“El re­gre­so a Chi­le es una de­ci­sión que es­tá to­ma­da”

► El Es­co­cés de­ci­de que a fin de año pon­drá fin a 15 tem­po­ra­das de ca­rre­ra in­ter­na­cio­nal. ► A los 39 años, quie­re po­ner una aca­de­mia y trans­mi­tir lo que sa­be; ya en­se­ñó en Es­pa­ña.

La Tercera - - Deportes - Die­go Her­mo­si­lla P.

El do­min­go pa­sa­do, Mark Tu­llo fi­na­li­za­ba quin­to en un tor­neo del Cha­llen­ger Tour. Tras el po­si­ti­vo re­sul­ta­do, afir­ma­ba: “Que­dé más o me­nos 30º (es 31º) en el ran­king. Ni idea de cuán­to es­ta­ba an­tes. Ten­go que ad­mi­tir que es­te año lo es­toy to­man­do mu­cho más relajado. Ju­ga­ré má­xi­mo 10 o 12 tor­neos y si al­go má­gi­co lle­ga­se a pa­sar, ve­ré có­mo si­gue mi fu­tu­ro”. La pre­gun­ta es ob­via.

¿Es­tá to­man­do és­te co­mo su úl­ti­mo año en Eu­ro­pa?

Así es. El re­gre­so a Chi­le es una de­ci­sión que es­tá to­ma­da, es­toy vol­vien­do 100 por cien­to a fi­nes de año con la fa­mi­lia.

Es­ta de­ci­sión “cien­to por cien­to”, ¿des­de cuán­do la tie­ne to­ma­da?

Siem­pre es­tu­vo en mi plan vol­ver a Chi­le, el te­ma era cuán­do. A co­mien­zos de es­te año se fue ma­te­ria­li­zan­do la idea. Es de­cir, yo con­ven­cien­do a mi se­ño­ra. Ya te­ne­mos co­le­gio pa­ga­do (en San­tia­go) pa­ra 2018, así que ya es­ta­mos. Lle­vo más de 20 años vi­vien­do fue­ra de Chi­le y ya es­toy ho­me sick ha­ce años. Esas amis­ta­des de to­da la vi­da... la fa­mi­lia, mis hi­jos po­der cre­cer con pri­mos... to­do su­ma a es­ta de­ci­sión.

Eso “má­gi­co que lle­ga­se a pa­sar” de­be ser cla­si­fi­car al European Tour. ¿Ha­ría cam­biar su de­ci­sión?

No. En esa even­tua­li­dad via­ja­ría des­de Chi­le a los tor­neos del Tour Eu­ro­peo.

¿Có­mo se ve hoy día? ¿Es un gol­fis­ta tam­bién preo­cu­pa­do de la fa­mi­lia o un pa­dre que a la vez se de­di­ca al golf?

Es una muy buen pre­gun­ta. Soy un gol­fis­ta pe­ro de­ma- sia­do preo­cu­pa­do de mi fa­mi­lia. Mis ni­ños es­tán en esa edad en que me ne­ce­si­tan mu­cho y yo no me los quie­ro se­guir per­dien­do.

Las úl­ti­mas dos o tres tem­po­ra­das, ¿han si­do lo que es­pe­ra­ba?

Pa­ra na­da, las úl­ti­mas dos tem­po­ra­das fue­ron du­ras pa­ra mí. En el año 2015 es­tu­ve en el European Tour y no lo­gré des­pe­gar en to­do el año, lo que con­ti­nuó en 2016.

Aún jo­ven se fue a Es­ta­dos Uni­dos a es­tu­diar y des­pués al Alps Tour. ¿Có­mo pen­sa­ba en esos años que se­ría su vi­da en 2017?

Du­ran­te mis es­tu­dios en Es­ta­dos Uni­dos nun­ca so­ñé con ser pro­fe­sio­nal y esa de­ci­sión fue pa­ra pro­bar un par de años, pa­ra sa­ber có­mo iría la mano. De jo­ven nun­ca pen­sé que ter­mi­na­ría ju­gan­do en el Tour Eu­ro­peo y aquí, 15 años des­pués, no me arre­pien­to en na­da de la de­ci­sión que to­mé. Han si­do años en que he co­no­ci­do el mun­do, he te­ni­do vic­to­rias, de­rro­tas, he re­pre­sen­ta­do a mi país en nu­me­ro­sas oca­sio­nes y to­do eso su­ma a la per­so­na que soy hoy.

El Cha­llen­ger Tour no da tan­to di­ne­ro. ¿Eso su­mó pa­ra la de­ci­sión de ve­nir­se?

Es­tar ocho me­ses y me­dio fue­ra de ca­sa y que a fin de año no se pa­guen las cuen­tas, no va­le la pe­na. Es un cir­cui­to pa­ra jó­ve­nes, un step­ping sto­ne pa­ra lle­gar a pri­me­ra di­vi­sión, no pa­ra que­dar­se mu­chos años.

An­tes via­ja­ba con Fe­li­pe Agui­lar; hoy, con Ni­co Gey­ger ¿Es igual, se for­ja una amis­tad o la di­fe­ren­cia de edad pe­sa?

Es exac­ta­men­te igual, ten­go una ex­ce­len­te amis­tad con am­bos. La úni­ca di­fe­ren­cia es que uno es ne­gro y el otro es ru­bio. Am­bos muy pro­fe­sio­na­les y de­di­ca­dos en lo que ha­cen.

¿Có­mo ve a las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes? ¿A Pe­rei­ra, a Nie­mann?

Per­so­nal­men­te creo que son to­tal­men­te su­pe­rio­res a lo que éra­mos no­so­tros a esa edad. El golf en Chi­le se ha pro­fe­sio­na­li­za­do mu­cho y eso se de­mues­tra en los nú­me­ros de es­ta nue­va ca­ma­da. En mi épo­ca, al ter­mi­nar de ju­gar un tor­neo nos íba­mos a ju­gar pi­chan­gas y aho­ra ellos ¡se van a prac­ti­car cua­tro ho­ras más! Ejem­plos de es­to es que hay vein­tea­ñe­ros y me­no­res ju­gan­do el Mas­ters y el US Open.

¿Tie­ne al­gu­na ob­ser­va­ción res­pec­to de su jue­go? ¿Es­tá fa­llan­do al­go?

To­mé la de­ci­sión de ju­gar me­nos tor­neos y oja­lá te­ner me­jo­res re­sul­ta­dos. Des­de que to­mé la de­ci­sión de vol­ver a Chi­le, me im­por­ta me­nos el re­sul­ta­do y es­toy ju­gan­do me­jor.

“Lle­vo más de 20 años vi­vien­do fue­ra de Chi­le y ya es­toy ha­ce años. La fa­mi­lia, mis hi­jos... to­do su­ma a es­ta de­ci­sión”.

Una vez en Chi­le, ¿qué pien­sa ha­cer?

Quie­ro for­mar una aca­de­mia, quie­ro con­tri­buir al golf en Chi­le. Pa­ra mi sor­pre­sa, he es­ta­do ha­cien­do cla­ses aquí en el sur de Es­pa­ña y me ha gus­ta­do mu­cho el desafío de en­se­ñar a al­guien a su­pe­rar­se en su golf. El diag­nos­ti­car, dar a en­ten­der los erro­res y crear la so­lu­ción pa­ra que se vea re­fle­ja­do en un me­jor gol­pe, me ha en­can­ta­do. Ob­via­men­te quie­ro se­guir ju­gan­do, se­guir vi­gen­te y com­pi­tien­do, que es lo que me fas­ci­na. In­ten­ta­ré, eso sí, que in­vo­lu­cre me­nos via­jes.

“Son to­tal­men­te su­pe­rio­res a lo que éra­mos no­so­tros a esa edad. El golf en Chi­le se ha pro­fe­sio­na­li­za­do”.

Me ima­gino que son de­ci­sio­nes que to­ma en fa­mi­lia, ¿qué di­ce Mag­da­le­na, su se­ño­ra?

Ha si­do un te­ma de­li­ca­do por­que ella ha es­ta­do muy a gus­to es­tos años en Es­pa­ña. Ella es ki­ne­sió­lo­ga y ha es­ta­do tra­ba­jan­do en una clí­ni­ca muy re­co­no­ci­da en Mar­be­lla, lo que la ha he­cho per­fec­cio­nar­se aún más en lo que ha­ce. Vi­vi­mos en un am­bien­te in­ter­na­cio­nal que a ella le en­can­ta y se ha he­cho de muy bue­nas amis­ta­des, ade­más de vi­vir al la­do del mar. Creo que po­co a po­co se es­tá ha­cien­do la idea y voy a te­ner que aguan­tar­me un via­je en van pa­ra que se vuel­va más con­ten­ta (ríe). Ob­via­men­te el vol­ver a dis­fru­tar de su fa­mi­lia y ami­gos, la tie­ne muy con­ten­ta.

Sus ni­ños tie­nen sie­te y tres años, ¿a al­guno le gus­ta el golf?

Sí, am­bos sa­lie­ron su­per de­por­tis­tas y el golf es uno de los de­por­tes que prac­ti­ca­mos en fa­mi­lia. El ma­yor fue muy bueno, pe­ro aho­ra es un apa­sio­na­do por el fút­bol. El me­nor es más fa­ná­ti­co y jue­ga a mano cam­bia­da y no me de­ja co­rre­gir­lo. Bueno, eso ha­bla mal de mí co­mo pro­fe­sor.b

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