POR QUÉ GREY FUN­CIO­NA

La Tercera - - SOCIEDAD -

TAN­TO hom­bre, y al­gu­nas mu­je­res, ha des­po­tri­ca­do con­tra el se­xo en Cin­cuen­ta som­bras de Grey, la ver­sión fíl­mi­ca. Que no es tan fuer­te, que no es tan hot, como en el li­bro. Pe­ro eso es una vi­sión muy mas­cu­li­na: de­cir que no fun­cio­na o que es ton­to, sien­do que es un éxi­to en­tre las mi­llo­nes de mu­je­res al­re­de­dor del mun­do que han he­cho de la cin­ta un ré­cord de ta­qui­lla. No es una teo­ría que el se­xo en te­ral­men­te). Lue­go, es­tá el he­cho de que Ja­mie Dor­nan sin po­le­ra da pa­ra ver una pe­lí­cu­la, un po­wer point y has­ta un diaporama. Y es­tá la fan­ta­sía de que el más gua­po e in­do­ma­ble la quie­ra a una, tan nor­mal. Pe­ro en lo que se re­fie­re a las sá­ba­nas, el te­ma no es­tá en que lo vi­sual no sea tan ex­plí­ci­to como el pa­pel, el éxi­to re­si­de en otro la­do. Gran par­te de las es­ce­nas se­xua­les de la pe­lí­cu­la son, en co­lo­quial, “la pre­via”. Grey ama­rra a Anas­ta­sia -lo cues­tio­na­ble-, pe­ro lue­go se de­di­ca mu­cho, mu­cho, mu­cho ra­to a mi­mar­la, amar­la, aco­sar­la, to­car­la, ad­mi­rar­la. Y eso es al­go que to­do gu­rú de au­to­ayu­da, se­xó­lo­go, re­vis­tas y el in­ter­net vie­ne di­cien­do: lo que quie­ren las mu­je­res es que su pla­cer no sea se­cun­da­rio al de los hom­bres. Grey la ama­rra, pe­ro, al me­nos en es­ta pri­me­ra par­te, es su es­cla­vo en la ca­ma.

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