El nue­ve que vol­vió a na­cer

John Jai­ro Mos­que­ra, 29 años, au­tor de dos go­les an­te Colo Colo, es pro­fe­sio­nal des­de los 14. Pa­só por di­fe­ren­tes clu­bes de Eu­ro­pa y com­par­tió ca­ma­rín con Klo­se y Die­go en el Wer­der Bre­men. Un día se des­plo­mó en una can­cha y pa­re­cía que no lo con­ta­ba más.

La Tercera - - Deportes - Por Ma­tías Par­ker.

John Jai­ro Mos­que­ra no aguan­ta más. Tie­ne ape­nas 19 años, y la al­ta exi­gen­cia de la pre­tem­po­ra­da del Carl Zeiss, club del fút­bol ale­mán, co­mien­za a pa­sar­le la cuen­ta. Ca­da vez res­pi­ra más agi­ta­do. Co­mien­za a ver bo­rro­so. En po­cos se­gun­dos, el de­lan­te­ro co­lom­biano cae des­plo­ma­do an­te la sor­pre­sa de to­dos sus com­pa­ñe­ros. Los gri­tos de ayu­da son in­me­dia­tos. La de­ses­pe­ra­ción se apo­de­ra de los pre­sen­tes, que no en­tien­den qué es­tá pa­san­do. El doctor Ru­di­ger Wac­ker to­ma al ju­ga­dor y lo tras­la­da rá­pi­da­men­te a un cen­tro hos­pi­ta­la­rio en la ciu­dad de Er­fur, ca­pi­tal de Tu­rin­gia. En los me­dios ale­ma­nes la no­ti­cia cau­sa con­mo­ción y no du­dan en ca­ta­lo­gar la des­com­pen­sa­ción del jo­ven fut­bo­lis­ta en un in­far­to.

Hoy, diez años des­pués, John Jai­ro Mos­que­ra es­tá a 12.500 ki­ló­me­tros del su­ce­so que, se­gu­ra­men­te, mar­có su vi­da. Su arri­bo a La Se­re­na, club que mi­li­ta en la Pri­me­ra B, lo tie­ne fe­liz. Más aún cuan­do el fin de se­ma­na pa­sa­do vol­vió a ga­nar­se las por­ta­das de los me­dios, pe­ro por un su­ce­so más fe­liz. El ata­can­te con­vir­tió dos go­les en el 4-1 an­te Colo Colo, desatan­do rá­pi­da­men­te la ido­la- tría en­tre los hin­chas pa­pa­ye­ros: “En la ca­lle me han pe­di­do fo­tos. Aho­ra me re­co­no­cen un po­co más. Es lin­do cuan­do la gen­te te va­lo­ra de al­gu­na ma­ne­ra”.

En con­ver­sa­ción con La Ter­ce­ra, el fut­bo­lis­ta de An­tio­quía se en­car­ga de acla­rar que no su­frió un in­far­to en la prác­ti­ca del cua­dro ale­mán: “Yo no lo lla­ma­ría in­far­to, por­que no fue un in­far­to. Fue co­mo un can­san­cio acu­mu­la­do que se pro­du­jo por una pre­tem­po­ra­da muy exi­gen­te que vi­vi­mos en el club. Me des­ma­yé, es cier­to, pe­ro me hi­cie­ron los exá­me­nes mé­di­cos y to­do sa­lió bien. No po­dría ha­ber se­gui­do ju­gan­do al fút­bol si hu­bie­se su­fri­do un in­far­to”, di­ce, de en­tra­da. “Es ló­gi­co que se preo­cu­pa­ran por mí. Era muy jo­ven, y no era nor­mal que me ma­rea­ra y ca­ye­ra des­ma­ya­do du­ran­te una prác­ti­ca de mi equipo. Pe­ro no fue un in­far­to, te in­sis­to. Per­dí la con­cien­cia, pe­ro por can­san­cio”, vuelve a reite­rar, con un tono más se­rio.

Lo cier­to es que la ca­rre­ra de Mos­que­ra lo tie­ne en la his­to­ria del fút­bol co­lom­biano. A los 14 años se con­vir­tió en el fut­bo­lis­ta más jo­ven del me­dio lo­cal en de­bu­tar en el fút­bol pro­fe­sio­nal, en Mi­llo­na­rios, club de Bogotá. Ju­gó on­ce mi­nu­tos an­te Atlé­ti­co Hui­la, por el tor­neo lo­cal: “Creo que ese ré­cord no me lo van a qui­tar nun­ca. Fue muy jo­ven. Me acuer­do que es­ta­ba ca­len­tan­do y el pro­fe me lla­mó. Era la opor­tu­ni­dad que bus­qué du­ran­te to­da mi vi­da”, de­ta­lla, co­mo via­jan­do por el tiempo pa­ra re­cor­dar el su­ce­so.

Su ca­rre­ra tu­vo un sal­to ines­pe­ra­do. Ju­gó en el fút­bol da­nés a los 16 años, y dos tem­po­ra­das des­pués fue fi­cha­do por el Wer­der Bre­men, en Ale­ma­nia. Ahí com­par­tió ca­ma­rín con fi­gu­ras co­mo Die­go, Klo­se, Hu­go Al­mei­da: “Con Klo­se com­par­tí har­to. Me de­cía que es­tu­vie­ra tranquilo, que de­bía apren­der el idio­ma pa­ra po­der des­ta­car. Fue un ju­ga­dor que me ayu­dó bas­tan­te en mis ini­cios. El técnico tam­bién me co­men­ta­ba lo mis­mo. Era com­pli­ca­do el len­gua­je, pe­ro fi­nal­men­te pu­de lo­grar­lo. Con Hu­go Al­mei­da aún man­ten­go con­tac­to, con Die­go tam­bién”, di­ce.

En 2014, sin em­bar­go, su ca­rre­ra en el Viejo Con­ti­nen­te se dio por fi­na­li­za­da. De­ci­dió re­tor­nar a En­vi­ga­do, club de su país: “No sé qué me fal­tó pa­ra se­guir allá, si es que fal­tó al­go. Ya lle­va­ba mu­cho tiempo en Eu­ro­pa, ca­si 12 años. Vol­ví a Co­lom­bia por­que mi ma­má es­ta­ba un po­co en­fer­ma. Que­ría es­tar un po­co más cer­ca de ella, por eso de­ci­dí vol­ver a ca­sa. Tu­ve op­cio­nes de se­guir en Eu­ro­pa”, acla­ra.

Hoy, su men­te só­lo es­tá en de­rro­tar a Colo Colo con la ca­mi­se­ta gra­na­te. Sue­ña de­jar al Ca­ci­que en el ca­mino en Co­pa Chi­le: “Te­ne­mos que es­tar tran­qui­los. Ellos tie­nen que sa­lir a bus­car el par­ti­do, pe­ro no nos va­mos a en­ce­rrar atrás. Es­pe­ro te­ner una opor­tu­ni­dad. No hay que ol­vi­dar que Colo Colo tie­ne gran­des ju­ga­do­res co­mo Val­di­via, Pa­re­des, Val­dés, en­tre otros”. No obs­tan­te, de­cla­ra su sor­pre­sa por el ba­jo ni­vel que ex­hi­bió el equipo de Gue­de en la Cuar­ta Re­gión: “Me sor­pren­dió un po­co. El equipo que ju­gó el amis­to­so con­tra Co­quim­bo Uni­do fue muy di­fe­ren­te. No sé qué les pa­só. Tam­bién hay que des­ta­car que hi­ci­mos un buen par­ti­do”, cie­rra.

En La Se­re­na ce­le­bran el arri­bo de uno de los fut­bo­lis­tas que pro­me­te trans­for­mar­se en uno de los me­jo­res re­fuer­zos del último tiempo. Sa­ben, que si sus bue­nas ac­tua­cio­nes con­ti­núan, lo mi­ra­rán des­de pri­me­ra di­vi­sión. El ata­can­te tam­bién lo asume de esa ma­ne­ra: “Me gus­ta­ría dar el sal­to, pe­ro pri­me­ro pien­so en La Se­re­na”. Hoy, el mon­to de la cláu­su­la de sa­li­da, as­cien­de a $30 millones.

FO­TO: AGENCIAUNO

►► Mos­que­ra ce­le­bra uno de sus go­les a Colo Colo.

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