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La Tercera - - Sociedad - VIE­NE DE

“La no­ve­la es una ma­ne­ra de for­mar lec­to­res. Pe­ro pasa una cues­tión muy freak, por­que con Gon­za­lo nun­ca he­mos ido a Co­lom­bia y el li­bro es un bes­tse­ller”, di­ce en­tre ri­sas.

Se­res rea­les

Na­ci­do en Vic­to­ria, Re­gión de La Arau­ca­nía, en 1974, Fran­cis­co Or­te­ga es­cri­bió ha­ce más de una dé­ca­da un guión pa­ra una película de nom­bre Vic­to­ria, que nun­ca se fil­mó. Es de al­gu­na ma­ne­ra el ori­gen de Sa­lis­bury. La idea sur­gió cuan­do coes­cri­bió el guión de Se arrien­da (2005), de Al­ber­to Fu­guet, quien aho­ra apun­ta una fra­se pa­ra la pro­mo­ción de Sa­lis­bury: “Una in­quie­tan­te su­ma en­tre los mie­dos de Step­hen King y los mons­truos crio­llos de Jo­sé Do­no­so”.

Ca­da cier­to tiempo Or­te­ga re­gre­sa a Vic­to­ria, un te­rri­to­rio de cie­los os­cu­ros, ca­lles frías y ca­sas des­cas­ca­ra­das por la hu­me­dad. Le gus­ta ir en tren, co­mo tam­bién vi­si­tar el ce­men­te­rio. Y así co­mo el au­tor es­ta­dou­ni­den­se Step­hen King ha­ce fic­ción a par­tir de su ciu­dad na­tal, Mai­ne, Or­te­ga tra­ba­ja con su pa­sa­do y ha­ce de Vic­to­ria la re­fe­ren­cia pa­ra crear el ima­gi­na­rio de Sa­lis­bury.

¿Por qué qui­so re­cu­pe­rar es­ta no­ve­la?

El li­bro lo re­vi­sé des­de ce­ro. Lo que pasa que en 2011 yo tra­ba­ja­ba en la edi­to­rial Al­fa­gua­ra, y Mi­ke Wil­son ha­bía sa­ca­do El pú­gil (2008) en For­ja y él me hi­zo el link pa­ra pu­bli­car. Pe­ro a me­di­da que pa­sa­ba el tiempo veía que no me gus­ta­ban al­gu­nas co­sas de la no­ve­la. Co­mo la edi­to­rial era pe­que­ña, de­jé har­to ma­te­rial fue­ra, co­mo al­gu­nos ca­pí­tu­los que aho­ra re­cu­pe­ré. Bueno y el tí­tu­lo era el ori­gi­nal del li­bro. El ho­rror de Ber­koff es un tí­tu­lo que se lo pu­se a úl­ti­ma ho­ra pa­ra apro­ve­char la pa­la­bra ho­rror. Pe­ro aho­ra que­dó en Sa­lis­bury por­que el gran pro­ta­go­nis­ta es el pue­blo.

¿Hay ele­men­tos de su vi­da en la his­to­ria?

Es­ta no­ve­la es sú­per bio­grá­fi­ca. En los 80 no ha­bía ni te­le­vi­sión en el sur, por lo me­nos don­de yo vi­vía. Con mi gru­po de ami­gos nos in­ge­niá­ba­mos con lo po­co que ha­bía, his­to­rie­tas, ca­set­tes y re­vis­tas. Uno de los co­pro­ta­go­nis­tas de Sa­lis­bury so­lo es­cu­cha a Queen. Y yo cre­cí es­cu­chan­do Flash Gor­don, de Queen. La ca­sa del pro­ta­go­nis­ta es mi ca­sa, la ni­ña que me gus­ta­ba vi­vía al fren­te, igual que el per­so­na­je de Emi­lia. La ma­yo­ría de los per­so­na­jes de la no­ve­la son rea­les. Yo era com­pa­ñe­ro de cur­so del fis­cal Ser­gio Mo­ya, a car­go del ca­so Ca­val. An­tes es­tu­vo a car­go del con­flic­to ma­pu­che y apa­re­ce en el li­bro, pe­ro con otro nom­bre. Es­ta es una no­ve­la que se ha­ce car­go del pro­ble­ma ma­pu­che a tra­vés de los mi­tos y el te­rror. Es­ta ciu­dad aun­que se lla­me Sa­lis­bury es fi­nal­men­te Vic­to­ria, y me in­tere­sa que es­te li­bro sea tam­bién una guía tu­rís­ti­ca de Vic­to­ria. Quien la lea y lue­go la re­co­rra po­drá re­co­no­cer la es­ta­ción de tre­nes, sus ca­lles, la igle­sia...

¿Có­mo fue su víncu­lo con la re­li­gión?

Yo ven­go de una fa­mi­lia evan­gé­li­ca. La fa­mi­lia de mi pa­pá es ca­tó­li­ca,

[FRAN­CIS­CO OR­TE­GA]

“En es­te li­bro son más im­por­tan­te los fan­tas­mas mo­ra­les que los so­bre­na­tu­ra­les. El ver­da­de­ro te­rror acá es cre­cer y fra­ca­sar”.

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