La­de­pen­den­cia deMar­ce­lo

► Díaz es el ju­ga­dor de la Ro­ja más efec­ti­vo en pa­ses y el cuar­to del tor­neo.

La Tercera - - Deportes - Ben­ja­mín Sán­chez

Vuel­ve Mar­ce­lo Díaz. La Ro­ja res­pi­ra. Cuan­do el vo­lan­te cen­tral no es­tá, el equi­po no car­bu­ra. Cuan­do es­tá, to­do en­ca­ja, se or­de­na y fun­cio­na. Una reali­dad con la que se ha en­con­tra­do es­ta se­lec­ción a lo lar­go de los años y que na­die ha sa­bi­do co­rre­gir o ven­cer. No es tan­to dis­cu­tir la ca­li­dad y el ofi­cio de Mar­ce­lo Díaz co­mo que na­die sea ca­paz de man­te­ner el ni­vel al re­le­var­le. Una evi­den­cia, ade­más, que só­lo ocu­rre en la Se­lec­ción, que no se re­pro­du­ce en el mun­do de los clu­bes, don­de Díaz es una pie­za se­cun­da­ria. En la Ro­ja se ha vuel­to im­pres­cin­di­ble.

Las vir­tu­des de Mar­ce­lo son in­dis­cu­ti­bles. Cri­te­rio­so a la ho­ra de ad­mi­nis­trar el ba­lón y ha­cer ju­gar a los com­pa­ñe­ros, bue­na ubi­ca­ción, gran vi­sión de jue­go. Sin bri­llar, ha­cien­do un tra­ba­jo si­len­cio­so, ge­ne­ra jue­go y per­mi­te que Vidal o Arán­guiz se pue­dan sol­tar e in­cor­po­rar al ata­que.

Ti­tu­lar en 11 par­ti­dos de las Eli­mi­na­to­rias pa­ra Bra­sil 2014 y ti­tu­lar en to­dos los de la fa­se fi­nal, fue Van Gaal el que se per­ca­tó de su im­por­tan­cia en el en­gra­na­je de la má­qui­na de Sam­pao­li y se preo­cu­pó de que Díaz siem­pre tu­vie­ra un ju­ga­dor en­ci­ma, ge­ne­ral­men­te Sneijder, el prin­ci­pal res­pon­sa­ble de su mar­ca. Chi­le per­dió 2-0.

Un año des­pués, en la Co­pa Amé­ri­ca, Mar­ce­lo fue otra vez fac­tor. Ti­tu­lar siem­pre y hom­bre cla­ve en la fi­nal, por su duc­ti­li­dad tác­ti­ca: se ubi­có va­rios me­tros atrás de lo ha­bi­tual pa­ra ayu­dar en la mar­ca es­ca­lo­na­da a Mes­si y pa­ra sa­car el ba­lón ju­gan­do lim­pio desde el ini­cio. A ra­tos fue un ter­cer cen­tral.

El año pa­sa­do, en la Co­pa Cen- te­na­rio, tam­bién fue de los es­te­la­res. Martino, téc­ni­co de Ar­gen­ti­na, se preo­cu­pó es­pe­cial­men­te en el es­treno de que Díaz fue­ra el hom­bre a mar­car pa­ra evi­tar el jue­go flui­do de Chi­le. Cada vez que re­ci­bía, te­nía a Ba­ne­ga o Mas­che­rano en­ci­ma. Ga­nó Ar­gen­ti­na (2-1).

En la Con­fe­de­ra­cio­nes, el peor par­ti­do de Chi­le fue an­te Aus­tra­lia (1-1). Ca­re­pa­to no fue ti­tu­lar. En su lu­gar ju­gó Fran­cis­co Sil­va, que no cum­plió tác­ti­ca­men­te y se mos­tró muy im­pre­ci­so en los pa­ses. Chi­le per­dió cla­ri­dad.

Co­mo le ocu­rrió en los par­ti­dos de Eli­mi­na­to­rias pa­ra el Mundial de Ru­sia en que no con­tó con su pi­vo­te de re­fe­ren­cia, an­te Pa­ra­guay (2-1) y fren­te a Bo­li­via (0-0; co­rre­gi­do lue­go a 3-0 en los des­pa­chos). Ni Sil­va ni Ro­dri­go Mi­llar su­pie­ron ha­cer sus ve­ces.

Chi­le es el equi­po más efec­ti­vo ad­mi­nis­tran­do el ba­lón en la Con­fe­de­ra­cio­nes y el gran res­pon­sa­ble es Mar­ce­lo Díaz. El del Cel­ta es el chi­leno más cer­te­ro dan­do pa­ses. De 146, fue­ron co­rrec­tos 137 (un 94%). Una efec­ti­vi­dad que na­die igua­la. Es ver­dad que Díaz no arries­ga, to­ca más bien en cor­to. Siem­pre al pa­se se­gu­ro. El ju­ga­dor fun­da­men­tal de la Ro­ja al que aún no le en­cuen­tra re­em­pla­zan­te.b

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