“Ade­más de es­cri­tor de can­cio­nes soy un ciu­da­dano apren­dien­do a en­ve­je­cer”

An­tes de su re­gre­so a Chi­le, el es­pa­ñol de­ta­lla su pre­sen­te y des­acre­di­ta el mi­to en torno a su fi­gu­ra. “Aho­ra ten­go un es­tu­pen­do bar en ca­sa”, cuen­ta.

La Tercera - - SOCIEDAD - An­drés del Real Lo nie­go to­do

Ni el Án­gel con Alas Ne­gras, ni el Rey de los Su­bur­bios, ni el Dy­lan Es­pa­ñol. Tam­po­co el Pro­fe­ta del Vi­cio, co­mo lo bau­ti­zó la pren­sa chi­le­na en una de sus vi­si­tas. En Lo nie­go to­do, la can­ción que le da el tí­tu­lo a su de­ci­mo­sép­ti­mo dis­co, Joa­quín Sa­bi­na (68) rehu­ye de su pro­pia le­yen­da enu­me­ran­do to­dos los apo­dos que le han col­ga­do en sus más de cua­ren­ta años de ca­rre­ra ar­tís­ti­ca, in­clu­yen­do el que más de­tes­ta: “el Ju­glar del As­fal­to, ese me pa­re­ce abo­mi­na­ble, una cur­si­la­da tre­men­da”, di­ce rien­do al otro la­do del te­lé­fono, con su voz gas­ta­da por dé­ca­das de bohe­mia, ni­co­ti­na y to­do ese ima­gi­na­rio de ta­ber­na que el can­tau­tor es­pa­ñol in­ten­ta des­mi­ti­fi­car -no sin cier­to sar­cas­mo- en su úl­ti­mo LP.

Es con ese ál­bum, el pri­me­ro que lan­za en ocho años, que Sa­bi­na re­gre­sa­rá a San­tia­go con dos con­cier­tos con­se­cu­ti­vos en el Mo­vis­tar Are­na, el 24 y 25 de oc­tu­bre. Un hi­to que da cuen­ta de la for­ta­le­ci­da re­la­ción en­tre el au­tor de Prin­ce­sa y el pú­bli­co lo­cal, que na­ció con el de­but del pri­me­ro en el Fes­ti­val de Vi­ña de 1993. “En Chi­le em­pe­cé más tar­de, pe­ro ca­da vez que vuel­vo no­to que se ha ido su­man­do gen­te, que las can­cio­nes han em­pe­za­do a for­mar par­te de la me­mo­ria sen­ti­men­tal de un par de ge­ne­ra­cio­nes”, co­men­ta.

Aquí fue tam­bién don­de se le bau­ti­zó co­mo Pro­fe­ta del Vi­cio, par­te de la mi­to­lo­gía de la que se bur­la en su dis­co. ¿De dón­de sur­ge esa idea?

Cuan­do vi ese ti­tu­lar pen­sé: “Me so­bre­va­lo­ran” (ríe). Lo que ocu­rre es que to­do eso, con los años, se fue con­vir­tien­do en una ca­ri­ca­tu­ra, una bas­tan­te ri­dí­cu­la. Y yo, que nun­ca he si­do mi­tó­mano ni me he con­si­de­ra­do na­da pa­re­ci­do a un mi­to ni a nin­gún ti­po de co­sa le­gen­da­ria, creo que pa­ra bur­lar­se del mun­do del mo­do en que a mí me gus­ta hay que em­pe­zar bur­lán­do­se de uno mis­mo. Así pen­sé es­te dis­co, a par­tir de la idea de mi­rar­se al es­pe­jo y sa­car­se la len­gua.

¿Su ru­ti­na ac­tual dis­ta mu­cho de esa ima­gen que se ha cons­trui­do en torno a su fi­gu­ra?

Bueno, ade­más de es­cri­tor de can­cio­nes y ver­sos soy un ciu­da­dano que es­tá apren­dien­do al­go que era muy di­fí­cil pa­ra la gen­te de mi ge­ne­ra­ción: en­ve­je­cer. Re­cuer­do muy bien cuan­do te­nía 20 y pen­sa­ba que a par­tir de los 40 la gen­te no te­nía ver­güen­za y per­día to­do. Pe­ro mi ge­ne­ra­ción, que es un po­co más jo­ven que la de Dy­lan y los Ro­lling Sto­nes, es la pri­me­ra del rock y el pop que ha con­se­gui­do en­ve­je­cer con cier­ta dig­ni­dad. Aun­que yo he di­cho que quie­ro en­ve­je­cer sin dig­ni­dad.

¿Su vi­da hoy es más re­po­sa­da? En re­co­no­ce

Si­gue sien­do noc­tám­bu­la pe­ro es me­nos ca­lle­je­ra, aun­que no ten­go mu­cha cul­pa en eso. Yo es­cri­bía ver­sos en los ba­res, me gus­ta­ba mu­cho es­tar ro­dea­do de gen­te sin que me co­no­cie­ran, pe­ro ya no pue­do es­tar a las 3 de la ma­ña­na en un bar sin que se pro­duz­ca una es­pe­cie de co­sa ra­ra que no es lo que bus­co. La gen­te es muy ca­ri­ño­sa pe­ro a ve­ces muy pe­sa­da tam­bién. En­ton­ces aho­ra ten­go un es­tu­pen­do bar en mi ca­sa al que vie­nen mis ami­gos.

¿Le pi­den mu­chos sa­lu­dos y sel­fies?

Me pa­re­ce que to­do es­to de las nue­vas tec­no­lo­gías y las re­des so­cia­les se han con­ver­ti­do en al­go que in­co­mu­ni­ca a la gen­te. He visto en los res­tau­ran­tes a pa­re­jas que en lu­gar de ha­blar es­tán los dos re­vi­san­do su te­lé­fono mó­vil. Yo no ten­go mó­vil ni in­ter­net ni re­des so­cia­les, soy muy cha­pa­do a la an­ti­gua en ese sen­ti­do. Me gus­ta ha­blar y abra­zar, me sien­to en otro pla­ne­ta que no tie­ne na­da que ver con las nue­vas tec­no­lo­gías. Su­pon­go que me pier­do al­go, pe­ro quie­ro creer que es más lo que gano.

Es un mun­do don­de pa­re­ce do­mi­nar la co­rrec­ción política. ¿Se sien­te ajeno a ese ti­po de dis­cur­so tam­bién?

A mí eso me pa­re­ce abo­mi­na­ble, ya no se pue­den ha­cer bro­mas so­bre na­da. No só­lo se ha per­di­do la li­ber­tad de pren­sa sino tam­bién el hu­mor, por cul­pa de es­tos idio­tas que no tie­nen nin­gu­na gra­cia y só­lo se de­di­can a odiar y vo­mi­tar en las re­des so­cia­les. Me ale­gro mu­cho de es­tar tan le­jos de to­do eso.

► Joa­quín Sa­bi­na lan­zó Lo nie­go to­do en mar­zo pa­sa­do.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Chile

© PressReader. All rights reserved.