, so­bre un es­cép­ti­co del ca­len­ta­mien­to glo­bal y su trans­for­ma­ción; The Wolf­pack, im­pac­tan­te e in­ve­ro­sí­mil his­to­ria de cua­tro her­ma­nos que vi­vie­ron du­ran­te 14 años en­ce­rra­dos; y Matt She­pard is a Friend of

Mi­ne, la his­to­ria de un jo­ven de 21 años víc­ti­ma de un cri­men de odio por mo­ti­vos se­xua­les.

CO­MO

Ave­na con le­che, yo­gur, tor­ti­llas y ga­lle­tas. Soy ave­noa­dic­to sin áni­mo de reha­bi­li­ta­ción.

CREO

En la in­tui­ción. Hoy más que nun­ca la he pues­to a prue­ba y es in­fa­li­ble. Creo en el amor que sien­to y me en­tre­gan hoy. Y siem­pre cree­ré en la bon­dad de los des­co­no­ci­dos.

TO­MO

Agua en la ma­ña­na y vino en la no­che. El agua me des­pier­ta y el vino me ayu­da a lle­gar bien y a dor­mir tran­qui­lo. Mi fa­vo­ri­to: el vino blan­co. Me ha qui­ta­do has­ta el res­fria­do.

BAILO

Lle­vo me­ses re­pi­tien­do que “NO bailo” ha­ce mu­cho tiem­po, pe­ro na­die me pes­ca así que pa­re­ce que ur­ge ha­cer­se car­go pron­to.

USO

Mu­cha ro­pa du­ran­te el día. Nun­ca ter­mino el día con la mis­ma ro­pa con la que sa­lí en la ma­ña­na. Ten­go ro­pa en el tea­tro, en el ca­nal, en el au­to y en el gim­na­sio. Me abri­go, me des­abri­go; me du­cho y vuel­vo a cam­biar… mí­ni­mo dos o tres cal­zon­ci­llos y po­le­ras al día.

ES­CU­CHO

Me gus­ta mu­cho la mú­si­ca chi­le­na. Ar­mo al­gu­nas lis­tas pa­ra la bi­ci­cle­ta, pa­ra la ma­ña­na y pa­ra el ca­ma­rín del tea­tro. ECSDLQHP y Ni­ños del ce­rro se han trans­for­ma­do en una ex­ce­len­te com­pa­ñía ca­mino a ca­sa. Tam­bién Li­ri­cis­tas, que apor­tan una bue­na do­sis de hip-hop dia­ria.

ODIO

El co­bro de sen­ti­mien­tos… “¿Por qué no me vi­nis­te a ver?”; “No me lla­mas­te”; “No con­tes­tas­te”; “No te acor­das­te”... Mata pa­sio­nes, de­man­dan­te y abu­rri­do.

COMPRO

Por in­ter­net lo más po­si­ble. Lo úni­co que se­guía ha­cien­do pre­sen­cial­men­te era ir al su­per­mer­ca­do, pe­ro me em­pe­zó a dar una la­ta tan gran­de, que aho­ra no sal­go ni a la es­qui­na cuan­do es­toy en ca­sa.

ADMIRO

A to­dos los que cam­bian de ru­bro, de ideas, de dis­cur­so, de tra­ba­jo, de pa­re­ja, de se­xo, de vi­da. En un país tan pa­ca­to, pe­la­dor y con­ser­va­dor co­mo Chi­le, cam­biar, ser otro y rein­ven­tar­se es un ac­to he­roi­co y va­lien­te.

PRACTICO

Mor­der­me la len­gua. No pier­do la opor­tu­ni­dad de guar­dar si­len­cio. Me gus­ta es­cu­char: apren­do, me río, odio y de­tes­to en si­len­cio.

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