EL TAN­QUE Y PINIGOL

La Tercera - - DEPORTES - Por Leo­nar­do Vé­liz

dio o el azar.

Se ha trans­for­ma­do en una ne­ce­si­dad por la má­qui­na me­diá­ti­ca-eco­nó­mi­ca. Exis­ten go­lea­do­res pa­ra to­dos los gus­tos. Y aquí sur­gen los de proa de­li­ca­da co­mo un ve­le­ro o los de un rom­pehie­los. Los que do­mi­nan am­bas pier­nas y a los que ape­nas les al­can­za la dies­tra o si­nies­tra. O só­lo la tes­ta.

Sin em­bar­go, hay con­fu­sión en el pa­la­dar de los hin­chas. Les da igual un vul­gar pun­te­te que una pe­lo­ta cur­va anidán­do­se don­de no lle­gan los tem­blo­res.

Con mu­cha pom­pa arri­ban a Chi­le dos go­lea­do­res, uno lla­ma­do Tan­que Sil­va y otro apo­da­do Pinigol. El pri­me­ro en los es­ter­to­res de su ca­rre­ra con pól­vo­ra mo­ja­da y el se­gun­do que nun­ca ha le­van­ta­do en un club una co­pa de cam­peón.

Am­bos do­mi­nan el jue­go aé­reo pe­ro ol­vi­dan que al ba­lón le ape­te­ce el olor a hier­ba. Los dos son fuer­tes, pe­ro no da­ñan con ha­bi­li­dad. Fin­tas y ama­gues son su de­bi­li­dad. Les aco­mo­da la lu­cha cuer­po a cuer­po co­mo en Dun­ker­que y ame­na­zan só­lo por los cie­los co­mo lo ha­ce Kim Jong- un.

En afán de ge­ne­rar más ga­nan­cias, nos he­mos ati­bo­rra­do de fut­bo­lis­tas an­ta­go­nis­tas a la diversión. Si és­ta es la ma­yor en­tre­ten­ción del mun­do, no la con­vir­ta­mos en una sies­ta. No hay na­da más da­ñino pa­ra la sa­lud del fút­bol que ju­ga­do­res des­pro­vis­tos de ca­li­dad.

No nos sa­tu­re­mos de tron­cos que per­tur­ban la be­lle­za del ba­lom­pié. Que vuel­va su ma­jes­tad la téc­ni­ca y las ca­ri­cias al ba­lón. Allí tam­bién hay in­ten­si­dad.

¿Es mu­cho pe­dir o so­ñar? Sí, es un sue­ño as­pi­ra­cio­nal. Y si es por dor­mir, que sea por la ca­li­dad del sue­ño.

Ex fut­bo­lis­ta y en­tre­na­dor

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