En la ren­ta­bi­li­dad co­mer­cial, más que en el triun­fo ar­tís­ti­co, es­tá la ex­pli­ca­ción de las úl­ti­mas co­la­bo­ra­cio­nes de McCart­ney.

La Tercera - - SOCIEDAD ESPECTÁCULOS -

du­cen a una pre­sen­cia no­mi­nal, a una suer­te de par­ti­ci­pa­ción se­cun­da­ria, en las que ni si­quie­ra se le es­cu­cha la voz al ex Beatle, como que­da cla­ro en Only one, single del ra­pe­ro lan­za­do a fi­nes de 2014, y en Fou­rFi­veSe­conds, sen­ci­llo de la ori­gi­na­ria de Bar­ba­dos, don­de tam­bién par­ti­ci­pa West, y que fue es­tre­na­do pú­bli­ca­men­te en la úl­ti­ma edi­ción de los pre­mios Grammy.

Y que que­de cla­ro de en­tra­da, no es un te­ma de gus­tos -las dos can­cio­nes ca­li­fi­can en­tre lo más emo­ti­vo que ha­yan fir­ma­do am­bos- o de que­rer re­la­ti­vi­zar los per­ga­mi­nos de sus pro­ta­go­nis­tas. Por­que con­ven­ga­mos que, aun­que cu­rio­sas, las re­cien­tes in­ter­ven­cio­nes de Mac­ca son guia­das y en­ca­be­za­das por dos de las fir­mas más gra­vi­tan­tes del pop ac­tual. Y qui­zás ahí, en la ren­ta­bi­li­dad co­mer­cial más que en el triun­fo ar­tís­ti­co, es­tá la real ex­pli­ca­ción de por qué es­ta le­yen­da de 72 años de edad pa­re­ce tan dis­pues­to a po­ner la ca­ra en pro­yec­tos don­de só­lo des­ta­ca en las fo­tos y en los cré­di­tos.

El dato es con­cre­to y di­ce que gra­cias a su “co­la­bo­ra­ción” con Kan­ye West (don­de úni­ca­men­te to­ca el te­cla­do), McCart­ney re­gre­só al top 40 de los ran­kings en Es­ta­dos Uni­dos des­pués de 25 años. En ri­gor, des­de que My bra­ve face (1989) pe­gó en las ra­dios.

Y con Fou­rFi­veSe­conds, de Rihan­na y West y don­de el ex Fab Four apor­ta con la gui­ta­rra acús­ti­ca, el vie­jo ído­lo su­peró un ré­cord to­da­vía ma­yor: vol­vió al top 10 des­pués de 29 años, en el re­gre­so más lar­go que re­cuer­de es­te ti­po de con­teos en 56 años de his­to­ria (su- pe­ran­do a San­ta­na que de­mo­ró 28 años en vol­ver al top de las 10 más to­ca­das).

Sin du­da que son lo­gros ad­mi­ra­bles, so­bre to­do por su edad, pe­ro la pre­gun­ta de fon­do, esa que sur­ge cuan­do lo ves arri­ba del es­ce­na­rio al­go in­có­mo­do ani­ma­do la fies­ta de otros, es ¿real­men­te lo ne­ce­si­ta? ¿De ver­dad el vie­jo Mac­ca cree que va a mo­der­ni­zar su per­fil o va en­tu­sias­mar a nue­vas au­dien- cias con es­tas co­la­bo­ra­cio­nes? ¿Le su­man al­go a su le­ga­do, su ca­rre­ra o su re­per­to­rio? ¿Va­le el triun­fo co­mer­cial y el re­torno a los ran­kings des­pués de dé­ca­das de au­sen­cia cuan­do la ver­dad es que apa­re­ces por la fir­ma y como caí­do de otra obra?

Un me­ló­mano po­dría res­pon­der fá­cil: es un Beatle y pue­de ha­cer lo que quie­ra. Otra co­sa, es com­prar­le to­dos los bo­le­tos a un hom­bre de­ma­sia­do preo­cu­pa­do de no en­ve­je­cer.

FO­TO:GETTY IMAGES

RREl ex Beatle en los úl­ti­mos pre­mios Grammy, con Kan­ye West y Rihan­na.

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