EL DRA­MA de Usain Bolt

Ja­mai­ca se hun­de has­ta la de­ci­mo­cuar­ta po­si­ción en la ta­bla de me­da­llas.

La Tercera - - DEPORTES -

Bolt ha de­ja­do de ser fia­ble. Una de las ma­yo­res ca­rac­te­rís­ti­cas del ve­lo­cis­ta ja­mai­cano fue siem­pre su ex­tra­or­di­na­ria ca­pa­ci­dad pa­ra no fa­llar ja­más en las gran­des ci­tas. El de Tre­lawny siem­pre ren­día al má­xi­mo en los cam­peo­na­tos y co­ro­na­ba sus ha­za­ñas con gran­des ex­hi­bi­cio­nes en las prue­bas de re­le­vos lle­van­do a Ja­mai­ca a lo más al­to del po­dio. Pe­ro Londres ha ter­mi­na­do con su fia­bi­li­dad.

No re­cuer­do ha­ber visto a Bolt le­sio­nar­se co­mo ayer. Fue la tí­pi­ca le­sión de los ve­lo­cis­tas, la ro­tu­ra del bí­ceps fe­mo­ral, el múscu­lo más tierno de los hom­bres rá­pi­dos, el de la par­te tra­se­ra del mus­lo, siem­pre más dé­bil que el po­ten­te cuá­dri­ceps de la ca­ra an­te­rior del mus­lo. Pe­ro a Usain nun­ca le ha­bía pa­sa­do.

La ima­gen fue tre­men­da. Bolt re­co­gió el tes­ti­go en la cur­va y se lan­zó a por sus ri­va­les. Es­ta­dos Uni­dos y Gran Bre­ta­ña iban por de­lan­te. La si­tua­ción re­cla­ma­ba el má­xi­mo es­fuer­zo, ha­bía que co­rrer la rec­ta al cien­to por cien­to. Lo in­ten­tó, se exi­gió más aún, re­cla­mó aún más ve­lo­ci­dad de sus fi­bras mus­cu­la­res … y las rom­pió. Bolt, co­jeó, sal­tó por los ai­res y con él la me­da­lla de Ja­mai­ca, tan ne­ce­si­ta­da co­mo es­tá de tro­feos en es­tos Mun­dia­les

IGNACIO ROMO

ANA­LIS­TA EX­PER­TO EN ATLE­TIS­MO Y MÉ­DI­CO

en los que sus ve­lo­cis­tas pa­re­cen con­ge­la­dos.

Ja­mai­ca ha ofre­ci­do una ima­gen muy po­bre en es­tos Mun­dia­les. Fren­te al arro­lla­dor ren­di­mien­to de la se­lec­ción es­ta­dou­ni­den­se, el equi­po ca­ri­be­ño pa­re­ce ha­ber lle­ga­do al año postolím­pi­co sin ga­so­li­na. Sus ve­lo­cis­tas es­tán le­jos de sus me­jo­res mo­men­tos y el ba­jo ren­di­mien­to de Bolt no de­ja de ser una me­tá­fo­ra de la de­bi­li­dad ja­mai­ca­na en la pre­sen­te tem­po­ra­da.

Mo­men­to de re­fle­xión aho­ra pa­ra Bolt. Es la ho­ra de re­plan­tear­se to­do. To­do in­di­ca que no va a re­ti­rar­se del atle­tis­mo de es­ta for­ma. Vol­ve­rá a co­rrer y de­be­rá des­pe­dir­se de las pis­tas ofre­cien­do otra ima­gen. Pien­so que ha su­fri­do una gran cu­ra de hu­mil­dad en Londres. No ha lle­ga­do a los Mun­dia­les bien pre­pa­ra­do y si su es­pal­da (ca­da año más las­ti­ma­da) le da una bue­na tre­gua vol­ve­re­mos a ver­le el pró­xi­mo año en el cir­cui­to mun­dial. El atle­tis­mo to­da­vía le ne­ce­si­ta por­que no ha en­con­tra­do su su­ce­sor en Londres. Son es­tos los Mun­dia­les en los que los fa­vo­ri­tos nun­ca ga­nan. Ca­yó van Nie­kerk, ca­yó Fa­rah. Y ayer Bolt vi­vió su ma­yor dra­ma. Lo di­jo ha­ce tres dé­ca­das el gran de­catle­ta, Da­ley Thom­pson: “El atle­tis­mo pue­de ser cruel”.

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