“El cos­to de ser mú­si­co po­pu­lar es al­to, ca­si tan­to co­mo el go­ce”

► Uno de los mú­si­cos más in­quie­tos de la es­ce­na lo­cal anun­cia el pri­mer show de su gru­po en el Tea­tro Cau­po­li­cán. ► Re­pa­sa va­rios temas, ba­jo su es­ti­lo: “Sé que lo mío lle­va de­re­chi­to al es­car­nio pú­bli­co, y no soy ma­so­quis­ta”.

La Tercera - - Sociedad - Clau­dio Ver­ga­ra Por lo ge­ne­ral, pa­ra los mú­si­cos chi­le­nos to­car por pri­me­ra vez ahí mar­ca un hi­to. ¿Lo ve así? El hom­bre pue­de Ju­ven­tud Ame­ri­ca­na

Green Day. Leo Dan. Los Ti­ta­nes del Ring. En una con­ver­sa­ción que acep­ta vía mail con La Ter­ce­ra, Cris­tó­bal Bri­ce­ño, voz de Ases Fal­sos, enu­me­ra los es­pec­tácu­los que ha aplau­di­do en el Tea­tro Cau­po­li­cán, sa­ga a la que pron­to su­ma­rá un ca­pí­tu­lo pro­pio: su ban­da to­ca­rá por pri­me­ra vez en ese si­tio el vier­nes 15 de di­ciem­bre. He vi­vi­do mag­ne­ti­za­do por el Tea­tro, que co­no­cí en mi in­fan­cia co­mo Mo­nu­men­tal. Mi pri­me­ra vez fue ha­ce vein­te años con unos ju­ve­ni­les Green Day. Lue­go he vis­to des­de los Ti­ta­nes has­ta Leo Dan. Es im­por­tan­te pa­ra no­so­tros, pe­ro no co­mo sím­bo­lo de na­da.

¿Era una ne­ce­si­dad sa­lir del cir­cui­to ha­bi­tual?

Me gus­ta el cir­cui­to ha­bi­tual, ge­ne­ra arrai­go, al­go que no me so­bra. Nos gus­ta to­car to­dos los años en el Ca­rio­la, en el Are­na Re­co­le­ta, en el Ele Bar en Val­pa­raí­so. Los lu­ga­res pue­den ser los mis­mos, pe­ro el pú­bli­co, las can­cio­nes y la eje­cu­ción cam­bian. Lo del Cau­po­li­cán ha­ce ra­to se ve­nía in­si­nuan­do, tar­de o tem­prano te­nía que su­ce­der.

Ha­ce años di­jo que lo que le com­pli­ca­ba de que más gen­te co­no­cie­ra su música era lo que ha­bía que asu­mir pa­ra lo­grar eso. ¿Se sien­te así con es­te show?

Sí, el cos­to de ser mú­si­co po­pu­lar es al­to, ca­si tan­to co­mo el go­ce. Te pon­go un ejem­plo. Una de nues­tras ciu­da­des fa­vo­ri­tas pa­ra to­car es Ti­jua­na. No sé por qué pe­ro nos sen­ti­mos in­creí­ble­men­te bien ahí. Y pa­ra vol­ver a Ti­jua­na, al­guien tie­ne que cos­tear el via­je. Y ese al­guien lo ha­rá so­lo en cuan­to la ban­da sea ren­ta­ble, y pa­ra que sea ren­ta­ble de­be ser fa­mo­sa, en al­gún ni­vel. No bas­ta con que sea bue­na, sino que tie­ne que ser co­no­ci­da. Y pa­ra eso de­bes en­trar en es­te juego de lu­ces tan de­sa­gra­da­ble y da­ñino. Co­mo es­ta mis­ma en­tre­vis­ta, que doy pa­ra que tus lec­to­res se­pan de nues­tro con­cier­to en el Cau­po­li­cán. ¡Mal que mal, hay que arrear a cin­co mil cris­tia­nos!

¿Qué le pa­re­ce que es­te sal­to sea con el dis­co (2016)?

Es nues­tro ter­cer dis­co y es par­te de una obra ma­yor. Ade­más, pa­ra di­ciem­bre es­ta­re­mos más cer­ca de nues­tro pró­xi­mo dis­co que de EHP. Así que se­gu­ra­men­te el por­ve­nir im­preg­na­rá el con­cier­to.

¿Le han de­ja­do con­for­me los re­sul­ta­dos de ese ál­bum? Da la sen­sa­ción que

po­der vuelve es­tú­pi­dos a los hombres. Pa­ra mí la SCD es co­mo Chi­lec­tra, me pres­ta un ser­vi­cio que no pue­do pro­veer­me por mí mis­mo. Ellos re­co­lec­tan mis de­re­chos, que es una pe­ga bu­ro­crá­ti­ca y en­go­rro­sa, y te cor­tan la co­la. Sim­ple. No es un co­lec­ti­vo con espíritu gre­mial ni sin­di­cal, es una em­pre­sa pri­va­da bas­tan­te lu­cra­ti­va y den­tro de to­do, sú­per fun­cio­nal.

Otro de los temas con­tin­gen­tes ha si­do la de­nun­cia de vio­len­cia con­tra Tea Ti­me. ¿Qué le pa­re­ce que la gen­te ha­ya he­cho ex­ten­si­vo su re­pu­dio a Los Te­tas?

No me gus­ta ha­cer le­ña del ár­bol caí­do ni cu­chi­chear so­bre la des­gra­cia aje­na.

El pú­bli­co tie­ne una ima­gen de que las ban­das son una fa­mi­lia, que sa­ben to­do de la vi­da del otro. ¿Es una ima­gen equi­vo­ca­da?

con los con­cep­tos glo­ba­les ni con los gran­des sis­te­mas de ideas, de los que des­con­fío. Soy más bien ele­men­tal y ru­di­men­ta­rio.

Tras el año pa­sa­do, cuan­do su opi­nión ge­ne­ró mu­cho de­ba­te, ¿se cui­da más de lo que di­ce?

En pri­mer lu­gar, nun­ca he ha­bla­do so­bre fe­mi­nis­mo. No es mi tema, y le ten­go mu­cho res­pe­to. Ja­más me oi­rás ha­blan­do de fe­mi­na­zis ni mi­ni­mi­zan­do los pro­ble­mas que de­ben sobrellevar las mujeres por ser mujeres. Sí se pu­bli­ca­ron, bien o mal edi­ta­das, al­gu­nas opi­nio­nes mías res­pec­to a lo fe­me­nino y lo mas­cu­lino. Re­co­noz­co que hay mu­chas co­sas del dis­cur­so pro­gre­sis­ta ofi­cial con las que di­sien­to. Hue­lo que ese dis­cur­so va de­trás del mis­mo viejo hue­so po­dri­do, el po­der. Y creo que en ese sen­ti­do la mu­jer se es­tá pa­re­cien­do pe­li­gro­sa­men­te al hom­bre, sien­do el hom­bre el mo­de­lo del desas­tre ab­so­lu­to. Es­ta­mos ni­ve­lan­do pa­ra aba­jo. No es la mu­jer la que se tie­ne que in­te­grar a la so­cie­dad. Es la so­cie­dad la que de­be des­man­te­lar­se. Y la sa­na­ción, si la hay, se­rá len­ta. Nues­tro sis­te­ma de vi­da ha tar­da­do seis mil años en desa­rro­llar­se. No es­pe­ro que el desar­me sea mu­cho más rá­pi­do.

¿Sien­te que fue víc­ti­ma de lo que se ha lla­ma­do “la dic­ta­du­ra de lo po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to”?

Es can­sa­dor, pe­ro qué chu­cha. Hay ni­ñas y ni­ños le­yen­do, y hay que en­se­ñar­les a ser va­lien­te con el ejem­plo. Y pa­ra mí, va­lien­te no es quien di­ce lo que pien­sa, sino quien pien­sa lo que di­ce. Pe­ro que lo pien­sa de ver­dad. Igual sé que lo mío lle­va de­re­chi­to al es­car­nio pú­bli­co, y no soy ma­so­quis­ta. Doy sú­per po­cas en­tre­vis­tas y só­lo cuan­do le son úti­les a la ban­da, co­mo aho­ra que vie­ne un Cau­po­li­cán.

¿Vio lo del “Bus de la li­ber­tad”?

Me im­por­ta una so­be­ra­na ra­ja. Pe­ro si tu­vie­ra que opi­nar, di­ría que me pa­re­ce bien que se dé su vuel­ti­ta. Es co­mo el cuen­to del tra­je nue­vo del em­pe­ra­dor, la gen­te que apo­ya y fi­nan­cia ese bus se mues­tra an­te la ga­lla­da tal cual es, en pe­lo­ta. ¡Que ha­gan el lo­co si quie­ren! Ata­cán­do­los les dan en el gus­to, les dan fuer­za, en cam­bio, la in­di­fe­ren­cia los de­bi­li­ta­ría. En fin, el afán de que to­dos pen­se­mos igual es em­po­bre­ce­dor.b

CRIS­TÓ­BAL BRI­CE­ÑO ES FO­TO: PRO­MO­CIO­NAL

►► Ases Fal­sos de­bu­ta­rá en el Cau­po­li­cán.

el cuarto, de iz­quier­da a de­re­cha.

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