¿POR QUÉ LAVÍN QUIE­RE TER­MI­NAR CON LA PRÁC­TI­CA DEL RODEO? PA­RA AGRADAR A LAS IZ­QUIER­DAS DE TO­DO TI­PO Y ASÍ AM­PLIAR SU BA­SE ELEC­TO­RAL.

La Tercera - - TEMAS DE HOY -

El al­cal­de Lavín quie­re ter­mi­nar con la prác­ti­ca del rodeo pa­ra Fies­tas Pa­trias, por­que no obs­tan­te ser un de­por­te tra­di­cio­nal con mu­chos se­gui­do­res y un em­ble­ma de la chi­le­ni­dad, no to­dos es­tán de acuer­do, en par­ti­cu­lar las ge­ne­ra­cio­nes jó­ve­nes, que nos en­se­ñan que las co­sas que se ha­cían de una cier­ta ma­ne­ra, aho­ra ya no se pue­den ha­cer así. Ade­más, es­tá el mal­tra­to ani­mal. En­ton­ces, el rodeo ya no nos une.

Un ar­gu­men­to “ba­che­le­tis­ta alian­cis­ta” de en­tre­guis­mo po­lí­ti­co, por­que bas­ta­ría que una mi­no­ría se opon­ga a al­go pa­ra que no se pue­da ha­cer, pues ya no se­ría fac­tor de unión. Lo del mal­tra­to ani­mal es un pre­tex­to, cuan­do el rodeo no ha­ce más que imi­tar la ac­ti­vi­dad de re­unir el ga­na­do en los cam­pos. Se po­drá prohi­bir el rodeo, pe­ro nun­ca el arreo de las va­cas y ata­jar a las que tra­tan de es­ca­par.

Aun­que el in­te­rés por ese de­por­te no sea ma­yo­ri­ta­rio, se­ría dis­cu­ti­ble que se ex­clu­ye­re de las ce­le­bra­cio­nes de Fies­tas Pa­trias y adop­ta­re otro más po­pu­lar, co­mo el fút­bol, que co­pa el res­to del año, por la tra­di­ción que evo­ca. Las va­ria­das crí­ti­cas –al­gu­nas bas­tan­te ines­pe­ra­das- que pro­vo­có el de­sig­nio edi­li­cio, mues­tran que la ex­clu­sión no la pi­dió la co­mu­ni­dad, sino que fue el al­cal­de quien de­ci­dió ex­cluir­lo y obli­gar a la gen­te a que no ce­le­bre así, por­que se­gún él a los “jó­ve­nes” no les gus­ta. Pues los úni­cos que se lo pi­die­ron fue­ron los ani­ma­lis­tas. ¿Y por qué hi­zo eso? Pa­ra agradar a las iz­quier­das de to­do ti­po y am­pliar su ba­se elec­to­ral, pen­san­do -por qué no- en la pre­si­den­cial de 2021. To­tal, el vo­to de la cen­tro­de­re­cha no im­por­ta, es cues­tión de ma­nio­brar bien pa­ra que no ten­gan otra al­ter­na­ti­va que vo­tar por él, co­mo hi­zo en la re­cien­te elec­ción mu­ni­ci­pal en Las Con­des, a la que lle­gó por la ven­ta­na y sin com­pe­tir con na­die.

Y al con­tra­rio de lo que di­jo, el caso del rodeo sí se tra­ta de una cues­tión ideo­ló­gi­ca, de iz­quier­da y de­re­cha. No es que los cul­to­res del rodeo sean más bien de de­re­cha, que po­drán ser­lo, sino de la ló­gi­ca con que se en­fo­ca el pro­ble­ma: a la gen­te de la de­re­cha le im­por­ta que las prohi­bi­cio­nes sean las mí­ni­mas in­dis­pen­sa­bles, co­mo por ejem­plo no to­car la vi­da del ni­ño que es­tá por na­cer, y que en el res­to ha­ya li­ber­tad. Da­do que el rodeo no es ile­gí­ti­mo, no se pue­de prohi­bir: que aquel que quie­ra va­ya a ver­lo y al que no le gus­ta, que no va­ya. Es la iz­quier­da la que siem­pre bus­ca im­po­ner su vi­sión a los de­más: son los cam­peo­nes de las prohi­bi­cio­nes. Si a ellos no les pa­re­ce al­go, sim­ple­men­te no se pue­de ha­cer, pa­ra lo cual son há­bi­les en las con­sig­nas y má­xi­mas que nie­gan la li­ber­tad de ha­cer.

Sea o no de su gus­to el rodeo, to­me no­ta de có­mo ac­túan los po­lí­ti­cos por los cua­les vo­ta. Exi­ja que lo re­pre­sen­ten y que una vez elec­tos no ejer­zan sus fun­cio­nes pa­ra con­gra­ciar­se con otros que no vo­ta­ron por ellos, por­que así les con­vie­ne. Pa­ra la pró­xi­ma, preocú­pe­se que los candidatos se eli­jan me­dian­te com­pe­ten­cia efec­ti­va y que su vo­to cuen­te.

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