Las en­tra­das pa­ra el re­ci­tal

La Tercera - - Sociedad -

que Ases Fal­sos da­rá el 15 de di­ciem­bre en el Cau­po­li­cán -y que tam­bién anun­cia­ban en su pre­sen­ta­ción de ano­che en el Ca­rio­la- se pue­den ad­qui­rir des­de hoy a tra­vés de Tic­ke­tek y To­ma­tic­ket, y sin re­car­gos en tien­das The Kni­fe y Ti­fos­si. La en­tra­da ge­ne­ral en pre­ven­ta cues­ta $7.000. Los pal­cos tie­nen el mis­mo pre­cio, pe­ro so­la­men­te po­drán com­pra y es­ta­rá ha­bi­li­ta­do pa­ra per­so­nas que asis­tan con ni­ños de has­ta 10 años.

(2012) si­gue sien­do inigua­la­ble en la his­to­ria del gru­po.

Mi­ra, un dis­co no es una ope­ra­ción de la cual se ex­traen re­sul­ta­dos y res­pues­tas. Pe­ro en­tien­do lo que quie­res de­cir. Yo es­cu­cho mu­chos dis­cos, ten­go una lin­da co­lec­ción de CD’s, y la ma­yo­ría de ellos fue­ron gra­ba­dos ha­ce más de trein­ta años. No pue­do pre­ten­der que, por una mez­quin­dad per­so­nal, nues­tros dis­cos sean apre­cia­dos al ins­tan­te por la gran ma­sa. De­je­mos que ma­ce­ren.

¿Le me­re­ce al­gu­na opi­nión lo su­ce­di­do en la SCD con Sca­ra­me­lli?

No he se­gui­do el ca­so con atención. Sin­ce­ra­men­te, me da lo mis­mo. El No es co­mo cual­quier tra­ba­jo, tie­ne sus pe­cu­lia­ri­da­des. Tie­ne que ver con lo que te de­cía de la SCD, que tra­ta de pro­mo­ver una co­sa sin­di­cal, co­mo si fué­ra­mos tra­ba­ja­do­res nor­ma­les, cuan­do no lo so­mos. Di­go, me en­can­ta­ría ho­mo­lo­gar­me con un al­ba­ñil, pe­ro sé que no es po­si­ble. Por­que in­ten­ta­mos servir a la Música, cu­yo reino no es de es­te mun­do. El maes­tro cons­truc­tor, por ar­tís­ti­co que pue­da ser, ba­sa su tra­ba­jo en es­te mun­do tan­gi­ble. No­so­tros no. Ade­más, so­mos erran­tes y va­ga­bun­dos, lo que nos ale­ja del ca­rác­ter co­lec­ti­vo del obre­ro. Ca­da mú­si­co se mue­ve con su clan nómada, que se­ría la ban­da. Pe­ro es ver­dad que en el gru­po, más que ami­gos, so­mos com­pa­ñe­ros, gen­te que com­par­te el pan. En nues­tro ca­so es así, no so­mos de fre­cuen­tar­nos por mo­ti­vos ex­tra­mu­si­ca­les.

Cuan­do un ar­tis­ta cae en es­tas si­tua­cio­nes, ¿su obra se mancha?

Creo que la obra, cuan­do es verdadera, siempre ha­bla­rá de la vi­da pri­va­da de su au­tor. Y el que no lo ve es que no se ha fijado bien. Pa­ra mí, obra y vi­da son in­di­so­lu­bles. Y en es­ta épo­ca de tan­to bla­blá, cae de ca­jón la vie­ja en­se­ñan­za “por sus fru­tos los co­no­ce­réis”.

¿Ha vuel­to a re­fle­xio­nar so­bre fe­mi­nis­mo, mar­chas, ma­triar­ca­do?

Ja­ja­ja… có­mo quie­res sa­car­me la cu­ña, ¿ah? Bueno, siempre es­toy ru­mian­do al­go. Pe­ro no soy tan bueno

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