Te­ja­do de vi­drio

La Tercera - - Opinión - An­drés Benítez In­ge­nie­ro comercial

NO SÉ qué mo­les­ta más. La apa­tía de Enel o la fo­to de La­vín en el Ho­tel Ritz don­de alo­jó a al­gu­nas fa­mi­lias afec­ta­das por el cor­te de luz. Que la em­pre­sa eléc­tri­ca no es­tu­vo a la al­tu­ra, es un he­cho de la cau­sa. Lo re­co­no­cen ellos mis­mos. Pe­ro, que hay mu­cho apro­ve­cha­mien­to po­lí­ti­co de to­do es­to, tam­bién es cier­to.

Enel tie­ne ra­zón al de­cir que nin­gu­na em­pre­sa pue­de es­tar pre­pa­ra­da pa­ra un even­to que su­ce­de ca­da 50 años. Pe­dir­le aque­llo se­ría irra­cio­nal. Pe­ro tam­bién es cla­ro que el tiem­po de reac­ción su­peró to­dos los lí­mi­tes. Pa­ra qué ha­blar de su nu­la es­tra­te­gia de con­ten­ción de la si­tua­ción. Por­que la ne­va­zón es­ta­ba sú­per anun­cia­da. Se di­ce que los da­ños que pro­vo­ca­ron la caí­da de ár­bo­les fue­ron su­pe­rio­res a los del te­rre­mo­to del 2010, pe­ro la di­fe­ren­cia es fun­da­men­tal: ese fue un even­to ines­pe­ra­do. El de aho­ra, por el con­tra­rio, era es­pe­ra­do, por lo que hu­bo tiem­po pa­ra pre­pa­rar­se me­jor. No hay ex­cu­sas pa­ra ello. Y Enel pa­ga­rá la cuen­ta de aque­llo, en tér­mi­nos de ima­gen y even­tua­les mul­tas y de­man­das.

Pe­ro di­cho lo an­te­rior, el te­ma de la luz no da pa­ra sa­car mu­chas con­clu­sio­nes más. Aquí lo que es­tá en cues­tión es la ca­pa­ci­dad de una em­pre­sa pa­ra en­fren­tar cri­sis, que es im­por­tan­te, pe­ro na­da más. Y ha­brá que pro­ce­der al res­pec­to. Por eso, es­tá bien la in­dig­na­ción, pe­ro to­do de­be te­ner una pro­por­ción.

En el ca­so del go­bierno es­to es cla­ro. Di­cen que to­da em­pre­sa que en­tre­ga ser­vi­cios bá­si­cos de­be ac­tuar con res­pon­sa­bi­li­dad. Y tie­nen ra­zón. Pe­ro la co­sa es que esa es una va­ra que pa­re­ce que no co­rre pa­ra ellos. Por ejem­plo, esta mis­ma se­ma­na se in­for­mó que la lis­ta de es­pe­ra en los hos­pi­ta­les, por pri­me­ra vez, se acer­ca a los dos mi­llo­nes de ca­sos. Y naEL die di­ce na­da.

¿Qué es peor? ¿Es­tar una se­ma­na sin luz, o es­pe­rar 400 días pa­ra una ope­ra­ción? La com­pa­ra­ción no pre­ten­de jus­ti­fi­car a Enel, pe­ro di­ga­mos las co­sas co­mo son: si nos que­re­mos po­ner exi­gen­tes, sea­mos con­se­cuen­tes. El go­bierno tie­ne mu­cho te­ja­do de vi­drio pa­ra an­dar ti­ran­do pie­dras a gra­nel.

Tam­bién re­sul­ta cu­rio­so, por de­cir lo me­nos, que al­gu­nos te­mas es­ca­len a ni­vel de es­cán­da­lo pú­bli­co y otros no. Por­que, en el ca­so de la sa­lud, na­die di­ce na­da. Y lo peor es que, a di­fe­ren­cia de la luz, que es un te­ma que ha­ce cri­sis po­cas ve­ces, el de la sa­lud es per­ma­nen­te. Siem­pre es así. Es co­mo si siem­pre dos mi­llo­nes de per­so­nas es­tu­vie­ran por más de un año sin luz. Y nun­ca se ha vis­to a un al­cal­de lle­var a los en­fer­mos a una clí­ni­ca pri­va­da pa­ra so­lu­cio­nar el pro­ble­ma.

Al­gu­nos di­cen que hay una di­fe­ren­cia fun­da­men­tal. Que a las em­pre­sas pri­va­das se les pa­ga por en­tre­gar el ser­vi­cio, mien­tras el Es­ta­do no co­bra o sub­si­dia, por ejem­plo, la sa­lud o la edu­ca­ción. Bueno, ese es otro error. Al Es­ta­do le pa­gan to­dos los chi­le­nos me­dian­te im­pues­tos ca­da vez ma­yo­res. Na­da es gra­tis. Ni si­quie­ra la tan de­ba­ti­da gra­tui­dad uni­ver­si­ta­ria. Por al­go se subie­ron lo im­pues­tos pa­ra fi­nan­ciar­la. Vis­to de esta ma­ne­ra, las exi­gen­cias de­ben ser las mis­mas pa­ra to­dos. En­ton­ces, sea­mos du­ros con Enel, pe­ro tam­bién con to­dos aque­llos que pres­tan ser­vi­cios, sean los pri­va­dos o el Es­ta­do. Y vea­mos de pa­so quién es­tá más al de­be en to­do es­to.

Sea­mos du­ros con Enel, pe­ro tam­bién con to­dos los que pres­tan ser­vi­cios, sean pri­va­dos o el Es­ta­do. Y vea­mos quién es­tá más al de­be.

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