SA­LU­DOS A MARÍAJUANA

La Tribuna (Los Angeles, Chile) - - OPINIÓN -

Se­ñor Di­rec­tor: Te­ma ta­bú la bi­cha en trá­mi­te le­gis­la­ti­vo, el cuco o el vie­jo del sa­co son po­ca co­sa al la­do del sus­to que da esa hier­bi­ta de Dios. Pe­ro, con­si­de­re que a lo me­nos es un ser vi­vo, na­tu­ral co­mo la uva; más hay que te­mer­le a esas pil­do­ri­tas psi­co­tró­pi­cas re­ce­ta­das ca­si co­mo pan, las que además de ser legales, tam­bién son le­ta­les; y más que ser po­de­ro­sas sobre la psi­que hu­ma­na, son de pre­fe­ren­cia ador­me­ce­do­ras, has­ta ha­cer que co­rra la ba­ba des­de la bo­ca al pi­so. Aquí tam­bién sur­ge otra di­fe­ren­cia, las ho­ji- tas de Maríajuana, cuan­do se fu­man al es­ti­lo de nues­tros an­te­pa­sa­dos, sur­ten un efec­to de per­cep­ción que ha­ce des­cu­brir ma­ra­vi­llas en don­de an­tes no se re­co­no­cían; es de­cir, en ge­ne­ral pro­du­ce un au­men­to de la per­cep­ción, no ba­bas. El gran pro­ble­ma es que los ne­go­cios legales aún no han po­di­do echar­le el guan­te; es­to has­ta aquí, aho­ra los go­bier­nos ya la so­me­tie­ron al im­pe­rio de la ley y el or­den, se la tie­nen que qui­tar a la clan­des­ti­ni­dad, es­tá en la mis­ma ru­ta que el vino y otros lí­qui­dos es­pi­ri­tuo­sos y enal­te­ce­do­res de las emo­cio­nes. Aho­ra ca­da uno sa­ca­rá sus cuen­tas, oja­lá con ho­nes­ti­dad, sin obs­ti­na­ción y con su­fi­cien­te ex­pe­rien­cia, o sea, quien quie­ra opi­nar de vi­nos, tie­ne que be­ber­los. Lo mis­mo con res­pec­to a an­dar que­rien­do prohi­bir a la Ma­ría­jua­ni­ta sin an­tes pro­bar tran­qui­la­men­te sus efec­tos; un ejem­plo es que las le­yes del vino se hi­cie­ron con co­no­ci­mien­to de cau­sa. El ver­da­de­ro sus­to que pro­du­ce la Maríajuana es que en­tre­tie­ne a las per­so­nas y aquie­ta el de­seo de con­su­mir ba­na­li­da­des y cha­ta­rras; ese es su cri­men más gra­ve. Mí­ni­ma­men­te de­cen­te, me pa­re­ce a mí, es que pa­ra le­gis­lar hay que te­ner un gra­do de ex­pe­rien­cia no me­nor. Pro­pon­go tu­te­lar a la Ma­ría Jua­na con los mis­mos cri­te­rios que pa­ra el al­cohol: Na­die ma­ne­ja ba­jo los efec­tos de Maríajuana, Ma­ri-test, etc.

Siem­pre se pue­de ta­par el sol con una mano, pe­ro no por mu­cho tiem­po, pues can­sa y el res­to del cuer­po se achi­cha­rra igual. Ju­ve­nal Al­cán­ta­ra Enó­lo­go afi­cio­na­do

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